Grecia: Diez puntos programáticos para un gobierno de izquierda. Nuestra propuesta

Este documento fue escrito por los marxistas de Syriza y Synaspismos, agrupados en el periódico Epanastasi (Revolución) y la revista Marxistiki Foni (Voz Marxista) como contribución al debate sobre el programa antes de las elecciones griegas del 17 de Junio.

A) Crisis del capitalismo

El importante porcentaje de votos que SYRIZA obtuvo en las elecciones del 6 de mayo y su creciente popularidad en vísperas de las elecciones del 17 de junio no son un fenómeno aislado de la situación mundial. Después del giro a la izquierda en Latinoamérica durante la segunda mitad de la última década y el reciente levantamiento en todo el mundo árabe, lo que estamos presenciando ahora es la radicalización de la sociedad, incluso en el corazón del Occidente capitalista, empezando con Grecia.

Desde la retirada nazi, en 1944, es la primera vez que cualquier partido conectado al heroico movimiento comunista griego haya llegado tan cerca de asumir el poder. Este acontecimiento marca el comienzo del giro hacia la izquierda de las masas trabajadoras de Europa tras la profunda crisis orgánica e internacional del capitalismo.

Los marxistas de la coalición de SYNASPISMOS y de SYRIZA subrayamos repetidamente que la actual crisis económica mundial no es una consecuencia del ‘neoliberalismo’, la ‘corrupción’, la ‘mala administración’, o las acciones temerarias de algunos “pícaros de las finanzas”; es el producto de las contradicciones orgánicas del capitalismo.

La contradicción fundamental del capitalismo es precisamente el carácter social de la producción y el hecho de que la producción opera sobre las bases de la búsqueda del beneficio y que los medios de producción están sujetos a la propiedad privada. El término ‘carácter social de la producción’ significa que el capitalismo, en comparación con anteriores sistemas socio-económicos, transformó los medios de producción a tal grado que requirió un gran número de mano de obra, lo que a su vez condujo al desarrollo de la división internacional del trabajo. Sin embargo, este proceso de socialización de la producción contiene su propia contradicción al funcionar dentro de los estrictos parámetros de propiedad privada en la búsqueda de beneficio privado.

Según Marx, las ganancias son esencialmente la acumulación de trabajo no remunerado. Esto significa que para obtener mayores ganancias, los capitalistas necesitan mantener bajos los costes del trabajo – es decir, los salarios de los trabajadores, restringiendo así el poder adquisitivo y el nivel de consumo de la sociedad en su conjunto. En consecuencia, a través de esta contradicción fundamental entre el carácter social de la producción, por un lado, y la propiedad privada de los medios de producción, por otro, se restringe el consumo masivo. Esto, a su vez, es un factor decisivo en la aparición de las crisis económicas que en el marco capitalista asumen el carácter de crisis de sobreproducción.

De esta contradicción fundamental del capitalismo se deriva también la anarquía de la producción. Bajo un sistema capitalista, la producción y distribución de mercancías no se planifican racionalmente. Cada capitalista produce independientemente de otros capitalistas. Esta anarquía impide el equilibrio entre producción y consumo y, además, contribuye al desarrollo de las crisis de sobreproducción. La tendencia a la restricción del consumo y la anarquía de la producción capitalista operan juntas hasta provocar el estallido de las crisis de sobreproducción. Una consecuencia de esas crisis es la destrucción de una parte de la producción, o la disminución de la producción misma, la eliminación de millones de empleos y el deterioro de las condiciones de trabajo de los trabajadores. Todos estos sacrificios se imponen para garantizar la supervivencia del sistema capitalista.

