
Sometida a intolerable presión imperialista – Cuba avanza a la restauración capitalista
Enfrentada a la presión intolerable del imperialismo ianqui, la Asamblea Nacional cubana adoptó el 18 de junio en sesión extraordinaria, una serie de propuestas económicas que, de aplicarse, llevarían directamente a la restauración del capitalismo.
El viernes 12 de junio en rueda de prensa matutina el presidente Díaz-Canel anunció amplias reformas económicas. El miércoles 17 se reunió el pleno del CC del PCC y con celeridad inaudita, al día siguiente la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobaba nada menos que 176 medidas que tomadas en su conjunto cuando se pongan en práctica suponen el fin de la economía planificada y la restauración del capitalismo.
No hay ninguna otra manera de analizar las decisiones tomadas. No se trata de algunas reformas, ni de una apertura parcial al mercado. estamos hablando ni más ni menos que de la restauración completa de una economía capitalista de mercado en Cuba. Un salto cualitativo, no solo cuantitativo. Y eso va a tener consecuencias muy graves e históricas.
Empecemos por describir las medidas aprobadas:
– el fin de la planificación estatal de la economía y la adjudicación de recursos por parte de estado y su sustitución por «señales de política para todos los actores económicos» (públicos y privados) y la primacía de «las señales del mercado»
– el fin del monopolio del comercio exterior
– «Transformar la empresa estatal socialista a sociedad mercantil por acciones o participaciones» y permitir que el capital privado, nacional y extranjero compre sus acciones
– Las empresas estatales tendrán total autonomía para decidir su política de inversiones, sus sectores de actividad, los salarios de sus trabajadores, la venta de sus activos al sector privado, fijarán sus precios de acuerdo a los costos y las que no rindan beneficios serán liquidadas
– La creación de un sector bancario y financiero privado
– La ampliación sin límite de los sectores abiertos a la inversión privada, nacional y extranjera
– El usufructo indefinido de la tierra a actores privados
– Eliminación de los subsidios universales que serán reemplazados por atencion específica a personas vulnerables
– Flexibilización del despido y establecimiento de un subsidio de desempleo de entre 3 y 6 meses de duración
– «Realizar devaluaciones sucesivas de la moneda nacional para reducir las diferencias de tipo de cambio. Las empresas que no soporten la devaluación serán liquidadas.»
– Permitir a las empresas privadas contratar más de 100 trabajadores
– «Permitir que los negocios inmobiliarios puedan realizar operaciones de compraventa de unidades residenciales.»
– «Permitir que la inversión extranjera disponga de sus ingresos en divisas, opere con flexibilidad en un entorno de dolarización parcial de la economía y permita su acceso al mercado cambiario.»
– «Permitir la aplicación de todas las modalidades de negocios, en los cayos, zonas patrimoniales de la Habana Vieja y Trinidad»
– «Permitir el desarrollo inmobiliario en todas las zonas turísticas del país»
– «Invitar a franquicias de alimentos ligeros a invertir en el país.»
Estas son solo algunas de las propuestas aprobadas, que incluyen además otros aspectos graves. He incluído en la lista solamente las que me parecen más significativas.
Independientemente de la voluntad y las palabras de los que tomaron estas decisiones, en la práctica de lo que estamos hablando es de la restauración del capitalismo en Cuba. A la abolición de la planificación económica se suma la conversión de las empresas estatales en empresas por acciones, su sujeción a las reglas del mercado capitalista y además la abolición del monopolio del comercio exterior que ejercía como barrera (parcial y muy debilitada, pero barrera al fin y al cabo) a la presión del mercado capitalista mundial sobre la economía cubana.
Las propuestas también hablan de que se exigirá a todas las empresas (estatales y privadas) una “responsabilidad social” – una diputada dijo que la empresa privada “también es socialista” – y que el estado se reserva el derecho de la propiedad mayoritaria de empresas estatales en sectores clave. En la práctica, nada de esto va a importar. Los capitalistas no actúan sobre la base de un imperativo moral hacia la sociedad en su conjunto, sino sobre la base de la necesidad de obtener la mayor ganancia posible, de lo contrario la competencia les lleva a la bancarrota.
El beneficio privado de una minoría de capitalistas, nacionales y extranjeros, va a ser el criterio dominante en la economía cubana, si estas propuestas se ponen en práctica.
Las medidas aprobadas se presentaron tanto por el ministro Marrero como por el Presidente Díaz-Canel como medidas que se hubieran tomado independientemente de la última escalada de la ofensiva de EEUU, y como parte de un «perfeccionamiento y fortalecimiento del modelo socialista».
