Los comienzos de la lucha política de clases en la República Dominicana

Los orígenes del movimiento socialista en República Dominicana se remontan a los finales de la década de 1920, cuando en Santiago de los Caballeros fue donde se fundó la primera célula marxista en el Centro de Estudios Sociológicos que funcionaba en esa ciudad. El bien conocido intelectual dominicano Juan Isidro Jiménez Grullón y el político Ramón Espinal fungieron como parte de sus integrantes y cofundadores.

Sin embargo, es sólo a mediados de la década de 1940 en que aparecen grupos de denominación socialista en el país, siendo el primero de ellos el muy poco mencionado, Partido Democrático Revolucionario Dominicano (PDRD), fundado por jóvenes socialistas en 1943, quienes tres años más tarde, en el exilio, producto de una escisión, le cambiaran el nombre por el de Partido Socialista Popular (PSP). No se sabe con certeza si algunos de sus miembros estuvieron relacionados en el pasado con el Centro de Estudios Sociológicos de Santiago.

El Partido Democrático Revolucionario Dominicano (“socialista”) surgía como una organización que contaba con potencial apoyo de las masas, pues dentro de su membresía se encontraba la figura de Freddy Valdez destacado dirigente obrero y uno de los precursores de la organización sindical de aquella época.

El PDRD fue el iniciador de la organización revolucionaria de los obreros; el precursor de las luchas por el socialismo en la República Dominicana. Los principales promotores, y por ende los fundadores más influyentes del PDRD fueron los intelectuales Francisco Henríquez y Pericles Franco Ornes, siendo este último, posteriormente cofundador del PSP y quien más tarde, a raíz del desastroso desenlace del conflicto de abril de 1965 fuera uno de los fundadores del pro-moscovita Partido Comunista Dominicano (PCD).

Los iniciadores del PDRD elaboraron un programa “socialista” para el partido y se definían a sí mismos como marxistas-leninistas-estalinistas. Lo de estalinista es producto de la propaganda soviética de la época, la cual alcanzó su tope más alto al salir fortalecida políticamente la burocracia rusa de la II Guerra Mundial.

Con respecto al nacimiento de éste partido el historiador dominicano Roberto Cassá, en su obra Movimiento Obrero y Lucha Socialista en Republica Dominicana, expresa lo siguiente: “En la fundación del PDRD interactuaron la función centralizadora ejercida por Franco y Henríquez con el desarrollo de núcleos constituidos con anterioridad o independencia, o bien de otros que se derivaron de las tareas impulsadas por el núcleo central”. Este partido tuvo presencia a nivel nacional, con células y grupos en el Este, el Cibao Central, (provincias La Vega y Santiago de los Caballeros); y en Barahona provincia del sur profundo. No obstante, su principal punto de operaciones fue la capital dominicana, particularmente orientado al movimiento obrero y la juventud.

A pesar del valor y el espíritu de lucha de muchos de sus militantes y dirigentes, el movimiento comunista nace con el sello de las políticas etapistas del estalinismo. Básicamente se resumen en la idea que en un país de capitalismo atrasado como la república dominicana, no se puede luchar por el socialismo sino que hay que hacer primero una revolución “anti-imperialista” en la que el proletariado debe buscar la alianza con los “sectores progresistas de la burguesía nacional”. En realidad, ésta política nada tiene que ver con la de los bolcheviques en Rusia (un país si acaso todavía más atrasado que la República Dominicana). Lenin explicó cómo la llamada “burguesía nacional” estaba unida por mil lazos tanto al imperialismo como a los terratenientes, y que su pavor a la movilización de la clase obrera y el campesinado le impedían ponerse a la cabeza de cualquier revolución auténticamente nacional y democrática. Esa tarea correspondía a la clase obrera, a la cabeza de los demás sectores oprimidos de la sociedad.