Como Marx y Engels explicaron en su famoso Manifiesto Comunista hace 165 años, la burguesía, en sus intentos por hacer frente a esas crisis, sólo crea las bases de crisis más profundas y extensas. Eso es lo que hemos presenciado en los últimos tiempos. A fin de evitar una profunda recesión en 2008, la burguesía inyectó sumas astronómicas en el sistema, unos 14 billones de dólares de sus reservas mundiales de riqueza, para financiar a los bancos y grandes corporaciones. Haciendo pagar la factura de todo esto a los trabajadores y pequeña burguesía, la burguesía nacionalizó sus pérdidas. Sin embargo, al hacerlo, han creado grandes niveles de deuda pública a nivel mundial que, teniendo en cuenta la inminente recesión en la economía mundial, es tan difícil de controlar como una bomba explosiva.

De esta manera, es evidente que no tienen ninguna solución efectiva a la crisis. Sus intentos de hacer frente a los síntomas de la crisis: es decir, a la enorme deuda de los bancos y del Estado, cargando más y más el peso sobre los hombros de los trabajadores con planes de austeridad permanente, pobreza y desempleo masivo; sólo hace más exacerbada la crisis y amenaza con llevar a la humanidad hacia la barbarie.

Una vez más, el conjunto de la humanidad se encuentra ante un dilema histórico fundamental en términos cada vez más claros: o la clase trabajadora consciente toma el control de sus propias vidas, planificando racionalmente la economía, o las fuerzas ciegas anárquicas del capitalismo continuarán empujando a la civilización hacia la barbarie.

B) ¿Keynes o Marx? ¡No es posible hoy en día el capitalismo sin austeridad!

Para que el capitalismo sobreviva – es decir, para que las ganancias de los capitalistas permanezcan intactas – no hay otra solución que la austeridad severa y general. Cualquier otra cosa desde una perspectiva capitalista sería totalmente ilógica. Por ejemplo, si los gobiernos burgueses aumentaran el gasto público, estarían estimulando la inflación y un déficit y deuda cada vez mayores. Esta es la razón por la que, como regla general, lo que estamos presenciando hoy en día en todo el mundo no son más que diferentes versiones de estas mismas políticas de severa austeridad.

La burguesía desechó hace mucho tiempo el viejo recurso keynesiano convencional, que implicaba un gasto enorme del Estado con el fin de “estimular la demanda”. Cometen un grave error aquellos que consideran las políticas de Barack Obama como una versión moderna del keynesianismo, ya que parecen olvidar que el Gobierno de los EEUU está aplicando actualmente el programa más grande de recortes en la historia moderna, que asciende a 5 billones de dólares. Además, las políticas de estimulación del ‘crecimiento’ y ‘euro-bonos’ que apoyan los gobiernos burgueses de Francia y otros países de Europa septentrional está lejos de reflejar un nuevo modelo keynesiano; por el contrario, es un intento de transferir el peso de la recesión, que está sufriendo la UE, y de las deudas de la eurozona a los hombros del capitalismo alemán, el más robusto y menos perjudicado de los capitalismos europeos tras la crisis global.

Históricamente, la burguesía ha intentado aplicar políticas keynesianas y ha fracasado. La razón por la cual Estados Unidos fue capaz de salir por sí mismo de la profunda crisis de 1929-33 no fue debido a las políticas keynesianas que Roosevelt adoptó, como algunos han afirmado incorrectamente; más bien, fue la ausencia prácticamente de competidores debido al efecto catastrófico de la Segunda Guerra Mundial. La capacidad de Estados Unidos para recuperarse de la gran crisis tampoco provino de su no participación en la Segunda Guerra Mundial; por el contrario, los capitalistas de EE.UU. – a través de su industria armamentística – se beneficiaron de la guerra mediante la venta de armas.

En el período de posguerra, el keynesianismo no fue sin duda el principal factor que estimuló el desarrollo del capitalismo occidental, sino más bien el desarrollo galopante del comercio internacional. Cuando empezó a contraerse el mercado durante la década de 1970, se puso de manifiesto que la continuación de las políticas keynesianas practicadas hasta el momento provocaba niveles de deuda y déficit mayores. En consecuencia, ante el fracaso del keynesianismo, la burguesía giró hacia políticas “neoliberales” draconianas para estabilizar el capitalismo, más que mantenerse fieles a cualquier posición ideológica. En la actualidad, los reformistas dentro del movimiento obrero y de la izquierda, que apuestan por métodos keynesianos para dar “liquidez” al mercado, se muestran más preocupados por los síntomas de una enfermedad crónica, que por su tratamiento. La crisis no se debe a la falta de “liquidez”; la falta de “liquidez” es un resultado de la crisis capitalista.

