Trotski sobre América Latina

Aprovechamos esta ocasión para volver a publicar una serie de extractos de los escritos de Trotski relativos a la lucha contra el imperialismo en América Latina.

El primero, «México y el imperialismo británico», es un artículo de León Trotski para la publicación estadounidense Socialist Appeal, escrito el 5 de junio de 1938. Trata sobre la expropiación de la industria petrolera mexicana por parte del presidente Cárdenas y la respuesta del imperialismo británico. Existen importantes paralelismos con la lucha por el control de la industria petrolera venezolana durante los últimos 25 años.

México se había convertido en el segundo mayor productor de petróleo del mundo en la década de 1920. Sin embargo, a pesar del enorme potencial para utilizarlo en pro del desarrollo, la mayor parte de esta riqueza fue extraída por el imperialismo occidental, principalmente por los británicos.

La Gran Depresión de la década de 1930 provocó una caída de la demanda y un exceso de oferta mundial de petróleo, a lo que los magnates petroleros respondieron aumentando la presión sobre sus trabajadores. A mediados de 1935, los trabajadores petroleros mexicanos se habían sindicalizado y comenzaron la lucha por mejores salarios y condiciones. Cuando los trabajadores se declararon en huelga en 1936, el gobierno mexicano intervino, en un intento de mediar entre los trabajadores y los imperialistas.

Los imperialistas se negaron a ceder a lo largo de 1937. Finalmente, Cárdenas intentó llegar a un acuerdo con los magnates petroleros, pero fue rechazado. Bajo una intensa presión desde abajo, Cárdenas anunció entonces la expropiación de la industria petrolera el 18 de marzo de 1938.

Los imperialistas británicos encabezaron la campaña internacional contra el gobierno mexicano, implementando un boicot al petróleo mexicano y rompiendo relaciones diplomáticas. Las empresas estadounidenses se negaron a suministrar a México el equipo, las piezas y los productos químicos necesarios para la refinería de petróleo, mientras que el gobierno de EEUU se negó a comprar plata mexicana. Como resultado, el peso mexicano cayó un 20 por ciento, lo que provocó que el nivel de vida se desplomara.

Al no poder vender su petróleo a Gran Bretaña y Estados Unidos, México recurrió a venderlo a la Alemania y la Italia fascistas. Fue solo con el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial que el gobierno estadounidense presionó a las empresas petroleras estadounidenses para llegar a un acuerdo, con el fin de alcanzar una alianza estratégica con su vecino. Los imperialistas británicos resistieron hasta 1947, cuando aceptaron un acuerdo de 130 millones de dólares. Sin embargo, la apertura de la industria petrolera mexicana al imperialismo sigue siendo un conflicto clave hasta el día de hoy.

El segundo punto es un extracto de la «Tesis sobre el papel mundial del imperialismo estadounidense», aprobada en el congreso fundacional de la Cuarta Internacional en septiembre de 1938.

La Tesis es sorprendentemente relevante hoy en día, cuando el imperialismo estadounidense está intentando agresivamente reafirmar su dominio sobre el hemisferio occidental. Ayuda a disipar cualquier idea errónea de que la política de Trump en América Latina es fundamentalmente diferente a la del pasado. Explica cómo, bajo Franklin D. Roosevelt, el comportamiento depredador de EEUU estaba hipócritamente «protegido por el guante de terciopelo de las pretensiones demagógicas de amistad y «democracia». La principal diferencia con respecto a hoy es simplemente que Trump ha dejado de lado el guante gastado, para revelar el puño de hierro que hay dentro.

Por último, incluimos un breve extracto del «Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución mundial proletaria», que fue adoptado por la Conferencia de Emergencia de la Cuarta Internacional, celebrada entre el 19 y el 26 de mayo de 1940. Sus conclusiones sobre las tareas de la clase obrera latinoamericana son tan válidas hoy como cuando fueron escritas.


