La «crisis del gasolinazo»: con las multinacionales y el imperialismo o con los trabajadores y el socialismo

«Un sacudón político” que habría demostrado y manifestado que en Bolivia “no hayamos salido de la lógica neoliberal”. (1) Con éstas y otras críticas aun más duras, el ex viceministro de Planificación y asambleísta constituyente Raúl Prada expresaba el rotundo rechazo popular al aumento de casi un 100% del precio de los carburantes en Bolivia, decretado por el gobierno el 26 de diciembre de 2010 y abrogado a pocas horas de finalizar el año pasado en medio de una oleada de protesta y movilizaciones y frente a la amenaza de una huelga general indefinida con marcha de mineros a La Paz y paro de la actividad extractiva en el país. Raúl Prada tiene razón: este brusco e inesperado intento de duplicar el precio de los carburantes en el mercado interno, este gasolinazo como mas comúnmente se le ha denominado, ha tenido ya y tendrá en el próximo futuro muchas y significativas consecuencias políticas.

El gasolinazo evidenció las divisiones en el gobierno y en el MAS (Movimiento al Socialismo), que maduran con la misma velocidad con que maduran las contradicciones generales del proceso revolucionario que vive Bolivia. Reveló ante los ojos de sectores cada vez más amplios de trabajadores y campesinos, que es imposible satisfacer las expectativas populares dejando intacto el poderío económico de las multinacionales. Puso al descubierto la realidad de un país todavía pobre y aun más dependiente, realidad que desvanecía en la niebla de estadísticas macroeconómicas que son el orgullo del Ministro de Economía Arce. Alentó el movimiento obrero a la intervención activa en el proceso, a pesar de las divisiones y de la confusión que todavía reinan en la dirigencia de la Central Obrera Boliviana, más bien rebasando esta misma dirección. Aunque Raúl Prada tenga razón en afirmar que estas lecciones políticas deban todavía ser maduradas en la consciencia de las masas, podemos decir sin lugar a dudas que lo que vivimos en la última semana del pasado diciembre, para empezar, no está nada mal.

Un giro de 180º en la política del MAS

El precio de los carburantes y su disponibilidad en el mercado interno son cuestiones incendiarias en Bolivia. Entre 1985 y 2000 el precio de los carburantes en el mercado nacional se incrementó en un 400%, producto de los gasolinazos de fin de año con los cuales los gobiernos de turno buscaban subsanar el déficit fiscal permanente del Estado. Las subvenciones estatales para estabilizar el precio de los carburantes en el mercado interno fueron introducidas a finales de los 90 por el último gobierno de Banzer para desactivar las crecientes señales de movilización popular, que desembocaron en la guerra del agua, beneficiando al mismo tiempo al sector agroexportador y latifundista del Oriente.

En enero de 2005, el sucesor constitucional de Goni, su ex vicepresidente Carlos Mesa, había aumentado por última vez el precio de los carburantes congelando al mismo tiempo a 27 dólares el precio del barril de petróleo en el mercado interno. En aquella ocasión, el MAS y Evo Morales retiraron el apoyo externo al gobierno de Mesa por considerar el aumento decretado por este último “un atentado a la economía de la familia boliviana”. Se trataba de un aumento del 10%, diez veces menos de lo que quería aplicar el propio gobierno del MAS, pero que entonces fue suficiente para que, por primera vez desde la inconclusa revolución de Octubre de 2003, Evo Morales exigiese públicamente acortar el mandato presidencial de Mesa y convocar a elecciones.

En aquella ocasión quedó claro que el haber renunciado en 2003 a tomar el poder cuando era posible, sólo había servido para dar tiempo a otras fuerzas para organizarse e intervenir en el proceso. La oligarquía agroindustrial y exportadora del Oriente y de Santa Cruz de la Sierra en particular, ante el vacío político determinado por el sustento que el MAS brindaba al gobierno constitucional de Mesa, pudo consolidar un apoyo de masas en una movilización que nacía en contra del dieselazo de Mesa, para acabar por forjar el movimiento autonomista organizado en las bandas fascistas de la Unión Juvenil Cruceñista.

