El programa agrario estalinista se gana a los campesinos

El siguiente es un extracto de un artículo escrito por Ted Grant en enero de 1949, cuando el Ejército Popular de Liberación de Mao estaba obteniendo victorias en todo el norte de China. Volvemos a publicar este artículo porque anticipó los procesos que conducirían a la toma del poder por parte de Mao y al derrocamiento del capitalismo en China.


Con el espectacular avance del Ejército Rojo chino, los diplomáticos del Departamento de Estado estadounidense y del Foreign Office británico están discutiendo seriamente la posibilidad del colapso total del régimen de Chiang Kai-Shek. Toda la prensa capitalista escribe artículos sombríos sobre la perspectiva de que el norte de China, pasando por el centro hasta el Yangtsé, caiga bajo el dominio estalinista.

En tres años hemos tenido el colapso del imperialismo japonés, el Ejército Rojo ha conquistado Manchuria y la mayor parte del norte de China. La capital china, Nanking, junto a la ciudad más rica de China, Shangai, que cuenta con una población de cinco millones de personas, están cayendo rápidamente bajo el dominio del Ejército Rojo. El territorio que dominan ya los estalinistas tiene una población superior a los 170 millones de personas.

Los capitalistas británicos, con unas inversiones en China que ascienden a 450 millones de libras, están consternados ante la perspectiva de perder este terreno de inversión tan lucrativo. El imperialismo estadounidense, cuya esfera de influencia china decayó con el despertar de otras potencias imperialistas durante la guerra, ha dado al gobierno del Kuomintang una ayuda valorada en 3.000 millones de dólares, un intento inútil de salvaguardar a China para la explotación imperialista.

Pero los imperialistas estadounidenses ahora se dan cuenta de que conceder más ayudas simplemente significa tirar el dinero. Con todas las ventajas y técnicas militares a su favor, en las primeras etapas de la guerra civil que siguió a la guerra mundial, el Kuomintang ha sufrido una derrota tras otra. El régimen del Kuomintang, bajo el dominio dictatorial de Chiang Kai-Shek, representa a los terratenientes feudales y a los capitalistas. Está controlado por una camarilla militar completamente corrupta que oprime a los trabajadores y campesinos, y que al mismo tiempo saquea a sus maestros.

El auge de Chiang

Chiang Kai-shek llegó al poder después de la derrota de la revolución china de 1925-27, donde jugó el papel de principal carnicero de la clase obrera. Lo consiguió gracias a la política de Stalin y Bujarin, y a la dirección del Partido Comunista Chino.

Su política entonces fue la de formar un bloque con los terratenientes, capitalistas y señores de la guerra feudales chinos, supuestamente para defender la lucha contra el imperialismo. En consecuencia, sabotearon los intentos de tomar las fábricas de los trabajadores y los intentos de los campesinos de ocupar las tierras. Un ministro de trabajo «comunista» saboteó las huelgas y castigó a los huelguistas. Un ministro de agricultura «comunista» ordenó disparar a los campesinos que intentaban tomar la tierra.

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El corrupto régimen de Chiang

En el período entreguerras el régimen de Chiang acumuló cada vez más cargas sobre los hombros de los trabajadores y campesinos. En algunas zonas los funcionarios locales corruptos cobraban impuestos a los campesinos con ochenta años de anticipación.

Había un despilfarro constante de riqueza en gastos militares y el débil régimen del Kuomintang demostró ser incapaz de llevar a cabo una lucha revolucionaria contra las incursiones del imperialismo japonés.

El régimen de Chiang se dedicó a implantar una política de terror y robo. En dos décadas degeneró completamente de arriba a abajo y perdió prácticamente la mayor parte del apoyo que tenía entre la clase media.

La situación cambiada por la guerra

Después del colapso de Japón, con cierta ayuda del Ejército Rojo en Manchuria que ayudó a los estalinistas a capturar las municiones japonesas, una gran parte de Manchuria y del norte cayó en manos de los estalinistas. 

El Ejército Rojo chino había llevado a cabo una guerra de guerrillas contra el militarismo japonés durante la guerra y después del colapso japonés se quedó en una posición estratégica para capturar algunas zonas del país. Incluso durante la guerra la principal preocupación de Chiang era el peligro social en casa, cómo ocuparse de los estalinistas y los trabajadores , no estaba claro que Japón cayera derrotado y es bastante probable que hubiera capitulado y llegado a un compromiso con el imperialismo japonés.

Un régimen moribundo

El imperialismo estadounidense ayudó a Chiang con municiones y otros suministros, incluso con la intervención militar directa en el transporte de tropas del Kuomintang a Manchuria y el norte de China, en concreto la flota y fuerza aérea estadounidenses. Chiang al principio consiguió algunos éxitos, pero todo fue en vano. Estaba al mando de un régimen moribundo más arcaico que incluso el régimen zarista ruso. El régimen estaba tan corrompido que una gran parte de los suministros eran vendidos por los funcionarios a los ejércitos estalinistas a cambio de oro, los ministros y funcionarios del gobierno de Chiang se quedaban con una gran parte de los dólares que EE UU enviaba para la guerra. Sólo una pequeña parte de los suministros y municiones llegaban a las tropas nacionalistas que se encontraban en el frente.