Aún peor, en los años 40, el estalinismo a nivel mundial había impuesto una política de “democracia contra fascismo” que en realidad significaba, en América Latina, el apoyo a aquellos dictadores y regímenes burgueses, independientemente de cuan represivos fueran, que se encontraran del lado de las potencias Aliadas (y por lo tanto de la URSS) en la 2ª Guerra Mundial. En el caso de Cuba, cuyo partido comunista tuvo una influencia muy importante sobre el desarrollo del movimiento comunista en la vecina isla, eso llevó a los comunistas a llegar a toda una serie de acuerdos con Fulgencio Batista, llegando incluso a participar con dos ministros en su gobierno.

A pesar de las dificultades de este movimiento para actuar e influir en la política nacional, logró crear dos entidades importantes, que fueron: la Juventud Revolucionaria y el Frente de Liberación Nacional. Todas sus actividades e instituciones estuvieron sujetas a la clandestinidad, pues, esta institución política estaba siendo forjada en plena dictadura trujillista; y una de sus actividades más conocida tuvo lugar en el año 1945, cuando a través de la “Juventud Revolucionaria”, los miembros del partido distribuyeron miles de volantes propagandísticos, una de sus actividades más conocida en la historia, porque surtió gran efecto político, dentro de las condiciones políticas de aquel momento. Como resultado de esta actividad los miembros de la Juventud Revolucionaria fueron detectados y muchos de ellos fueron apresados en un amplio operativo que dejó en desbanda al PDRD, dando como resultado que sus principales dirigentes y organizadores se vieran forzados a viajar al exilio, (los que no fueron asesinados).

Un elemento de juicio, muy importante, son las condiciones objetivas y subjetivas de aquel momento histórico de la República Dominicana. Establecer las bases fundamentales para crear un partido político revolucionario en una época dominada por una férrea dictadura como la de Rafael Leónidas Trujillo Molina, significaba un gran desafío y también se necesitaba de mucha audacia para cumplir con las tareas organizativas que requiere la construcción de un partido de izquierda que nacía en un país súper atrasado, y al momento, subyugado por un déspota que tenía bajo su control, todos los estamentos políticos, estatales y sociales, con una población mayormente campesina y con un proletariado sumamente pequeño. La clandestinidad formulaba la estrategia más viable para obtener crecimiento dentro de la población y fortalecer su cimentación.

También, tenemos que tomar en cuenta, que, con el desarrollo usufructuario de las formas capitalistas de producción y el surgimiento de una joven clase proletaria, y por minúscula que ésta fuera —durante la primera mitad del siglo XX, emergían desde las mismas profundidades del atraso económico, político y social, las condiciones objetivas para visionar una nueva perspectiva política de lucha en el campo de las clase sociales emergentes en ésa república ex colonial, pero que no había superado del todo las formas (si se quiere) semi feudales de producción nacional.

Surgimiento del partido socialista popular PSP

Una vez llegado al exilio, el PDRD se escinde y una de sus fracciones se aprestó a crear las bases para la fundación del Partido Socialista Popular (PSP); denominación tomada íntegra del viejo “partido comunista cubano” que llevaba entonces el mismo nombre. Poco tiempo después, el liderazgo de este grupo aceptó firmar un pacto con Trujillo, el cual fue canalizado a través del PSP cubano, que a su vez, sirvió de intermediario entre el PSP dominicano y el régimen, el cual venía a ser representado por un emisario de nombre Ramón Marrero Aristy, cuya tarea era firmar un acuerdo que consistió en la liberación de la mayoría de los presos políticos—specialmente los de 1946, y también el permiso para la existencia legal del PSP en la República Dominicana. Al firmarse dicho acuerdo, muchos de los exiliados regresaron al país, acogiéndose a las garantías ofrecidas por el gobierno; y en fecha 27 de Agosto de 1946, a través de un manifiesto que apareció firmado por Freddy Valdez, Ramón Grullón, Mauricio Báez, Héctor Ramírez, Luis Escoto, entre otros: salió a la luz pública el Partido Socialista Popular. Esta agrupación surge, pues, en el exterior del país y sin duda, bajo la influencia política del PSP cubano abandona el exilio y la clandestinidad y decide lanzarse a la acción pública de manera prematura.