Subvenciones y contrabando

Estos son los motivos del desconcierto en la propia base del MAS frente al brusco giro en la política del partido. Al anunciar el aumento de precios, el vicepresidente Álvaro García Linera explicaba que esta medida tenía como objetivo la defensa de la economía nacional frente al desangramiento de las arcas del Estado ocasionado por el irrefrenable fenómeno del contrabando. En Bolivia, gracias a las subvenciones, el litro de gasolina cuesta 0,60 ctvs. de dólar aproximadamente, la mitad o hasta un tercio de lo que cuesta en los países limítrofes, particularmente Argentina, Brasil y Perú, hacia los cuales, según cálculos del gobierno que no han sido explicados, fluirían por contrabando 150 millones de dólares al año, que representarían la mitad del monto que Bolivia gasta para subvencionar el precio de los carburantes en el mercado nacional.

Sin embargo, como quedó claro en los días sucesivos a la promulgación del gasolinazo, no es el contrabando el verdadero problema, aunque al contrabando el gobierno siga atribuyendo la urgencia de una decisión dolorosa y supuestamente “necesaria y patriótica”. En primer lugar si el contrabando fuese la razón principal de este gasolinazo no se entiende porque hayan tenido que aumentar también el precio del jet fuel, el carburante para aviones. Nos parece bastante improbable que este combustible especial sea contrabandeado por medio de llamas por los angostos caminos andinos.

Según cálculos de expertos, lo que se ha gastado en realidad en subvenciones para diesel y gasolina han sido montos de aproximadamente 81 millones de dólares en 2009 y 220 millones en 2010. Los 150 millones de dólares que supuestamente se perderían en contrabando corresponden a 780 mil litros de diesel por día, el equivalente de 52 cisternas de 15.000 litros de capacidad, cifras que son evidentemente una exageración. El autor de estos cálculos, Francesco Zaratti (2), fue asesor del gobierno de Goni en las capitalizaciones, pero esto no le quita validez y credibilidad a los números, basados además en una fuente oficial, el informe escrito a la Asamblea Legislativa del actual Ministro de Hidrocarburos Vincenti, descargable de la página web del ministerio.

El contrabando y el estado

El contrabando sin embargo existe y la verdadera cuestión política no es el debate sobre las cifras reales de su magnitud. De hecho lo que ni los expertos burgueses ni los funcionarios del gobierno admiten es el total fracaso de la lucha al contrabando basada en las instituciones del Estado burgués. El gobierno ha fortalecido las Aduanas asumiendo militantes del partido, y ha desplegado a lo largo de los puestos fronterizos muchos militares a los cuales se han hecho muchas concesiones para conquistar su lealtad, lo cual ha significado un aumento respecto a 2001 del 123% del gasto militar de Bolivia, concentrado sobre todo en el pago de sueldos, bonos y beneficios de diferente naturaleza a los uniformados.

¿Qué resultados ha dado esta política de lucha al contrabando en el marco de un Estado burgués? En los últimos años han cambiado 3 directorios de Aduana y decenas de funcionarios, todos involucrados en actos de corrupción en los que fue encausado hasta un ex ministro (Quintana) por el caso de algunos camiones que llevaban mercancía de contrabando a Brasil a través de la frontera con el departamento de Pando. Los comités cívicos de Puerto Suarez y otros municipios fronterizos, así como de choferes han denunciado públicamente que son los propios militares –encargados en las fronteras de la distribución de carburantes– los principales contrabandistas. Sin una auténtica democracia obrera, directa, basada en las asambleas populares y el control social y democrático de la producción y distribución de los bienes de consumo por parte de la clase trabajadora, el contrabando será siempre inevitable, así como la corrupción. Esta es la lección y la consigna que el movimiento obrero y las masas populares deberían levantar frente al espectro de las sanguijuelas contrabandistas que el gobierno agita para justificar la necesidad del gasolinazo.

Una victoria de las multinacionales

Los verdaderos móviles de este abortado gasolinazo están en la cifras de producción y consumo de hidrocarburos, de las cuales se desprende de manera inequívoca el saboteo productivo de las multinacionales y el carácter imperialista de su presencia en Bolivia, pese a la existencia de nuevas “reglas” y un nuevo gobierno.

En estos últimos años el consumo de carburantes en el país, gasolina y diesel, se ha incrementado a tasas del 8% por trimestre mientras la producción ha decaído constantemente orientándose siempre y solo al mercado exterior. La producción de crudo en 2005 era de aproximadamente 50 mil barriles por día, en 2010 fue de 41 mil escasos, un 20% menos. La producción de gas natural en 2010 fue levemente superior a la de 2009 –39 millones de metros cúbicos (MMm3) diarios frente a 34 MMm3 – pero esta mayor producción respondió solo a una mayor demanda del mercado exterior. De hecho la entrega a ducto (exportación) se incrementó un 13% mientras la conversión a líquido se mantuvo siempre constante, pese a la creciente demanda del mercado interno.