También se dijo que estas medidas desatan el nudo que oprimía las fuerzas productivas … como si el problema fuera la propiedad estatal y la planificación, y no la burocracia y la manera burocrática en que se planifica.
Esto es quizás lo más grave. Se puede argumentar que algunas de estas concesiones al mercado eran inevitables ante la presión insoportable del imperialismo en los últimos meses que ha llevado a una asfixia casi total de la economía cubana. Pero entonces lo que hay que decir es que estas medidas son un retroceso grave y muy peligroso, no alabarlas como un paso adelante, ni presentarlas como el fortalecimiento del socialismo.
Dentro de este torbellino aturdidor de decisiones, el presidente Díaz-Canel anunció también que se había llamado a economistas cubanos que él describió como «críticos» para asesorar sobre estas medidas. Entre ellos se encuentran Omar Everleny y Triana Cordoví, que desde hace unos 20 años venían abogando, desde el CEEC y fuera de él, por la vía china-vietnamita hacia la restauración capitalista. Es poner a la zorra a cuidar las gallinas.
En varias de las intervenciones en la ANPP y en CC del Partido se explicó que las propuestas surgían «del estudio de las experiencias de otros países socialistas», es decir, China y Vietnam.
Para estar claros, en China y Vietnam, la dirigencia de sus partidos comunistas restauró el capitalismo. En esos casos el proceso tardó décadas, en Cuba se quiere avanzar por días y semanas.
La diferencia es que en China, la restauración capitalista en un país grande, con una enorme reserva de mano de obra barata y con un estado fuerte, llevó eventualmente a un desarrollo soberano que ha convertido al país en una potencia mundial con capacidad para desafiar el dominio de los EEUU. China es un país capitalista, y los intereses de un puñado de multimillonarios, con vínculos estrechos con el aparato del estado y del mal-llamado Partido Comunista, dominan la economía y se benefician de la explotación del trabajo de millones. Pero por lo menos es un país capitalista que determina su propia política y compite en el mercado mundial de tú a tú con el imperialismo de EEUU.
Cuba no está en condiciones de replicar ese proceso. Es necesario hablar claro. La entrada sin ningún tipo de límite ni cortapisa de capital extranjero en la débil economía cubana llevará muy rápidamente a su dominación completa y su sometimiento. A la pérdida de soberanía económica le seguirá, más pronto que tarde, la pérdida de soberanía política.
Está claro que hay muchos, incluso en el CC y la ANPP que recelan de estas medidas, sobre todo por el impacto económico que van a tener. Así por ejemplo, en la reunión del organismo dirigente del Partido, Miriam Nicado, explicó como las medidas económicas adoptadas «pueden aumentar diferencias en la población» … «e incluso pueden llevar a que haya una mayor concentración de la riqueza en algunos sectores».
Así pues, para reforzar las propuestas, se presentó una carta firmada por Raúl Castro avalándolas, usando así todo el prestigio de la dirección histórica de la revolución, los que expropiaron al capitalismo para poder cumplir con la promesa de soberanía y justicia social de los barbudos, para justificar todo lo contrario.
La brutal y cruel campaña de asfixia económica por parte de EEUU
A pesar de las protestas de que estas medidas se toman por decisión propia y soberana, la realidad es tozuda. La asfixia económica por parte de EEUU ha alcanzado niveles insostenibles.
El bloqueo petrolero decretado en enero paraliza rápidamente la economía del país, provocando apagones que duran más de 24h, golpeando el transporte de personas y mercancías (incluidos alimentos), los servicios públicos (incluyendo escuelas y hospitales), impidiendo a la población conservar los pocos alimentos a los que pueden acceder, obligándoles a cocinar con carbón….
Marco Rubio se ha dedicado a amenazar, con éxito, a países del Caribe y Centro América para que expulsen las misiones médicas cubanas (fuente de ingresos crucial).
Muchas líneas aéreas han suspendido vuelos a la isla por falta de combustible de avión (resultado del bloqueo petrolero), golpeando duramente el turismo, particularmente ruso y canadiense.
Las sanciones secundarias impuestas por Rubio el 1º de mayo han forzado la salida de la minera canadiense Sherritt International (asociada con una estatal cubana para la explotación de níquel y cobalto), de las hoteleras indonesias, turcas, españolas, canadienses de su asociación con la estatal Gaviota, han suspendido la operación de Visa y Mastercard en la isla, han obligado a las navieras europeas Hapag-Lloyd y CGA CCM a suspender fletes, y hasta la minorista Envioscuba.com a cesar operaciones.