El Partido, regresa al territorio dominicano en agosto de 1946 y orientó su trabajo de masas hacia el seno la Confederación de Trabajadores Dominicanos CTD organización sindical fundada el 17 de noviembre de 1929, la cual había sido incorporada por el gobierno efímero del doctor Rafael Estrella Ureña, viejo aliado de Rafael Trujillo que lo aislaría de todas las esferas del poder más adelante.

A su llegada al país, en 1946, el PSP reactivó lo que fuera en su pasado la organización “Juventud Revolucionaria” que existió de manera efímera como organismo táctico del PDRD haciéndola ahora aparecer con el nuevo nombre de “Juventud Democrática”. Al fortalecerse los vínculos con la Confederación de Trabajadores Dominicanos (CTD) el PSP fue capaz de organizar mítines públicos a los cuales no reprimió el régimen trujillista; pero el 26 de Octubre de 1946 el partido celebró una manifestación que fue provocada por la policía bajo las órdenes de régimen y apresaron varios activistas, se obligó a muchos de ellos a renunciar del partido y se impidió que éste realizara actividades en el interior del país. Pasadas las elecciones de 1947, las actividades del partido y por consiguiente toda actividad comunista fue prohibida por el régimen mediante la creación y promulgación de una ley anticomunista, que permitió el apresamiento de los miembros de la Juventud Democrática y del PSP que al momento todavía se encontraban en libertad.

En los primeros meses de 1947, el desplome del PSP, consecuencia de la represión trujillista, lo habían reducido a no más de 200 miembros. En esos momentos, el partido se vio sumido en una profunda crisis interna que tuvo su culminación con la expulsión de Chito Henríquez, primero, y de Mauricio Báez; éste último, era dirigente y fundador de la Federación Local del Trabajo en el Este del país y con funcionamiento en la industria azucarera. Con esas expulsiones la organización quedaba prácticamente aislada, pues, la mayoría de sus dirigentes y los de la Juventud Democrática habían sido apresados o asesinados. La organización no había preparado un aparato clandestino en el país, consecuencia natural de la táctica errónea adoptada, consecuencia, a su vez, de un trasplante de la experiencia del PSP cubano que en su momento había hecho una alianza con Fulgencio Batista.

Movimiento obrero sindical

El movimiento obrero dominicano alcanzó cierto grado de relevancia política a mediados de la década de 1940. Las huelgas de obreros de la industria del azúcar en 1946 fueron las más notables y su aplastamiento por la tiranía trujillista derivó la pérdida total de la independencia sindical, pues, éstos pasaron a ser controlados directamente por Trujillo y liderados por sus testaferros y afines. Sin embargo, no podemos pasar por alto el hecho de que ya en 1905 habían aparecido las primeras organizaciones de trabajadores; una de ellas fue el Gremio de panaderos de Santiago, así como la aparición de organizaciones de trabajadores portuarios. Inclusive antes de 1905 ya se habían formado algunas células sindicalistas; José Eugenio Kundardt fue pionero de la organización laborista: ingeniero de profesión se dedicó a defender a los trabajadores portuarios y del ferrocarril durante la dictadura militar de Ulises Heuraux (Lilís), lo cual le obligó a marcharse al exilio. Murió en Puerto Plata, su ciudad natal, en el año 1928.

A fines del siglo XIX, el sistema industrial del país era muy débil y estaba sustentado en rudimentos para la explotación agropecuaria, siendo los principales rublos agrícolas de exportación: la caña de azúcar, el tabaco y el arroz. En 1919, se creó en Santiago la Hermandad Cigarrera, formada por trabajadores que laboraban en distintas empresas tabacaleras. Como hemos visto más arriba, en el país se formó la Confederación de Trabajadores Dominicanos, que fue fundada en 1929. Para esa época, los cimientos de la industrialización del país ya estaban plantados. La ocupación militar estadounidense correspondía precisamente a la defensa y protección de sus inversiones en estructuras industriales especialmente en de la caña de azúcar.