Los principales campos productores de gas y licuados son Sábalo y San Alberto, ambos gestionados por PETROBRAS. De hecho Brasil es el principal destino de los hidrocarburos bolivianos con aproximadamente 30 MMm3 diarios exportados. La empresa nacional YPFB, llamada a solventar la política de bonos, a hacerse cargo de las deudas dejadas por las distribuidoras de hidrocarburos nacionalizadas (como TRANSREDES que al momento de la nacionalización tenía deudas de 280 millones de dólares) y a mantenerse lejos de los campos con mayor producción operados por las multinacionales, es incapaz de hacer frente a la creciente demanda del mercado interno.

Como consecuencia, Bolivia, que posee la segunda reserva de gas de América Latina, tiene que gastar una cuarta parte de sus entradas fiscales por hidrocarburos para importar a un costo mayor derivados del gas y petróleo que ella misma exporta. Por ejemplo, exportamos a la Argentina nuestro gas a precio de convenio y reimportamos de la Argentina el GLP (gas de garrafa) para aproximadamente 60 mil de las 123 mil garrafas de consumo diario en Bolivia, a precio de mercado mundial. Estas son las cifras de un negocio redondo para las multinacionales, de un saqueo imperialista que sigue controlando los recursos naturales del país.

Tras una lucha a brazo torcido

El razonamiento de ministros como Luís Arce es tan claro como clara es la victoria del saboteo productivo de las multinacionales. No podemos – dice Arce – exigir a las multinacionales que inviertan trabajando a perdidas. Si el barril de petróleo cuesta 90 dólares en el mercado internacional ¿Quién invertiría para vender a 27 dólares en el mercado interno que se traducen en 10 dólares efectivos de ganancia, insuficientes hasta para cubrir las inversiones? La “nivelación” del precio de los carburantes en Bolivia serviría para estimular las inversiones de las multinacionales, en el marco de una economía mixta con un fuerte papel de “papa Estado” como dice Arce. Y sin embargo es “papa Estado” el que va capitulando dando continuos pasos atrás frente al saboteo productivo de las multinacionales.

Cuando fue promulgado el Decreto Supremo “Héroes del Chaco”, en medio de fuerte críticas por la izquierda a una nacionalización a medias que efectivamente elevaba la imposición fiscal sobre las multinacionales sin expulsarlas, escribíamos “incluso esta nacionalización a medio camino es demasiado para los intereses de las multinacionales y enfrenta al gobierno boliviano con ellas”. (4) A un año de la nacionalización, haciendo un primer balance escribíamos: “apoyamos este movimiento del gobierno boliviano como un paso adelante, un preludio de nuevos acontecimientos. Las empresas comenzaron a ejercer una presión feroz al gobierno boliviano, con el apoyo activo de los gobiernos que representan sus intereses”. (5)

Esta lucha a brazo torcido entre multinacionales y gobierno ha llevado desde un principio a este último a desconocer los resultados de auditorías que demostraron daños económicos por 800 millones de dólares al Estado, aprobar contratos de explotación que dejaban a YPFB en la efectiva incapacidad de “controlar los volúmenes de producción y exportación de hidrocarburos” como reza el decreto nacionalizador. En fin, a la expulsión del gobierno del ministro Andrés Soliz Rada –exponente reconocido de la Izquierda Nacional– que fue el redactor del decreto y acabó por ser obligado a la renuncia por la presión conjunta de la embajada de Brasil y norteamericana. (6)

¿Estimular las inversiones?

Mientras las masas veían por un lado el peligro de una derecha al acecho y por otro los beneficios de esta nacionalización parcial, concretados en las políticas de bonos sociales y de combate a la pobreza extrema, cualquier discurso sobre la necesidad de completar la expulsión de las multinacionales era considerado a veces un extremismo inútil. Sin embargo con este abortado gasolinazo esta percepción va cambiando. El gasolinazo de hecho fue percibido por las masas como la más importante victoria de las multinacionales desde la guerra del gas de Octubre de 2003.