México y el imperialismo británico

Escrito el 5 de junio de 1938, publicado en Socialist Appeal (Nueva York), vol. 2, n.º 26, 25 de junio de 1938, p. 4

La campaña internacional que los círculos imperialistas están realizando sobre la expropiación de las empresas petroleras mexicanas, hecha por el gobierno, se ha distinguido por poseer todos los rasgos de las bacanales propagandísticas del imperialismo: combina la impudicia, el engaño, la especulación de la ignorancia con la certeza de su propia impunidad.

El gobierno británico inició esta campaña al declarar el boicot al petróleo mexicano. El boicot, como es sabido, siempre involucra al autoboicot y por lo tanto viene acompañado de grandes sacrificios por parte de quien lo hace. Gran Bretaña era hasta hace poco el mayor consumidor de petróleo mexicano; claro que no lo hizo por simpatía para con el pueblo mexicano, sino considerando sus propios beneficios.

Gran Bretaña y Cedillo

El mayor consumidor de petróleo en Gran Bretaña, es el mismo estado, por su armada gigantesca y el rápido crecimiento de su fuerza aérea. El boicot del gobierno inglés al petróleo mexicano significaba, entonces, un boicot simultáneo no sólo de la industria británica, sino también de la defensa nacional. El gobierno de Mr. Chamberlain ha mostrado con una franqueza inusual que los beneficios de los ladrones capitalistas británicos están por encima de los intereses del estado. Las clases y los pueblos oprimidos deben aprender profundamente esta conclusión fundamental.

Tanto cronológica como lógicamente, el levantamiento del general Cedillo resultó de la política de Chamberlain. La Doctrina Monroe le aconseja al almirantazgo británico abstenerse de aplicar un bloqueo naval-militar a las costas mexicanas. Deben actuar por medio de agentes internos, quienes, en realidad no agitan abiertamente la bandera británica, aunque favorecen a los mismos intereses que sirve Chamberlain, los intereses de una pandilla de magnates del petróleo. Podemos estar seguros de que las negociaciones de sus agentes con el general Cedillo no se han incluido en el Libro Blanco que publicó la diplomacia británica hace pocos días. La diplomacia imperialista realiza sus principales negocios bajo el amparo del secreto.

Ignorancia y engaño

Con el objeto de comprometer la expropiación a los ojos de la opinión pública burguesa, la presentan como una medida «comunista». Se combina aquí la ignorancia histórica con el engaño consciente. El México semicolonial está luchando por su independencia nacional, política y económica. Tal es el significado básico de la revolución mexicana en esta etapa. 

Los magnates del petróleo no son capitalistas de masas, no son burgueses corrientes. Habiéndose apoderado de las mayores riquezas naturales de un país extranjero, sostenidos por sus billones y apoyados por las fuerzas militares y diplomáticas de sus metrópolis, hacen lo posible por establecer en el país subyugado un régimen de feudalismo imperialista, sometiendo la legislación, la jurisprudencia y la administración. Bajo estas condiciones, la expropiación es el único medio efectivo para salvaguardar la independencia nacional y las condiciones elementales de la democracia.

Qué dirección tome el posterior desarrollo económico de México depende, decisivamente, de factores de carácter internacional. Pero esto es cuestión del futuro. 

La revolución mexicana está ahora realizando el mismo trabajo que, por ejemplo, hicieron los Estados Unidos de Norteamérica en tres cuartos de siglo, empezando con la Guerra Revolucionaria de la Independencia y terminado con la Guerra Civil por la abolición de la esclavitud y la unidad nacional. El gobierno británico no sólo hizo todo lo posible a finales del siglo XVIII para retener a los Estados Unidos bajo la categoría de colonia, sino que más tarde, durante los años de la Guerra Civil, apoyó a los esclavistas del sur contra los abolicionistas del norte, esforzándose, en beneficio de sus intereses imperialistas, en hundir a la joven república, en un estado de atraso económico y de desunión nacional.