La inyección masiva de fondos públicos en la economía sería el camino más corto hacia la quiebra del Estado. Es más, en una economía capitalista en recesión, cualquier interferencia por parte del Estado, como el bombeo de grandes sumas de dinero en la economía es en realidad una inyección de fondos cuyo valor está distorsionado, ya que no refleja el valor real de la producción. Por lo tanto, una enorme inyección de fondos del Estado en un sistema capitalista causa un tipo de inflación que reduce los ingresos y aumenta la deuda.

Los reformistas buscan vías de escape rápidas y fáciles para salir de esta crisis profunda del capitalismo: no existen. Debido a la profunda crisis histórica del capitalismo que estamos viviendo, no puede encontrarse una solución realista y permanente a las necesidades básicas de la población urbana y rural, a menos que se haga de una manera radical que revolucione los cimientos de la sociedad. Un cambio tan radical de la sociedad tendría que ser global para garantizar pleno empleo para todos, la prestación de asistencia sanitaria, la educación y la vivienda, la adecuada protección de los derechos democráticos, el derecho a la cultura, a la dignidad, al cuidado del medio ambiente. La única vía, histórica, hacia el progreso de la humanidad es la de la Revolución Socialista.

C) El estancamiento histórico del capitalismo griego

El capitalismo griego es el “eslabón más débil” dentro de la zona euro, por eso es el que más se acercó al precipicio de la bancarrota. Desde mediados de los noventa hasta el 2008, hubo un desarrollo sin precedentes del capitalismo griego, principalmente debido a la disponibilidad de grandes cantidades de crédito, y barato, que alimentó artificialmente el consumo, particularmente la industria de la construcción, a través de los miles de préstamos hipotecarios que se pusieron a disposición. En 2008, hacia el final de este período de “desarrollo”, el capitalismo griego se había autoproclamado miembro del “club” del capitalismo occidental desarrollado, aunque si bien es cierto, como uno de sus eslabones más “débiles”.

La baja competitividad de este eslabón “débil” se debe, desde un punto de vista histórico, a la incapacidad de la burguesía griega para invertir seriamente en nuevas tecnologías, investigación y desarrollo de la producción industrial. La recesión en Grecia estalló en 2008 como una expresión de una tendencia mundial a la reducción de los medios de producción en tiempos de crisis global.

La profundidad sin precedentes de la recesión que ha golpeado a Grecia confirma el carácter artificial y hueco del desarrollo del capitalismo griego en el período actual. Sin embargo, también se ha visto agravada por los intentos de la burguesía, desde 2009 en adelante, de extraer brutalmente más ingresos de las masas para pagar los préstamos del Estado.

En la actualidad, en Grecia estamos presenciando el más severo programa de recortes jamás visto en el mundo capitalista desde la Segunda Guerra Mundial. El informe del FMI de abril de 2012 sobre Grecia afirma que se aplicará un programa de medidas de austeridad entre 2014 y 2020 con el objetivo de lograr “un superávit primario”; el nivel de los recortes es análogo al de los programas aplicados en Rumania entre 1982 y 1989, durante el régimen bonapartista estalinista de Ceausescu y a los de Egipto, entre 1993 y 2000, durante el régimen burgués del dictador Mubarak.

De acuerdo con cifras oficiales del Banco de Grecia, la reducción del PIB, acumulada entre el cuarto trimestre de 2007 y el primer trimestre del 2012, se acerca al 20%, creando una gran cantidad de pobres y desempleados. Queda evidentemente claro que las políticas extremas y reaccionarias de la “Troika” (FMI-BCE-UE) y el Gobierno están agravando la recesión, y que los recortes monstruosos están provocando una caída del PIB igual de terrorífica.