En un interesante artículo critico, (7) el ex viceministro de Tierras Alejandro Almaraz (recientemente alejado del gobierno por las presiones del campesinado acomodado que rechaza su inclinación hacia la titulación colectiva de la tierra) cuestionando la demagogia del gobierno sobre el uso social que se podría hacer del dinero que financia las subvenciones a los carburantes preguntaba “¿Cuántos hospitales, kilómetros de carretera y conexiones de agua potable se podrían financiar con los, por lo menos, 1.500 millones de dólares” que Bolivia devuelve a las multinacionales por inversiones que nunca llegan? ¿Y con los montos todavía desconocidos de devolución del IVA y otros impuestos? Y no son las únicas concesiones.

Para estimular las inversiones, el gobierno está prácticamente rompiendo sus relaciones con una de las organizaciones fundadoras del MAS, el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), que ha denunciado al Estado boliviano ante las Naciones Unidas por violación del artículo de la nueva Constitución Política del Estado que impone la “consulta previa” a las comunidades originarias para permitir a las multinacionales la exploración y explotación de recursos en áreas declaradas “comunitarias”. Es que a las multinacionales no se le puede pedir que traten con “indios” si se quiere garantizar su inversión. Así el gobierno pasa por alto un principio constitucional por el cual el mismo MAS peleó en la Asamblea Constituyente. Y la lista de las concesiones es todavía más larga. Como se suele decir, “la debilidad invita a la agresión” y las vacilaciones del gobierno así como la corruptibilidad de muchos de sus funcionarios están dando a entender a las multinacionales que pueden obtener más.

¿Una economía mixta?

El saboteo productivo de las multinacionales no es el único problema que afecta al país y su economía. Según el Plan Nacional de Desarrollo que proyectaba “grandes avances” hacia la industrialización, la inversión combinada (pública y privada) debía crecer hasta volver a los niveles de 1998 en que representaba un 23% de toda la riqueza nacional. La inversión pública se pierde en la maraña burocrática y nunca sobrepasa el 70% de lo presupuestado, la privada que debía ser del 8% ya a partir de 2007 nunca ha superado el 5% (datos UDAPE). En junio el Ministerio de Minería ha informado que la inversión minera ha decaído en un 80% en 2009 (Fuente: BCB y Ministerio Minería).

La perspectiva de una economía mixta en que el fuerte papel estatal vaya gradualmente absorbiendo a la economía privada orientándola a la satisfacción de las necesidades básicas de trabajadores y campesinos está mostrando en su verdadero rostro: una ilusión. Aunque el ministro Romero afirme que el “prescindir de los empresarios sería un fracaso para el gobierno”, es justamente la propiedad privada de los medio de producción lo que está imponiendo al gobierno la capitulación frente a las lógicas de libre mercado y del capitalismo.

El caso del azúcar y del maíz es emblemático aunque no sea el único. En los años pasados con el fin de orientar la producción de estos alimentos a la soberanía alimentaria del país el gobierno impuso un control a las exportaciones. El resultado ha sido que la producción de maíz ha decaído tanto que ahora Bolivia necesita importar este producto. Al mismo tiempo, según informe de la Autoridad de Fiscalización de las Empresas, es decir del propio gobierno, los 4 ingenios azucareros privados de Bolivia, concentrados en el Oriente, habrían reconvertido la producción al bioetanol, generando una escasez de azúcar y la necesidad
de importar millones de toneladas de este producto desde Brasil y Argentina.

La burguesía nacional y el gasolinazo

Santa Cruz de la Sierra es justamente el principal consumidor de diesel subvencionado (41% del consumo interno) destinado particularmente a su industria agroexportadora. Sin embargo han sido los mismos economistas burgueses los que han presionado ya desde principio del año pasado para que se levantasen las subvenciones a los carburantes. Durante los cinco días de movilizaciones, el papel tanto de la derecha como de la burguesía nacional ha sido secundario, con la sola excepción del Movimiento Sin Miedo (MSM), partido político de centro de la burguesía urbana ex aliado del MAS, que ha movido a sus militantes, particularmente en El Alto y La Paz, para ganar protagonismo en la lucha popular.

Los empresarios del transporte pesado, así como los agroindustriales, han quedado a la expectativa, no han parado, conscientes que esta capitulación frente a las lógicas del libre mercado les proporcionaría una dote que sólo tenían que esperar para cobrar. El autotransporte que paró fueron los pequeños propietarios de transporte urbano, taxistas y chóferes dueños de su propio minibús. Las empresas de transporte urbano aumentaron las tarifas entre un 60 un 150 por ciento y listo, seguían trabajando.