Gran Bretaña y la esclavitud

También para los Chamberlains de ese tiempo, la expropiación de los esclavistas aparecía como una diabólica medida «bolchevique». En realidad, la tarea histórica de los del norte consistía en limpiar el terreno para un desarrollo de la sociedad burguesa democrático e independiente. Precisamente esta tarea está siendo resuelta en esta etapa por el gobierno de México. El general Cárdenas es uno de esos hombres de estado, en su país, que han realizado tareas comparables a las de Washington, Jefferson, Abraham Lincoln y el general Grant. Y, por supuesto, no es accidental que el gobierno británico, también en este caso se encuentre a sí mismo al otro lado de la trinchera histórica. 

Por absurdo que parezca, la prensa mundial, y particularmente la francesa, continúa arrastrando mi nombre alrededor de la expropiación de la industria petrolera. Si ya he negado esta estupidez, no es porque le tema a la «responsabilidad», como insinuó un locuaz agente de la GPU. Al contrario, consideraría un honor asumir, aunque fuera una parte, de la responsabilidad de esta medida valerosa y progresista del gobierno mexicano. Pero no tengo las menores bases para ello. Supe por primera vez del decreto de expropiación por los periódicos. Pero, naturalmente, esta no es la cuestión.

Dos objetivos perseguidos

Se proponen dos metas al involucrar mi nombre. Primero, los organizadores de la campaña desean impartirle a la expropiación un colorido «bolchevique». Segundo, se proponen darle un golpe al respeto nacional de México. Los imperialistas se empeñan en presentar el hecho como si los hombres de estado mexicano fueran incapaces de determinar su propio camino. ¡Una psicología esclavista hereditaria, indigna y mezquina! 

Precisamente porque México todavía hoy pertenece a aquellas naciones atrasadas, que apenas ahora se ven impulsadas a luchar por su independencia, se engendran ideas más audaces en sus hombres de estado que la que corresponde a las escorias conservadoras de un gran pasado. ¡Hemos presenciado fenómenos similares en la historia más de una vez!

El semanario francés Marianne, un destacado órgano del Frente Popular francés, llegó a asegurar que en la cuestión del petróleo el gobierno del general Cárdenas actuó no sólo con Trotski, sino también… a favor de los intereses de Hitler. Como pueden ver, se trata de privar del petróleo, en caso de guerra, a las grandes «democracias» de corazón y, como contrapartida, suplir a Alemania y a otra naciones fascistas. Esto no es ni una pizca más sensato que los Juicios de Moscú. 

La humanidad se entera, no sin asombro, que a Gran Bretaña se le ha privado del petróleo mexicano por la mala voluntad del general Cárdenas y no por el propio boicot de Chamberlain. Pero entonces, las «democracias» plantean una forma simple de paralizar el complot «fascista»: ¡déjenlos comprar petróleo mexicano, una vez más petróleo mexicano y de nuevo petróleo mexicano! Para cualquier persona honesta y sensible estaría ahora fuera de toda duda que si México se encontrase forzado a vender oro líquido a los países fascistas, la responsabilidad de este acto recaería total y completamente sobre los gobiernos de las «democracias» imperialistas.

Iniciativa desde Moscú

Detrás de Marianne y su gente están los instigadores de Moscú. Esto parece absurdo a primera vista, ya que otros instigadores de la misma escuela utilizan libretos diametralmente opuestos. Pero todo el secreto está en el hecho de que los amigos de la GPU adaptan sus puntos de vista a las graduaciones geográficas de latitud y longitud. Si algunos de ellos les promete apoyo a México, otros pintan al general Cárdenas como aliado de Hitler. Desde el último punto de vista, la rebelión del petróleo de Cárdenas debería de ser vista, según parece, como una lucha en favor de los intereses de la democracia mundial.

Sin embargo, abandonemos a su propia suerte a los payasos e intrigantes. No estamos pensando en ellos sino en los obreros con conciencia de clase del mundo entero. Sin sucumbir a las ilusiones y sin temer a las calumnias, los obreros avanzados apoyarán completamente al pueblo mexicano en su lucha contra los imperialistas. La expropiación del petróleo no es ni socialista ni comunista. Es una medida de defensa nacional altamente progresista. Por supuesto, Marx no consideró que Abraham Lincoln fuese un comunista; esto, sin embargo, no le impidió a Marx tener la más profunda simpatía por la lucha que Lincoln dirigió. La Primera Internacional envió al presidente de la Guerra Civil un mensaje de felicitación, y Lincoln, en su respuesta, agradeció inmensamente este apoyo moral.