El criminal dueto Trump – Rubio han golpeado sistemáticamente todas las fuentes de ingreso de divisas de Cuba: la exportación de servicios médicos, el turismo, las remesas, la minería … y además han cortado el suministro energético.
Al chantaje económico sin precedentes se suman las bravuconadas de Trump y Rubio, las amenazas militares, abiertas y veladas, y la visita a la Rambo de Hegseth a la base de Guantánamo.
La vía china a la restauración capitalista … ¿con empresarios gringos?
Una posible explicación de estas medidas es por lo tanto que la dirigencia cubana ha decidido restaurar el capitalismo pero manteniendo el control político (a la china) como una manera de impedir una intervención militar imperialista y el cambio de régimen, para negociar como contrapartida el levantamiento de las sanciones.
Esto iría en línea con una serie de movimientos y declaraciones recientes. A finales de mayo visitó Cuba el empresario estadounidense y candidato Trumpista a la gobernación de Rhode Island Vic Mellor, «invitado por empresarios cubanos». Durante su visita se reunió dos veces con el nieto de Raúl Castro.
«Tuve la oportunidad de reunirme con Raúl (Rodríguez Castro) y comparto su visión de abrir Cuba a los negocios. Creo que Cuba lo necesita, creo que el mundo lo necesita», declaró Mellor a la AFP. «Creo que es hora de avanzar, es hora de un cambio, y Raúl también lo cree».
Enternecedor.
Al día siguiente de la aprobación de la restauración capitalista en la ANPP – al pueblo cubano no se le ha consultado, y apenas si se le ha explicado – Raulito concedió una entrevista exclusiva a The National, de Abu Dhabi haciendo un llamado a una «relación cordial» con los EEUU. Añadía que se podía llegar a un acuerdo acerca de las indemnizaciones a cubano-americanos por las propiedades expropiadas por la revolución.
En la misma entrevista, el viceministro de comercio y turismo Carlos Méndez se dirigió directamente a la comunidad empresarial estadounidense. «Queremos que los empresarios estadounidenses sepan y comprendan que Cuba es un país abierto a la inversión… en sectores como la minería, el turismo, el sector inmobiliario, la banca y las finanzas», afirmó. «Existen diferencias entre nuestros gobiernos que no deberían impedir que la comunidad empresarial participe en la economía cubana».»
Claramente hay diferencias entre Marco Rubio y Donald Trump en su actitud hacia la revolución cubana. Ambos quieren destruirla, eso sí, pero difieren acerca de cuál es el objetivo final. Para Rubio es cambio de régimen y que la gusanera cubano-americana contrarrevolucionaria de Miami tome el control. A Trump probablemente le bastaría con tener el control de la isla y sus recursos económicos, expulsar a China y Rusia, independientemente de quien esté al mando inicialmente: el modelo venezolano.
Un indicio que ha pasado casi desapercibido. Cuando las sanciones secundarias de Rubio forzaron a la minera canadiense Sherrit a abandonar la isla, la empresa, que depende casi totalmente de sus inversiones en Cuba, se fue a pique. Entonces entró en juego una empresa estadounidense propiedad de un ex-asesor de la primera administración Trump que ofreció comprar una participación mayoritaria.
¿Qué interés puede tener un inversionista tejano por una empresa canadiense que se ha quedado sin negocio por culpa de las sanciones de Rubio? ¡A no ser que calcule que puede obtener de Trump una licencia para operar en Cuba! Una operación de este tipo, de completarse, significaría que la minería del níquel y el cobalto en Cuba pasa de control canadiense … a control de EEUU, en un momento en que el imperialismo estadounidense está en una carrera por asegurarse acceso a minerales críticos.
¿Es descabellado pensar que se estuviera preparando una operación similar en otros sectores de la economía, incluyendo el sector hotelero turístico? El chantaje imperialista ya ha forzado la salida parcial de multinacionales españolas y canadienses del sector. ¿Estarían las grandes cadenas estadounidenses dispuestas a sustituirlas? O empresas de otros países no rivales de EEUU. Se habla de un grupo emiratí que tiene interés en construir una «Isla Trump» en Cayo Santa María (!!).
Sea como sea, con acuerdo con un sector de la burocracia del estado y el Partido en Cuba, o por la fuerza, el control de la economía cubana por parte de sectores empresariales estadounidenses significará la pérdida total de soberanía por parte de EEUU.
Debemos reiterar lo que hemos explicado por activa y por pasiva. Las conquistas de la revolución cubana se asientan sobre la expropiación del capitalismo. Si se restaura el capitalismo, inevitablemente no se van a poder sostener las conquistas (que aunque muy debilitadas por décadas de asalto imperialista) todavía existen.