De hecho el gobierno ya tenía listas importantes concesiones a la burguesía nacional: proponía al autotransporte descuentos fiscales y otras facilidades, mientras ofreció a los agroindustriales comprar el 100% de su cosecha a un precio del 110% respecto al mercado internacional. El único sector de la burguesía nacional que jugó a amplificar el caos fueron los bancos. Misteriosas llamadas de funcionarios de algunos de los bancos nacionales invitaban sus clientes a retirar sus depósitos frente a las amenaza de un corralito. En 5 días fueron retirados aproximadamente 400 millones de dólares.

¿Cómo se explica esta situación? La burguesía nacional es capaz de poder sostener un levantamiento de las subvenciones y que esto en el panorama productivo nacional fortalecería al latifundio frente a la pequeña propiedad agraria, y sin embargo no querían dejar escapar la posibilidad de echar leña al fuego de la inestabilidad, para desacreditar al gobierno. Tras el fallido intento de golpe de Estado del 2008 y frente a la fortaleza de las masas de un lado y las divisiones en el ejercito por el otro, la burguesía nacional está utilizando todo su poderío económico para condicionar la actuación del gobierno, saboteando la economía y apoyándose en el ala derecha del MAS, para desgastarlo y romper el vinculo de ese partido con las masas.

El gasolinerazo

Evidentemente estos lazos no se han roto. Conversando con trabajadores, amas de casas y todo el pueblo movilizado contra el gasolinazo su sorpresa e incredulidad se combinaban siempre con un sentimiento, todavía fuerte, de confianza en Evo Morales. De hecho gasolinazo entre las masas se pronunciaba “gasolinerazo” aludiendo al hecho que fue el vicepresidente Linera quien lo promulgó en ausencia de Evo Morales. Hubo también el caso de una vidente que conquistó las primeras planas de los principales matutinos de Bolivia afirmando haber “visto” en su esfera de cristal las conspiraciones del vicepresidente para liberarse de Evo y hacerse con el poder gracias a los efectos del gasolinazo.

Más allá de estas notas de folclore, este gasolinazo ha dejado al descubierto la existencia de corrientes en el gobierno que no son nada más que un reflejo de las divisiones dentro del MAS, cuyo carácter es cada vez más agudo. Es evidente que Evo Morales estaba informado de la intención de proceder a este aumento del precio de los carburantes, sin embargo, versiones posteriores a su abrogación apuntan a que el Presidente habría considerado un aumento gradual y no tan brusco, postura defendida con testarudez por Arce y Oscar Coca, Ministro de la Presidencia. (8)

Evidentemente, la inesperada rapidez con la cual fue abrogado el gasolinazo es otra prueba del hecho que el Presidente y sectores del gobierno no estaban convencidos de poder sostener la presión popular como en otras ocasiones. El hecho de que Evo haya ratificado a todo su gabinete, evitando que sus ministros se sometieran como cada año al juicio de las organizaciones sociales, es un intento débil de cerrar filas para evitar debilitar más al gobierno.

Evistas y Lineristas

En los últimos meses, la CONAMAQ planteó la posibilidad de recurrir a un referéndum revocatorio para medir el apoyo del vicepresidente Álvaro García Linera. Muchas organizaciones sociales, de entre las fundadoras del Movimiento Al Socialismo, han exigido en estos primeros días del nuevo año cambios radicales en el gabinete de gobierno y la expulsión de ministros como Arce por ejemplo. Superficialmente, podría parecer que estas divisiones son simplemente parte de una lucha por el poder, sin embargo el carácter de clase de las mismas se hace cada vez más claro.

La ilusión de una economía mixta en la que puedan convivir las expectativas populares y el sagrado derecho al lucro capitalista está imponiendo al gobierno una serie de concesiones a sectores empresariales y las multinacionales con el fin de reactivar el aparato productivo. Pero como dice el viejo refrán, “quien es amigo de todos no es amigo de nadie”. Si se quiere estimular la inversión privada en la minería por ejemplo se tienen que contener los reclamos de los trabajadores mineros. De igual manera si se quiere conquistar la autosuficiencia alimentaria sin expropiar el latifundio, pues este es el único con la capacidad productiva para poder incrementar la producción, entonces se le hacen concesiones que chocan con las aspiraciones del campesinado pobre y sin tierra.