Trabajadores, apoyen a México 

El proletariado internacional no tiene ninguna razón para identificar su programa con el programa del gobierno mexicano. Los revolucionarios no tienen ninguna necesidad de cambiar de color y de rendir pleitesía a la manera de la escuela de cortesanos de la GPU, quienes, en un momento de peligro, venden y traicionan al más débil. 

Sin renunciar a su propia identidad, todas las organizaciones honestas de la clase obrera en el mundo entero, y principalmente en Gran Bretaña, tienen el deber de asumir una posición irreconciliable contra los ladrones imperialistas, su diplomacia, su prensa y sus áulicos fascistas. La causa de México, como la causa de España, como la causa de China, es la causa de la clase obrera internacional. La lucha por el petróleo mexicano es sólo una de las escaramuzas de vanguardia de las futuras batallas entre los opresores y los oprimidos.


Tesis sobre el papel mundial del imperialismo estadounidense (Extracto) Aprobadas por el Congreso Fundacional de la Cuarta Internacional, 3 de septiembre de 1938

Las principales esferas de actividad del imperialismo yanqui están repartidas entre los continentes de Europa, Asia y América Latina, en los cuales persigue una política conforme a sus intereses generales, y adaptada a las condiciones concretas de sus relaciones con las otras potencias.

En América Latina, aunque se choca con el poderoso rival que constituye Inglaterra y en una menor medida, aunque creciente, Japón y Alemania, EEUU sigue siendo la fuerza imperial dominante. 

EEUU apareció en la escena más tarde que países como España, Portugal, Alemania o Inglaterra, pero a comienzos de siglo ya era capaz de superar a sus rivales. Su rápido desarrollo industrial y financiero, las preocupaciones de las potencias europeas durante la guerra imperialista mundial y su transformación en acreedor mundial durante este período, le ha permitido a EEUU alcanzar la cumbre, estableciendo su hegemonía imperialista en la mayoría de los países de América central, del Sur y del mar del Caribe. 

Proclamó su intención de mantener esta hegemonía contra los intentos del imperialismo europeo y japonés. La forma política de esta proclamación es la doctrina Monroe que, particularmente, luego del despliegue de una política abiertamente imperialista a fines del siglo XIX, fue interpretada uniformemente por todas las administraciones de Washington como el derecho del imperialismo norteamericano de dominar a los países de América Latina, como una etapa hacia la posición de explotador exclusivo. En los países del Caribe centroamericano y del norte de Sudamérica, en particular, esto ha supuesto la reducción de los pueblos a la condición de colonias o semicolonias oprimidas por el imperialismo yanqui y la imposición, a menudo mediante el uso más descarado de la fuerza, de gobiernos que no son más que meras marionetas en manos de Wall Street, respaldados por la intervención diplomática y militar directa del gobierno de los Estados Unidos.

El obstáculo más activo y poderoso para una verdadera independencia de América Latina es el imperialismo yanqui, cuya masa de miles de millones de dólares está invertida principalmente en el hemisferio oriental. El carácter real del capitalismo «democrático» norteamericano se revela claramente por las dictaduras tiránicas de los países de América del Sur, cuya suerte está inextricablemente ligada a la suya, y que durarán tanto como él. Los déspotas sedientos de sangre que oprimen a millones de campesinos y obreros de América Latina, los Vargas y los Batista, no son en el fondo, más que el instrumento político de EEUU, «democrático» e imperialista. 