Pero el programa de austeridad severa que se viene aplicando a Grecia en los últimos años no es una “receta equivocada” por parte de la burguesía. Es un esfuerzo conjunto de los imperialistas occidentales, prestamistas y de la clase dirigente griega, que saben muy bien lo que están haciendo. Calificando este ataque a las condiciones de vida de las masas de “depreciación”, admiten conscientemente que están aplastando los ingresos de los trabajadores y de la pequeña burguesía para pagar el servicio de la deuda pública debido a los préstamos de ladrones y también para asegurarse futuros beneficios para los sectores más poderosos de la clase capitalista.

No obstante, el hecho de que un país tras otro en la zona euro se vea amenazado por el peso de la deuda demuestra que el estancamiento del capitalismo griego simplemente es parte de un impasse capitalista global orgánico. Las perspectivas del capitalismo griego están totalmente ligadas a las sombrías perspectivas de la economía capitalista europea y mundial.

Si los capitalismos europeo y mundial fueran capaces de entrar en un período de fuerte recuperación, habría mayores posibilidades para una solución de la deuda griega, de una forma que no pusiera en peligro el futuro del euro y que permitiera la re-estimulación del desarrollo del capitalismo griego. Sin embargo, en la situación actual en que la economía mundial está entrando en otra recesión mundial, inmediatamente después de la anterior, lo que le espera al capitalismo griego es más quiebras y decadencia.

D) Salida del euro y la repercusión para la zona euro

Hay una fuerte posibilidad para una salida griega del euro. Sin embargo, esto no debería considerarse de forma aislada, sino más bien en el contexto más amplio de la crisis del capitalismo europeo y mundial. El euro fue creado durante un período de auge del capitalismo occidental. En ese período, el incremento febril de los beneficios capitalistas preparó el terreno de las zonas más poderosas del capitalismo europeo – el capitalismo alemán particularmente – para lograr la mayor integración económica de la UE alrededor de una moneda única. El capitalismo alemán, con la ayuda del euro, estableció su dominación en el importante mercado común/interior de la UE y fortaleció su posición dentro de la economía mundial.

Ahora, sin embargo, ha habido un cambio fundamental en la situación con la profunda recesión que se está extendiendo en toda la zona euro, que a su vez está empeorando la deuda nacional. En tales circunstancias, Alemania y, en general, los países capitalistas más ricos del norte de Europa, tendrían que financiar las deudas del Sur durante años a fin de mantener los beneficios del euro. Sin embargo, al hacerlo, el capitalismo europeo del Norte también podría ser arrastrado hacia la recesión. En consecuencia, cuanto más profunda se vuelve la crisis, más insuficiente resulta el maquillaje de la eurozona para las secciones más fuertes del capitalismo europeo y más debilitado resulta así el euro.

En este contexto, Grecia, siendo el eslabón débil en la eurozona, es objetivamente el país que más probablemente sea el primero en abandonar el euro. Pero no es el único. El dramático empeoramiento de la crisis en España indica que la lista de candidatos está creciendo continuamente, y esto a su vez lleva a la perspectiva de una eurozona con menos miembros, un cambio dramático en su formato actual o incluso una completa disolución.

Para resumir, la fuerza que está empujando a Grecia fuera del euro es el actual desarrollo de la crisis del capitalismo a nivel mundial y, particularmente, en la zona euro. La profunda recesión en Grecia – alimentada por la recesión en toda Europa y por las medidas draconianas del “Memorando” – es una expresión de la misma fuerza que está empujando a Grecia en el sentido de volver a una moneda nacional.