Completar el proceso de restauración capitalista significará sin ninguna duda una mayor diferenciación social, la acumulación de riqueza en unas pocas manos y el surgimiento de una clase capitalista cubana que va a usar su poder económico para ejercer el poder político. No estamos hablando de unas cuantas MIPYMES con una docena de trabajadores cada una, sino de grandes inversores extranjeros tomando control de los sectores de la economía que generen ganacias. Además, la naciente burguesía cubana va a estar respaldada por (o mejor dicho, va a estar bajo el control de) la potencia imperialista más poderosa del planeta a 90 millas de distancia.
Con la destrucción de la economía planificada se destruyen todas las conquistas de la revolución, incluyendo la soberanía nacional. Una Cuba capitalista se encontraría en una situación de sometimiento semi-colonial respecto a EEUU.
¿Había otra alternativa?
En Cuba, muchos revolucionarios y comunistas son bien conscientes de los peligros y consecuencias de estas propuestas, a pesar de que la dirección insiste en que se trata de «perfeccionar el modelo socialista» y «cambiar lo que deba ser cambiado» (aprovechando cínicamente una cita de Fidel).
Pero la oposición a la restauración capitalista se enfrenta a muchas dificultades.
La primera es la falta de una cultura de debate político decisorio dentro del Partido y del estado en general. En Cuba se han hecho muchas consultas y plebiscitos. Hace 15 años, los Lineamientos fueron sometidos a una discusión muy amplia, pero al final las decisiones se tomaron por arriba sin ninguna participación directa de la clase obrera en la toma de decisiones.
La segunda es el reflejo, comprensible, de la unidad y el cierre de filas ante la agresión imperialista. El síndrome de la plaza sitiada. Tenemos que responder a eso que durante las negociaciones del tratado de Brest-Litovsk en la Rusia soviética, en un momento de peligro militar inminente, los bolcheviques organizaron un amplio debate dentro del Partido y de las instituciones soviéticas. Había tres posturas enfrentadas y todas ellas usaban los medios de comunicación estatales y reuniones públicas para agitar por su punto de vista. Al final se tuvo, de manera apresurada, que tomar una decisión.
Durante los años 1960, en un período de amenaza militar inminente para la revolución cubana, se llevaron a cabo muchos debates bien agudos entre revolucionarios – acerca de los manuales soviéticos, acerca del modelo económico, de la necesidad de la revolución internacional, de la política en relación al arte y la cultura. Nada de eso debilitó la revolución, sino al contrario.
La unidad ante el enemigo sirve para defender la revolución, pero es falsa la unidad con aquellos que proponen restaurar el capitalismo, porque eso significa acatar una decisión que en realidad la destruye.
La tercera es la falta de una respuesta clara a la pregunta ¿pero qué otra alternativa hay? Esta es la más importante.
Hay que decir que es totalmente cierto que la situación es desesperada. Pero es importante hablar claro y llamar a las cosas por su nombre. No se puede disfrazar lo que es en realidad un paso atrás muy importante con fraseología acerca del «fortalecimiento del proyecto socialista». Esto ya se hizo con el Ordenamiento y las consecuencias están a la vista.
Control obrero contra la burocracia
Las concesiones al mercado pueden ser (son) necesarias en estas concesiones, pero de ahí a la restauración completa hay un gran paso. Una diferencia que no es de grado sino de calidad. Cualquier concesión al capitalismo debe de ir acompañada (como fue en el caso de la NEP en la Rusia soviética) de mecanismos de control y gestión obrera de la economía y la sociedad.
Algo de esto se apunta en el artículo del economista cubano Liu Mok reproducido en la revista cubana Juventud Técnica con el título ¿Hay otra alternativa para Cuba?:
“reconocer la necesidad de transformar no obliga a aceptar que la única salida sea ampliar progresivamente los espacios de acumulación privada de capital o convertir las empresas estatales en sociedades por acciones abiertas a nuevos inversionistas… llama la atención que apenas se discutan alternativas que profundicen la participación directa de los trabajadores y de las comunidades en la gestión económica. El debate parece moverse entre dos polos: mantener estructuras burocráticas inmóviles e ineficientes o transferir mayores espacios al capital privado. Entre ambos existe un terreno poco explorado… Una opción distinta sería avanzar hacia formas de autogestión obrera y comunitaria. En lugar de transformar empresas estatales en sociedades por acciones donde el poder de decisión termina dependiendo de quién posee más capital, podría avanzarse hacia empresas gestionadas democráticamente por sus trabajadores.”