En países como Puerto Rico, el imperialismo norteamericano provoca y suprime brutalmente al movimiento nacionalista, gracias al gobernador Winshin. La burguesía nacional ascendente en numerosos países de América del Sur, esperando una mayor parte del botín, y luchando por una independencia más completa, es decir, por la posición dominante en la explotación de su propio país, trata, en verdad, de utilizar las rivalidades y los conflictos de los imperialistas extranjeros tras este objetivo. Pero su debilidad general y su apariencia retardada le impiden alcanzar un elevado nivel de desarrollo, que escapa al papel de instrumento de un imperialismo contra otro. No puede encarar una lucha seria contra toda dominación imperialista y por una verdadera independencia nacional, porque teme desencadenar un movimiento de masas de los trabajadores del país, que amenazaría su propia existencia. El reciente ejemplo de Vargas, que intenta utilizar la rivalidad entre EEUU y Alemania, pero al mismo tiempo, mantiene la más salvaje dictadura sobre las masas populares brasileñas, es un ejemplo destacable. 

La administración Roosevelt, a pesar de sus amables pretensiones, no ha aportado ninguna modificación a la tradición imperialista de sus predecesores. Repitió con énfasis la mentirosa doctrina Monroe: ha confirmado su reclamo de derechos monopolistas sobre América Latina en las conferencias de Buenos Aires; ha santificado con su aprobación los abominables regímenes de Vargas y de Batista; su reivindicación de una policía marítima más poderosa en el Atlántico y no solo en el Pacífico, prueba su celo por desarrollar las fuerzas armadas de EEUU para la defensa de su poder imperialista en la parte sur del hemisferio. 

Bajo Roosevelt, la política del puño de acero en América del Sur está recubierta por el guante de las pretensiones demagógicas de amistad y de «democracia». La política del «buen vecino» no es otra cosa que el intento de unificar el hemisferio sur bajo la hegemonía de Washington, como un bloque sólido que lleva a cerrar la puerta de los dos continentes americanos a todas las otras potencias imperialistas. Esta política está apoyada materialmente en acuerdos comerciales favorables, que EEUU se esfuerza en concluir con los países de América Latina, con la esperanza de alejar sistemáticamente a los rivales del mercado. 

El papel decisivo que cumple el comercio exterior en la vida económica de EEUU le impone esfuerzos cada vez más acentuados para excluir a todos los competidores del mercado sudamericano, combinando la producción barata, la diplomacia, la chicana, y si es necesario, la fuerza. Actualmente, esto es particularmente cierto en lo que concierne a Alemania y Japón. Siempre que el conflicto imperialista fundamental en América Latina (especialmente en países como México o Argentina) siga siendo el de Inglaterra y EEUU, ante todo se expresa económicamente en el terreno de las inversiones de capitales. 

En el terreno del comercio exterior, sin embargo, los principales rivales inmediatos de EEUU son Alemania, y en creciente medida, Japón. Dada su situación mundial respectiva, EEUU e Inglaterra pueden colaborar por el momento expulsando de América Latina a Alemania y Japón, pero con la única condición que la colaboración siga estando dirigida por EEUU. En compensación, el imperialismo yanqui apoya parcialmente al imperialismo inglés en el continente europeo.

Al mismo tiempo, la política del imperialismo norteamericano aumentará necesariamente la resistencia revolucionaria de los pueblos latinoamericanos, a quienes va a explotar de manera intensificada. Esta resistencia encontrará la reacción más feroz por parte de EEUU quien intentará suprimirla, y se revelará más claramente aún como el gendarme de la explotación imperialista extranjera, y como el apoyo de las dictaduras indígenas. Así, por toda su actitud, Washington y Wall Street desempeñará un creciente papel reaccionario en los países de América Latina. De este modo, EEUU sigue siendo el amo predominante y agresivo de América del Sur, listo para defender esta posición por las armas contra todo asalto serio de sus rivales imperialistas, o todo intento de los pueblos de América Latina de liberarse de la dominación del explotador. […]

Los partidos de la IV Internacional están a favor de la independencia inmediata e incondicional de Puerto Rico, de las islas Vírgenes, de Filipinas, de las islas de Hawai, Samoa y las otras colonias directas, dependencias y protectorados del imperialismo norteamericano.