Estos últimos sectores son los que más resueltamente apoyan a Evo Morales, son los evistas, los que consideran que el fondo del problema es que hay un entorno palaciego alrededor de Evo que le pinta una realidad que no existe, lo tienen como rehén y le impiden profundizar el proceso. Por el otro lado, está el campesinado acomodado y la burocracia de funcionarios del partido que quieren una normalización, los últimos para consolidar sus pegas, los primeros porque en fin hacen negocios con el latifundio y no ven la necesidad de expropiarlo.

García Linera es el principal referente de este sector. Cuando un “linerista” como el viceministro de coordinación con los movimientos sociales Cesar Navarro, repitiendo las elucubraciones sobre el supuesto “nuevo Estado” y la “vía nacional al socialismo” que hace Linera, afirma que es necesario desplazar a la burocracia neoliberal con una burocracia estatal forjada en el MAS para destrancar el proceso, no hace nada más que dar cuerpo a las ambiciones oportunistas de los “nuevos” masistas. Uno de los efectos más evidente del gasolinazo ha sido justamente el de hacer aflorar definitivamente estas divisiones al interior del partido, comenzando a marcar su carácter de clase.

Prada y Almaraz

Raúl Prada no es simplemente un exponente, aunque de segunda fila, de la dirección del MAS. Es también un miembro de aquel influyente círculo de intelectuales (“La Comuna”), organizado alrededor de García Linera, que ha dado un perfil ideológico al MAS. Almaraz era un punto de referencia para los sectores de campesinos originarios. Sus pronunciamientos públicos son por esto más relevante y abren nuevas perspectivas en la batalla en el partido.

En estos años, el MAS ha vivido muchas divisiones y escisiones internas. Diferentes dirigentes con proyección de masa, particularmente en el sector campesino, han dejado el partido frente a lo que percibían como traición del proyecto histórico del MAS. Sin embargo, estos abandonos dejaron al MAS y su militancia bajo un control cada vez más firme de la burocracia, cuya base de maniobra entre funcionarios estatales, organizaciones sociales y militancia del partido, se acrecentaba. Filemón Escobar, Román Loayza, Lino Villca, Félix Patzi son algunos de los nombres de estos disidentes que de manera precipitada abandonaron el escenario de la lucha en el partido para dar lugar a alternativas justamente consideradas confusas por las masas. Loayza por ejemplo, ex dirigente nacional campesino y cofundador del MAS, salió del partido primeramente protestando contra el abandono de la Agenda de Octubre, para luego establecer negociaciones con los propios agroindustriales golpistas del Orientes ofreciéndose como “indio útil” para descarrillar el proceso.

Prada y Almaraz, por el momento, mueven sus críticas en el marco del partido. Es más, comienzan a adelantar propuestas de carácter reformista avanzado e incluso revolucionario, en el marco de la Agenda de Octubre. Almaraz por ejemplo habla de una nacionalización completa de los hidrocarburos, mientras Prada propone leyes para limitar a un tope máximo las increíbles ganancias realizadas por los bancos en los últimos años de especulación sobre la inflación.

¿Hacia una izquierda en el MAS?

Es una novedad política interesante. El gobierno obtuvo los 2/3 de los votos en unos comicios –de diciembre de 2009– históricos en términos de participación, porque las masas querían fortalecerlo liberándolo de la necesidad de negociar con la derecha parlamentaria. Con la intuición del sentimiento popular del cual da siempre pruebas Evo Morales, sintetizó aquellas elecciones de la siguiente manera ”tenemos ahora una gran responsabilidad frente a la humanidad: acelerar con el proceso de cambio y proclamar el socialismo”. Ese resultado, como pronosticamos, alentaba a las masas a exigir y movilizarse para que el gobierno, su gobierno, pueda satisfacer sus exigencias. Sin embargo la historia de 2010 fue diferente.

Atrapado en una lógica de economía mixta y capitalismo de Estado nacionalista, el gobierno se colocó al otro lado de la barricada de todas las movilizaciones que se produjeron en 2010, de trabajadores por el salario, del departamento de Potosí (el principal departamento exportador de minerales y el más pobre de Sudamérica), de los campesinos e indígenas por la tierra etc. Sin embargo ninguna de estas movilizaciones logró condicionar el actuar del gobierno. Prevaleció siempre una “razón de Estado”, expresión de las presiones económicas del imperialismo y la burguesía nacional, firmemente anclada al papel de una burocracia sindical al servicio del ala de derechas del partido. En ningún caso estas movilizaciones lograron hallar una expresión política dentro del partido.