Es miope e incorrecto pensar que la salida de Grecia de la eurozona es poco probable simplemente porque esto está en contra de los intereses de las potencias económicas en la UE. Al mismo tiempo, es absolutamente cierto que sería altamente perjudicial para el capitalismo europeo que Grecia u otros miembros abandonaran la zona euro. Aparte de que esa salida sobrecargaría a los Estados y bancos con nuevas deudas, tal desarrollo provocaría también que el coste de los préstamos se dispararía para todos los “socios” y devaluaría igualmente el valor del euro en los mercados mundiales, desestabilizando así toda la economía mundial.

Por eso, los países capitalistas más fuertes de la zona euro, especialmente Alemania, han intentado hasta ahora mantener a Grecia dentro del euro al menor coste posible para ellos. Esto ha significado que el coste lo han pagado las capas más bajas de la sociedad griega, los trabajadores y los pobres. Sin duda, son reacios al abandono de Grecia o de cualquier otro país del euro. Sin embargo, es políticamente incorrecto hacer suposiciones acerca de las perspectivas económicas del capitalismo basándose en lo que la burguesía desearía. Idealmente, la burguesía no habría querido ningún tipo de recesión en absoluto. Sin embargo, debido a las contradicciones de su propio sistema, la recesión es inevitable. Asimismo, la tendencia real a una reducción y debilitamiento de la zona euro tampoco es algo que deseen. Pero, como hemos explicado, es muy probable que suceda dada la realidad de la situación.

Alemania y las demás potencias del Norte de Europa, son plenamente conscientes de que la situación en la que se encuentra el capitalismo griego seguirá empeorando, con unas condiciones internas que conducen al impago y con la necesidad de más préstamos para mantener a la economía griega artificialmente. Por lo tanto, en algún momento se podrían ver obligados a empujar a Grecia fuera del euro, lo que a su vez desencadenaría el desmoronamiento total del euro.

El regreso a una moneda nacional en condiciones capitalistas podría devastar indudablemente las condiciones de vida de la clase obrera griega. Sin embargo, es un falso dilema elegir entre el euro o la dracma. El regreso a una moneda nacional señalaría una nueva y agudizada etapa de la crisis. No hay ningún motivo racional o práctico, por el que la clase trabajadora y las capas más pobres de la sociedad debieran elegir entre el actual escenario de crisis capitalista o la siguiente etapa. La única verdadera opción política para los trabajadores es la siguiente: o un programa para administrar el capitalismo salvaje o un programa para derrocar el capitalismo con la perspectiva de construir el socialismo.

El punto muerto del capitalismo griego ha asumido proporciones terroríficas para las masas trabajadoras. La recesión es cada vez más profunda, los ingresos fiscales están colapsando, el ejército de pobres y desempleados está aumentando y los fondos de pensiones dentro de poco ya no serán capaces de proporcionar las pensiones. En estas circunstancias dramáticas, la clase obrera y los pobres, que han librado duras batallas en los dos últimos años y radicalizado su conciencia política, colocan ahora sus esperanzas en SYRIZA y en un Gobierno de izquierda para su supervivencia.

E) ¡Un gobierno de izquierda tiene que ser un gobierno revolucionario!

Al Gobierno de izquierda no le espera una vía reformista, tranquila y pacífica, como pueden imaginar los reformistas. Desde su primer día en el gobierno, se enfrentarán con la perspectiva inmediata de una guerra despiadada por parte de capitalistas extranjeros y locales. La Troika no va a tolerar grandes cambios. Tal vez ofrezcan un plazo muy corto al Gobierno, junto con algunos cambios en los términos del Memorándum, pero sólo con la idea de persuadir al Gobierno para que ceda y traicione sus lemas de campaña.

No hay el menor margen para una renegociación sustancial del Memorándum. La razón de esto es que si la Troika decidiera suspender la aplicación del Memorándum, entonces estarían enviando un mensaje a todo el mundo de que la elección de un Gobierno de izquierda puede poner freno a los planes de austeridad salvaje aplicados en toda Europa y en el mundo en nombre de la enorme deuda de los Estados. Esto llevaría directamente a un tumultuoso giro a la izquierda por parte de las masas en un país tras otro.