Los oficiales del ejército intrigaban entre sí, como ocurre en todos los regímenes condenados. Chiang, por ejemplo, privó de municiones al general Fu Tso Yi, el único general destacado que realmente tenía capacidad en el ejército nacionalista, por temor a que pudiera sustituirle. A los generales les superó la estrategia y las tácticas del Ejército Rojo.

Las cuestiones sociales

Sin embargo, la razón principal para la victoria de los estalinistas chinos en seguida las abordó Mao Zedong: las cuestiones sociales. La «tierra para los campesinos», como en la Revolución Rusa, fue el toque de difuntos para los terratenientes feudales y su régimen corrupto. En gran medida los estalinistas chinos han realizado una revolución agraria. 

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“Atados”

Incluso el News Chronicle (11/12/1948) tiene que admitir lo siguiente:

«Existe descontento entre las filas del ejército nacionalista. Los soldados rasos de Chiang reciben cinco peniques al mes.

En algunas aldeas a los reclutas se les ata en el camino que va hacia los barracones y cuando viajan en tren las puertas de los vagones están selladas para que no puedan escapar».

Naturalmente desertaban con sus armas y cuando se encontraban con el programa agrario de los estalinistas desertaban divisiones militares enteras.

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Los trabajadores son pasivos

Uno de los hechos más destacados de la situación china es la relativa pasividad de la clase obrera. Es verdad que como resultado del colapso de los ejércitos de Chiang estallaron huelgas en las grandes ciudades: Shangai, Cantón, Hankow y Nanking, a pesar de las condiciones represivas. Sin embargo, está claro que cuando los estalinistas avancen hacia las grandes ciudades del Yangtsé, los trabajadores, debido a la ausencia de una alternativa de masas, sólo podrán reunirse alrededor de su bandera. Los trabajadores nunca apoyarán al régimen de Chiang Kai shek.

Todo trabajador socialista apoyará con entusiasmo la destrucción del capitalismo feudal en esta importante zona de Asia, incluso aunque se lleve a cabo bajo la dirección del estalinismo. Sus implicaciones a largo plazo son tan importantes como la propia Revolución de Octubre.

Dos caras de la misma moneda

Al mismo tiempo que se apoya la destrucción del feudalismo en China, hay que insistir en que debido a la dirección de los estalinistas de este proceso sólo saldrá una horrible caricatura de la concepción marxista. No es una verdadera democracia, sino un régimen totalitario tan brutal como el de Chiang Kai Shek. Como ha ocurrido con los regímenes de Europa del Este, Mao verá en Rusia a su modelo. Sin duda, conseguirá un tremendo avance económico. Pero las masas, tanto obreras como campesinas, serán esclavizadas por la burocracia.

Los estalinistas están incorporando a su régimen a antiguos militaristas feudales, elementos capitalistas y oficialidad burocrática de las ciudades que ocuparán puestos de privilegio y poder.

[…]

El hecho de que los trabajadores y los campesinos no tengan ningún control democrático y que la tiranía totalitaria se haya sobre-impuesto a la barbarie asiática y crueldades del antiguo régimen, provoca la existencia de esta posibilidad. Sin embargo, parece probable que los elementos capitalistas sean derrotados debido a la tendencia histórica a la decadencia del capitalismo mundial. La impotencia del imperialismo mundial se puede ver en que mientras intervino directamente contra la Revolución China de 1925-27, hoy ve impotente el colapso del régimen de Chiang.

Sin embargo, es bastante probable que Stalin tenga en sus manos a un nuevo Tito. Los comentaristas capitalistas astutos ya están especulando sobre esta posibilidad, aunque sólo les proporcione un gélido alivio. Mao tendrá una base poderosa en China, con sus 450-500 millones de habitantes y sus recursos potenciales, y con el apoyo indudable de las masas con el que contará su régimen en las primeras etapas. Así que los nuevos conflictos y enfrentamientos serán de ayuda para que la clase obrera mundial comprenda la verdadera naturaleza del estalinismo.

El equilibrio de fuerzas ha cambiado

El equilibrio de fuerzas mundial está cambiando de forma decisiva. El efecto de la revolución china, por muy distorsionado que sea, preparará inevitablemente el camino para los levantamientos en una Asia ya asolada por las guerras coloniales de independencia y las guerras civiles entre las clases de la sociedad asiática. El imperialismo se verá irremediablemente debilitado.

Hace muchas décadas, Marx escribió que la revolución en China podría presagiar el colapso del capitalismo en Europa. El editorialista del Daily Telegraph, el 30 de noviembre de 1948, escribió con aprensión sobre su efecto en Europa occidental:

«Incluso la derrota de los esfuerzos comunistas por controlar Europa occidental difícilmente podría compensar la pérdida de China, con su inmensa población y, en Manchuria, su valioso potencial industrial».

En Shanghái, Cantón y otras grandes ciudades, los trotskistas han establecido grupos entre los trabajadores con bastante influencia en algunos de los sindicatos ilegales. Se mantienen fieles a los principios de Marx y Lenin. Están estableciendo la tradición del movimiento marxista que, a largo plazo, conducirá al derrocamiento por medios revolucionarios del régimen burocrático del estalinismo y al establecimiento de un Estado obrero sano en el que el control democrático estará en manos de las masas.

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