El gasolinazo ha sido una movilización popular amplia en la que las bases han rebasado su dirección. Aunque el gobierno pensaba que contando con el apoyo de la dirección de la COB o de los sindicatos campesinos pudiese frenar a sus respectivas bases, el gasolinazo ha demostrado lo contrario y la gran vitalidad que existe todavía entre trabajadores y campesinos de Bolivia, que a pesar de no haber lanzado todavía la ofensiva decisiva, no han vivido ninguna derrota significativa en los últimos años. El caso de los cocaleros, de cuyo sindicato Evo sigue siendo presidente, es ejemplar. Tras una día entero de ampliado transmitido por los medios de comunicación, con un Evo Morales evidentemente tan en dificultad como para tener que poner su mandato a disposición, los dirigentes cocaleros anunciaban su apoyo al gasolinazo. En la misma noche había 2 puntos de bloqueo de caminos de sindicatos cocaleros del departamento de Cochabamba.

Esto ha alentado a intelectuales como Prada o Almaraz a intentar dar un horizonte político a este movimiento de masas. En las críticas, particularmente de Prada, se hace repetidamente referencia a la necesidad de volver al “gobierno de los movimientos sociales”, a la democracia interna en el partido, a la posibilidad que “desde abajo” se pueda construir un proyecto emancipador, además de la necesidad de dotarse de un programa para reconducir hacia el socialismo el “proceso de cambio”. ¿Son indicios de que se vaya conformando una corriente de izquierda revolucionaria en el partido? Es temprano para decirlo, lo que si puede afirmarse es que el gasolinazo ha sentado en la consciencia popular la base para ello, y que, a pesar de todas las limitaciones que podamos ver ahora, esta izquierda es no solo oportuna, sino necesaria. Nosotros estaremos en la primera fila, dispuestos a dar la batalla en el partido para construirla.

El peso de la clase trabajadora

El panorama de las consecuencias políticas del gasolinazo no sería completo sin evidenciar uno de sus más importantes resultados, el haber revitalizado a un movimiento obrero asfixiado hasta ahora por el servilismo de la burocracia de la COB. No es una exageración decir que la firmeza con la cual los trabajadores, contra su propia dirección, han luchado en contra de esta posible victoria de las multinacionales, haya sido el elemento decisivo para la abrogación del gasolinazo.

A 48 horas de su promulgación, los mineros de Huanuni ya cruzaban los brazos. Mientras Pedro Montes, dirigente de la COB auto prorrogado por 4 años, buscaba formas de arrebatar concesiones al gobierno para desinflar al movimiento, el sindicato nacional minero (FSTMB) –tras una reunión con Evo– proclamaba huelga general indefinida a partir del 3 de enero de 2011 dando instrucciones a todos sus sindicatos de base a marchar a La Paz. Un movimiento popular con los mineros a la cabeza es insostenible para cualquier gobierno. En un momento de auge de la minería –que representa el 50% del PIB y el 40% de las exportaciones– sería además económicamente insostenible.

Por años hemos luchado contra la corriente de aquellos que –aun definiéndose “marxistas”–, mirándonos con superficialidad y paternalismo, nos decían “sí, los trabajadores, pero este es un proceso y un movimiento campesino”.

Sin embargo veíamos claramente como dentro de las filas del movimiento obrero, particularmente de la vanguardia minera, comenzaban a madurar inquietudes y consciencia, a las cuales intentamos dar organización y referentes políticos. En abril, la FSTMB aprobó una resolución que exigía la nacionalización de San Cristóbal, la principal mina del país. Nosotros logramos que el Congreso Nacional de Juventudes del MAS aprobara la misma resolución.

El gasolinazo barre todas las elucubraciones del pasado e indica al movimiento obrero el camino para colocarse a la cabeza del movimiento popular para reconducir hacia el socialismo el proceso revolucionario del país, contra las tendencias normalizadoras a su interior. Un primer resultado es que el Congreso de la COB, postergado por 3 años, ha sido finalmente convocado para el próximo 1º de Mayo en Cochabamba. Se anuncia batalla. Los mineros junto a otros sectores, frente al dispararse de la inflación tras el abortado gasolinazo, ya han declarado que no aceptarán aumentos salariales hacia unos sectores e inferiores al 25%. Entre el magisterio van cobrando siempre más fuerza las corrientes sindicales de izquierda.