En los últimos años, otros han planteado la necesidad del control obrero para combatir a la burocracia. Totalmente acertado.
Revolución internacional para romper el aislamiento
Por otro lado, es necesaria una política que impulse la revolución internacional, ya que en última instancia la fuente de la mayoría de problemas que acechan a la revolución (incluyendo la burocracia) es su aislamiento. No es posible construir el socialismo en un solo país. No lo era en la Rusia soviética que abarcaba un continente entero con enormes recursos materiales y humanos. Menos lo es en una pequeña isla del Caribe a 90 millas de distancia de la mayor y más reaccionaria potencia imperialista del mundo.
Es de destacar que a pesar de todas las dificultades del periodo especial, Cuba no restauró el capitalismo en los años 1990 después de la caída de la URSS. A principios de los 2000 se benefició del inicio de la revolución bolivariana en Venezuela, que le proporcionó una línea de salvamento, no solo económico sino también político. Sin embargo, en la medida en que la revolución venezolana no se completó con la abolición del capitalismo, entró en crisis, golpeando así a Cuba.
Si la revolución venezolana hubiera seguido el ejemplo de la revolución cubana en el período de 1959-62, expropiando al imperialismo y la oligarquía capitalista, eso hubiera actuado como un poderoso polo de atracción en todo el continente y más allá, y solidificado sus conquistas. Pero eso no fue así. Una parte muy importante de de la responsabilidad de ese fracaso recae también en la política de la dirigencia cubana que en lugar de impulsar la revolución venezolana a aprender de sus propias lecciones, aconsejó en todo momento moderación, “no provocar al enemigo”, “entender las diferencias”, “no copiar modelos”. Algunas destacadas figuras cubanas se dedicaron a hacer campaña contra el control obrero en Venezuela, declarando que era “contra-revolucionario”.
La derrota de la revolución venezolana, por no haberse completado, profundizó el aislamiento de la revolución cubana, sentando las bases de la actual situación. Nadie puede negar la solidaridad internacional de la revolución cubana, enviando médicos a todas las partes del mundo donde eran necesarios, ni la gesta heróica de Cuba en Angola. Pero en lugar de una política leninista de internacionalismo proletario, de fomentar y preparar las condiciones para la revolución mundial, la dirigencia (salvando la época de “crear dos, tres, muchos Vietnams” del Che en los años 1960) siguió una política en primer lugar de sometimiento al etapismo estalinista de la URSS (con resultados desastrosos en Nicaragua), y posteriormente la utopía reformista del “anti-neoliberalismo” de los gobiernos “progresistas” y el multipolarismo geopolítico de apoyarse en los gobiernos capitalistas de Rusia y China.
La Internacional Comunista Revolucionaria ha defendido estos puntos de vista en todo momento y en todos los foros a los que hemos tenido acceso, incluyendo en Cuba y en Venezuela en los últimos 25 años.
Algunos dirán que esta política – control obrero e internacionalismo proletario – es utópica. Bien, el realismo de los que argumentaban a favor de la geopolítica mientras se mantenía la asfixia burocrática es en gran medida responsable de habernos llevado a este punto donde la restauración capitalista aparece para muchos como lo único posible.
En el último período no han faltado oportunidades revolucionarias en América Latina y en todo el mundo. Los levantamientos insurreccionales en Ecuador y Chile en 2019, los paros nacionales en Colombia, la revolución en Sudán, los derrocamientos insurreccionales de gobiernos en Sri Lanka, Bangladesh, Nepal, las grandes huelgas generales en Francia, en Italia contra el genocidio imperialista en Gaza.
En todas estas ocasiones, en un grado u otro, las masas obreras y campesinas lo dieron todo por transformar radicalmente sus condiciones de vida, por acabar con la opresión y la miseria. Solo faltó una dirección revolucionaria a la altura de las circunstancias para poder llevar a la clase obrera al poder.
El retraso en la construcción del factor subjetivo, el partido revolucionario, es también un factor de primer orden que contribuye al aislamiento de la revolución cubana y empuja hacia la restauración capitalista. Es nuestra responsabilidad, al mismo tiempo que defendemos con todas nuestras fuerzas la revolución cubana, acelerar la construcción de la herramienta con la que nuestra clase pueda derrocar al capitalismo. La victoria de la clase obrera en cualquier país, sería una poderosa palanca para romper el aislamiento de la revolución cubana e impedir la restauración capitalista.
Es necesario y urgente empeñarse en esa tarea.