La existencia de una confederación de trabajadores, no solo contribuía a la elevación de la conciencia de clase de los obreros industriales sino que era producto de la consolidación, aumento y fortalecimiento económico de la clase burguesa (burguesía nacional) y con ello se abrían de par en par las puertas a las luchas obreras en demanda de mejores salarios, mejores condiciones laborales y reducción de la jornada laboral básicamente, base sobre la cual se libraron las protestas y huelgas obreras del Este en 1942, 1943 y 1946.

Previo al ascenso de Trujillo al control del Estado, la República Dominicana fue siempre un país políticamente convulsionado e inestable; las intrigas personales y las ambiciones de poder, conllevaban a menudo al asesinato de presidentes; las insurrecciones guerrilleras estaban a la orden del día en cualquier época; esto se explica por la inexistencia de una clase dominante consolidada previo a la dictadura trujillista. Las condiciones semi-feudales de la producción económica dominicana de la época eran dominantes y no sufrieron grandes cambios hasta la modernización de la industria del azúcar y la introducción de las vías ferroviarias a finales del siglo XIX, durante el gobierno de Lilís. Empero, esto solo significaba el primer precedente para el surgimiento de una burguesía nacional en forma embrionaria. No obstante, el despotismo, tanto de Lilís como de Trujillo, vendría a cambiar de una vez y para siempre el rumbo de la historia; y durante la Era de Trujillo todo aquello comenzó a sufrir un cambio radical, una acelerada metamorfosis; se daban pasos agigantados en la dialéctica histórica de un país súper atrasado, al consolidarse el poder burgués amparado políticamente en un régimen militar férreo que no admitía oposición alguna a su orden preestablecido.

Las organizaciones de trabajadores de las primeras décadas, pueden ser catalogarlos como embriones sindicales; pero con el salto industrial que experimentó el país a finales de la década de 1930 las cosas cambiaron radicalmente en todos los ámbitos en la sociedad dominicana. Al arribo de Rafael Trujillo al control del nuevo Estado, los dominicanos no cortaban la caña. Esta labor era realizada por haitianos y otros negros, nacionales de las Islas Británicas, traídos en masa al país para realizar esa labor. En 1938, y según la Dirección Nacional de Estadísticas, de 30.000 ciudadanos registrados como obreros, sólo 9.000 eran dominicanos, incluyendo los aprendices, que no necesariamente eran obreros en todo el sentido de la palabra, sino artesanos; los demás eran cortadores de caña provenientes de Haití y las islas Británicas. En 1950, la oficina citada, ofrecía cifras según las cuales, en el país había 48.332 trabajadores industriales, en su mayoría dominicanos, pues el dictador había sustituido a los extranjeros por nacionales. En 1937, Trujillo había ordenado la expulsión de los haitianos del territorio dominicano, con lo que se procedió a una matanza, que dejó muertos a 18.000 haitianos, según cifras oficiales; otros datos afirman que la cifra llegaba a los 30.000. Con esa matanza se inicia una política recurrente de la clase dominante dominicana de tratar de usar el racismo anti-haitiano y el chovinismo nacional para dividir a la clase obrera y desviar la atención de su principal enemigo: la clase capitalista.

En realidad se puede decir que tanto la burguesía nacional como el proletariado dominicano, se consolidan como tales en el enclave histórico que comprende los 31 años de dictadura trujillista. Para el 1950 ya Trujillo tenía el control absoluto del Estado, porque además de jefe político, era él el jefe militar; se había adueñado de la mayoría de la industria azucarera de la cual era propietario de 11 de los 15 ingenios existentes en esa época; a la hora de su muerte esta industria empleaba a unos 80.000 obreros; y las organizaciones obreras no estuvieron exentas del control por parte del dictador, quien como medida coerción pasó a controlar también los sindicatos después de las huelgas obreras de la caña de 1946, que fueron lideradas por su mayor exponente organizador, Mauricio Báez. También, es necesario anotar, que en 1945, Trujillo pagó la deuda externa del país, compró la sucursal del City Bank de New York; pasó a controlar las aduanas; creó el Banco Agrícola y el Banco Central e institucionalizó el Peso como moneda nacional, pues el dólar era la moneda dominicana desde la ocupación militar estadounidense de 1916.