Aunque en la COB siga la peligrosa oscilación entre el más marcado sectarismo hacia el gobierno y el más descarado servilismo, el gasolinazo ha impartido a los trabajadores una lección vital que será decisiva en el futuro: no es la movilización la que hace peligrar al proceso, sino al contrario, es la pasividad la que fortalece a las corrientes oportunistas y pro capitalistas del MAS. En la medida en que los trabajadores encarnen y hagan programa de esta lección su protagonismo será el aspecto decisivo en la lucha política de los próximos meses.

Con las masas hacia el socialismo

Según algunos analistas y sectarios el gobierno ha quedado mal parado tras el gasolinazo. Es irrefutable que en algunas capas de retaguardia de la población este ataque a las condiciones de vida del pueblo boliviano que ha provocado un dispararse de los precios, ha acelerado sentimientos de decepción, abriendo campo a la derecha. Sin embargo el ambiente que pudimos detectar en las multitudinarias marchas de trabajadores, aun en la radicalidad de sus consignas, no nos parece justificar el apresuramiento con el que muchos diarios burgueses declaraban roto “el idilio entre Evo y el pueblo”.

Los trabajadores en sus discursos y pronunciamientos oficiales demostraban firmeza al momento de luchar para impedir el gasolinazo, pero al mismo tiempo preguntaban “¿Cómo es posible que el gobierno de Octubre haga esto?”, “¿Qué podemos hacer para reconducir el proceso?”. Entre los trabajadores hay preocupación, saben que propiciar una caída de Evo podría incluso representar el derrumbamiento del proceso, pero entienden también que o actúan o el proceso se desvía definitivamente. Buscaban de las vanguardias políticas las consignas que les permitiesen compatibilizar estas dos exigencias, como atestigua la excelente recepción que tuvieron nuestros volantes en que reivindicábamos volver a la Agenda de Octubre completando las nacionalizaciones de los recursos naturales, de bancos, minas, fábricas y tierra y la conformación de Asambleas Populares para reconducir desde las bases el proceso.

El único que parece no haber aprendido la lección es el gobierno, que está intentando replantear mini gasolinazos consensuándolos con los movimientos sociales. En el discurso en que se abrogaba el aumento de precios de los carburantes Evo afirmó “nuestro gobierno nace del sufrimiento del pueblo, nace para mandar obedeciendo”. El gasolinazo ha demostrado el espectacular apoyo con que podría contar Evo si impulsara aquellas medidas radicales para “acelerar el proceso de cambio y proclamar el socialismo”. Como decía el titulo de un artículo (9) que publicamos tras la primera victoria electoral del MAS, no se pueden servir a dos amos. El gasolinazo representa para el gobierno un llamado más, el llamado a liberarse de conjeturas teóricas que no llevan a ningún lado, liberarse del condicionamiento del imperialismo y la burguesía nacional y colocarse sin vacilaciones al lado de las masas proclamando el socialismo.

Notas a pie de página

  1. Raúl Prada Alcoreza, La crisis del gasolinazo, en http://www. bolpress.com/art.php?Cod=2011010702.
  2. Francesco Zaratti, Los números de la subvención, en http:// www.elpotosi.net/2011/0108/z_50.php
  3. Datos del Boletín Estadístico de YPFB Enero – Septiembre de 2010, en www.ypfb.gob.bo
  4. El gobierno boliviano toma el control de los hidrocarburos, en http://www.marxist.com/gobierno-boliviano-controlhidrocarburos.htm
  5. Bolivia en la encrucijada, octubre de 2006, en http://www. marxist.com/bolivia-encrucijada.htm
  6. Véase a propósito éste cable de los que tuvo en su poder Wikileaks, publicado en http://wikileaks.ch/ cable/2008/06/08BRASILIA880.html
  7. Alejandro Almaraz, Siete preguntas sobre hidrocarburos, carreteras y otros, en http://www.bolpress.com/art. php?Cod=2011011303
  8. Morales ajusta su gobierno y empieza a saldar cuentas con sus adversarios, de Roberto Carvajal en http://www.bolpress.com/ art.php?Cod=2011010603
  9. “Después de la victoria electoral del MAS: Morales no puede servir a dos amos”, en http://www.marxist.com/boliviavictoria-electoral-mas.htmImagen