Desde su punto de vista, la clase dirigente griega no aceptará dar marcha atrás a todo lo obtenido con los Memorándum en los dos últimos años, concretamente, la abolición de los convenios colectivos, las reducciones salariales, la inmunidad total en las relaciones laborales, las exenciones fiscales, etc.

Cualquier intento inicial por parte del Gobierno de izquierda de ser fiel a su compromiso electoral para derogar las medidas de los Memorándum provocaría una ofensiva por parte de la Troika y de los capitalistas griegos, ejerciendo una presión asfixiante económica, política y diplomática.

Esta ofensiva conduciría inevitablemente a la suspensión de nuevos pagos de los préstamos de la Troika a Grecia y, por supuesto, “congelaría” cualquier flujo de dinero de la UE a Grecia (tales como el Marco de Referencia Estratégico Nacional –MENR–, las promesas de financiación de “grandes proyectos de desarrollo”, etc.), ya que los capitalistas europeos no financiarán un Gobierno que legisla contra sus intereses.

Tal reacción incentivaría al nuevo Gobierno a dejar de pagar la “deuda” y plantear la cuestión, tarde o temprano, de una nueva moneda nacional. Por tanto, la profundización de la recesión y la crisis capitalista internacional y europea empujarán a Grecia fuera del Euro y se acelerará por consideraciones políticas. Esto se impondrá por la necesidad de atacar a la Izquierda en Grecia e internacionalmente y culparla de ser la responsable de un retorno a la moneda local y de la catástrofe económica que se avecina.

La clase gobernante griega y las grandes empresas extranjeras presentes en Grecia se aliarán e intensificarán un sabotaje económico si el líder de SYRIZA insiste en sus compromisos electorales. Las grandes compañías extranjeras y griegas suspenderán sus operaciones. Intentarán evadir grandes cantidades de capital fuera del país. Cualquier intento del Gobierno de izquierda, como se anunció, por controlar el sistema bancario se combatirá probablemente con una gran y repentina retirada de capital. La recesión se profundizaría bruscamente y se derrumbarían los ingresos del Gobierno. Una capa corrupta de los altos funcionarios sabotearía los intentos de aplicar la ‘reforma de la administración pública’, demostrando que el aparato del Estado burgués, esto es, la policía, el ejército, los tribunales, la burocracia, no se puede convertir en su opuesto.

Sin embargo, la clase dirigente griega no se detendría aquí. Mientras los medios de comunicación sean dejados por el Gobierno de la izquierda en manos del sector privado, se creará un clima de histeria y terror contra la izquierda y contra SYRIZA. Mientras tanto, el ejército y la policía – los brazos armados del Estado – prepararán el terreno para conspiraciones y provocaciones contra el gobierno de toda clase. En estas condiciones y circunstancias, Amanecer Dorado y otros grupos fascistas paramilitares juegan un papel particularmente útil para la clase dirigente. Estas bandas paraestatales desencadenarán una poderosa ola de violencia contra los inmigrantes a fin de crear una atmósfera de odio racial y participar en actos de terror contra los activistas de la izquierda y del movimiento obrero.

Todo esto revela en efecto que la entrada de un Gobierno de izquierda será percibida por la clase dirigente como un acto revolucionario de alto riesgo, incluso si las intenciones declaradas públicamente por el líder de SYRIZA no son realmente revolucionarias ¿Cómo debería enfrentarse un Gobierno de izquierda a este esperado y furioso contraataque de la reacción burguesa?

Sería desastroso responder con pasividad política y sumisión o tener cualquier tipo de ilusiones en la capacidad de los depredadores capitalistas, y sus defensores armados, para respetar la legitimidad democrática. Sólo podría conducir a cansar y frustrar a las masas que se han unido alrededor de SYRIZA y allanar el camino para una ofensiva política de la clase dominante para aplastar al movimiento obrero y a la izquierda.