El imperialismo de EEUU siempre ha sido un factor dominante en la vida política y económica del país. En 1898, los Estados Unidos de Norteamérica ocuparon a Puerto Rico; en 1915 la República de Haití; y 1916 la República Dominicana. La conversión en territorio estadounidense de la parte Este de la isla Hispaniola fue sometida al congreso norteamericano, pero la propuesta fue votada en contra; entonces Estados Unidos procedió a organizar gradualmente su salida militar del país, para lo cual se dispuso organizar un ejército y un gobierno afín a sus intereses económicos. No obstante a su salida, EE.UU. mantuvo el control de los puertos y por ende de las aduanas y su moneda (el dólar) –era la moneda oficial– como hemos visto hasta 1945.

Empero, a raíz de la caída del régimen encabezado por Trujillo, quien con su Ejército, sus organismos de Inteligencia y su Partido Dominicano logró aplastar todo tipo de oposición a su gobierno, las organizaciones revolucionarias comenzaron a ocupar un lugar de relevancia histórica en las luchas políticas y de clases en la República Do
minicana. Entre las masas proletarias y oprimidas dormía un gigante: la conciencia de clase. Es de enorme valor y significancia que en virtud de lograr un análisis correcto que ha de guiarnos a conclusiones claras sobre la evolución e involución progresiva del movimiento revolucionario en la República Dominicana, sea necesario estudiar con especial interés analítico y de clase, el período comprendido entre Octubre de 1961 y Abril de 1984. Es en ése enclave histórico de nuestra existencia como movimiento, donde se halla la esencia pura de las primeras luchas de gran relevancia histórica de la lucha política, organizativa y de clases en las convergían las masas proletarias dominicanas en demandas de libertad y democracia y que fueron protagonizadas por las izquierdas en el país. Este período que abarca un lapso de tiempo de tres décadas, está marcado principalmente por las batallas contra los gobiernos de facto y de tránsito que tuvieron lugar con la decapitación de la tiranía trujillista; por las consecuencias políticas derivadas del golpe de Estado de 1963; la lucha abierta y de frente contra la dictadura de Joaquín Balaguer, y, por el fraccionamiento de los partidos y agrupaciones de “ideas socialistas”.

Del otro lado, en el momento de la decapitación de la dictadura, lo cual ocurrió con la muerte de Trujillo en 1961, la libertad sindical era nula. Con las nuevas convulsiones sociales devenidas de ese acontecimiento –las de los famosos años 60s– se vislumbraba una nueva época, y las organizaciones obreras resurgieron nuevamente, con ímpetu renovado. Así mismo, renacían de las cenizas, los partidos políticos de la izquierda. Reaparecía en la arena política el Partido Socialista Popular, regresaba al país el Movimiento Popular Dominicano MPD, grupo este, que había entrado al país en 1960 acogiéndose también a las garantías ofrecidas por el régimen, siendo su militancia masacrada unos meses después por el mismo quien había dado garantías legales al PSP. También tomaba forma el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, y al mismo tiempo, hacía su retorno al país el Partido Revolucionario Dominicano PRD, organización fundada en Cuba en 1939 con Juan Bosch como su líder y quien se convirtió en el primer presidente dominicano elegido democráticamente por el pueblo en 1963, siendo con su ascenso al poder que se abren las puertas a la Democracia Burguesa en el país, creando un espacio abierto para la luchas de clases, a su vez truncado por la falta de un liderazgo revolucionario decidido a llevar a término todas las tareas democráticas que demandaban las masas en aquél período histórico nacional.

Por falta de espacio no podremos abundar más sobre todos los tópicos señalados en estas líneas. Lo cierto es que es necesario aprender de la historia para construir un liderazgo que oriente su política a las organizaciones de masas existentes, sin importar sus debilidades estructurales y ni se diga de su programa; un liderazgo capaz de dirigirse a las masas con un programa de planificación económica claro e inteligible para los trabajadores dominicanos. Un programa que combine la lucha por las reivindicaciones democráticas y nacionales con las reivindicaciones sociales de la clase trabajadora, la única que puede resolverlas.