La capitulación de la burguesía nacional de Filipinas ante la dominación norteamericana, al igual que el intento de algunos partidos de la burguesía de América del Norte de utilizar el sentimiento de independencia nacional a favor de sus propios objetivos, muestra que una dirección de clase proletaria en los países coloniales será la única garantía para que la lucha por la verdadera independencia nacional sea llevada adelante con fuerza y hasta el final.

Al mismo tiempo, los miembros de la IV Internacional subrayan que ningún país de América Latina o del Pacífico, que ahora se encuentran bajo algún grado de dominación del imperialismo yanqui, puede alcanzar su liberación completa si esta se limita a sus propios esfuerzos. Únicamente una unión de los pueblos de América Latina, orientada hacia una América socialista vivificada, aliada al proletariado revolucionario de EEUU, será lo bastante fuerte para expulsar con éxito al imperialismo de América del Norte. 

De la misma manera, los pueblos del Viejo Mundo no pueden resistir con éxito la presión del coloso yanqui, que los empobrece y los empuja hacia la guerra, más que estableciendo los Estados Unidos de Europa, bajo la dirección socialista del proletariado, los pueblos del hemisferio oriental no pueden asegurar una plena independencia nacional, posibilidades de desarrollo ilimitado y el fin de la explotación de los tiranos extranjeros e indígenas más que uniéndose en la Unión de las Repúblicas socialistas de América.


Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución mundial proletaria 

(Extracto) 

Aprobado por la Conferencia de Emergencia de la Cuarta Internacional, 19-26 de mayo de 1940

El monstruoso crecimiento del armamentismo en Estados Unidos prepara una solución violenta de las comple­jas contradicciones que aquejan al Hemisferio Occidental. Pronto se planteará como problema inmediato el destino de los países latinoamericanos. El interludio de la políti­ca «del buen vecino» está llegando a su fin. [Franklin D] Roosevelt o quien lo suceda se sacarán a breve lapso el guante de terciopelo y mostrarán el puño de hierro. Las tesis de la Cuarta Internacional declaran:

«Sud y Centro América sólo podrán romper con el atraso y la esclavitud uniendo a todos sus estados en una poderosa federación. Pero no será la retrasada burguesía sudamericana, agente totalmente venal del imperialismo extranjero, quien cumplirá este objetivo, sino el joven proletariado sudamericano, destinado a dirigir a las masas oprimidas. La consigna que presidirá la lucha contra la violencia y las intrigas del imperialismo mundial y contra la sangrienta explotación de las camarillas compradoras nativas será, por lo tanto: Por los estados unidos soviéti­cos de Sud y Centro América.»

Escritas hace seis años, estas líneas adquieren ahora una candente actualidad.

Sólo bajo su propia dirección revolucionaria el proleta­riado de las colonias y las semicolonias podrá lograr la colaboración firme del proletariado de los centros metro­politanos y de la clase obrera mundial. Sólo esta colabo­ración podrá llevar a los pueblos oprimidos a su emanci­pación final y completa con el derrocamiento del impe­rialismo en todo el mundo. Un triunfo del proletariado internacional libraría a los países coloniales de un largo y trabajoso período de desarrollo capitalista, abriéndoles la posibilidad de llegar al socialismo junto con el proletaria­do de los países avanzados.

La perspectiva de la revolución permanente no signifi­ca de ninguna manera que los países atrasados tengan que esperar de los adelantados la señal de partida, ni que los pueblos coloniales tengan que aguardar pacientemente que el proletariado de los centros metropolitanos los libere. El que se ayuda consigue ayuda. Los obreros deben desarrollar la lucha revolucionaria en todos los países, coloniales o imperialistas, donde haya condiciones favorables, y así dar el ejemplo a los trabajadores de los demás países. Sólo la iniciativa y la actividad, la decisión y la valentía podrán materializar realmente la consigna «¡Obreros del mundo, uníos!»

Compra América Socialista aquí



America Socialista
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.