La clase gobernante griega ha demostrado, históricamente, que puede convertirse en extremadamente violenta si su poder se ve amenazado. Si el Gobierno de izquierda no logra tomar el poder en sus manos, poniendo el control en manos de la clase obrera organizada, entonces, en el siguiente período, el país se verá empujado inevitablemente hacia una dirección autoritaria y hacia regímenes abiertamente bonapartistas.

¡En lugar de tomar este camino peligroso y condenado a fracasar de ‘reforma gradual’ del capitalismo, un Gobierno de izquierda tendría la obligación de convertirse en un gobierno revolucionario!

En las circunstancias actuales, esto significa que el Gobierno tendría que hacer un llamamiento al pueblo para movilizarse y organizarse en cada barrio y lugar de trabajo, para luchar contra el sabotaje inevitable y de todo tipo de la clase dirigente. Tendrían que organizar asambleas en cada barrio y lugar de trabajo para elegir comités de lucha coordinados en las ciudades y a escala nacional y también crear grupos de auto-defensa contra la violencia del aparato del Estado y de las bandas paraestatales fascistas, coordinadas de la misma manera en las ciudades y a nivel nacional.

Al mismo tiempo, SYRIZA debería organizarse inmediatamente como un partido de masas que unifique a las secciones más avanzadas y militantes de la clase trabajadora y la juventud. A través de un sistema de democracia interna y que permita el derecho a expresión de las diferentes tendencias, el nuevo partido debería debatir y decidir sobre el adecuado programa político del Gobierno y sobre las acciones a seguir, con la participación del conjunto de los trabajadores, alentando con ello a participar activamente en el ejercicio del poder y ejercer el control permanente de un gobierno democrático.

Este Gobierno de izquierda y SYRIZA estarán sometidos a una tremenda presión para capitular ante la voluntad de la Troika. El mejor aliado contra estas presiones es la solidaridad de la clase trabajadora europea e internacional. A través de un llamamiento conjunto y constante por parte del Gobierno de izquierda, SYRIZA debería buscar la movilización activa de los trabajadores y los jóvenes en toda Europa, con el objetivo de derrotar la guerra de múltiples caras del capital internacional contra la clase trabajadora griega.

Sobre todo, el Gobierno de izquierda debería dotarse de un programa político y económico adecuado. No necesitamos ningún “plan B” secreto, que sea aplicado si falla el intento, supuestamente – y ya condenado al fracaso – de renegociación de las condiciones de préstamo. Esto sería una estrategia desastrosa para el movimiento que, desprevenido, sería arrastrado a la arena de la reacción burguesa. Ahora necesitamos un programa abierto y público que convenza a los trabajadores de que vale la pena luchar activamente porque sea aplicado.

El antiguo programa mínimo de reformas está muerto. En la profunda e histórica crisis actual del capitalismo, especialmente en las condiciones del capitalismo griego, el “eslabón débil” del capital europeo, cualquier intento de aplicar incluso la más modesta de las reformas, como una moratoria de los Memorándum, provocará, como ya se ha explicado, una guerra implacable por parte del capital local y extranjero.

La respuesta a esta guerra, claramente, sólo puede ser una: la aplicación de un plan para establecer lo antes posible una economía planificada y centralizada democráticamente, nacionalizar las grandes palancas de la economía para reemplazar al capitalismo griego ya obsoleto ¡Esta es la única manera de recuperar unas condiciones de vida decentes para los trabajadores y de encontrar trabajo y dignidad para los cientos de miles de desempleados!

F) Un único camino hacia una economía planificada y nacionalizada democráticamente

El propósito de una economía planificada y nacionalizada democráticamente, es garantizar el trabajo decente y las condiciones de vida para todos los trabajadores. El “sacrosanto libre mercado”, es decir, la irresponsabilidad de las grandes empresas frente al conjunto de la clase obrera y de las capas pobres de la pequeña burguesía urbana, tiene que ser derrocado con el fin de defender a los millones de trabajadores que están siendo empujados diariamente por el capitalismo a los límites de la pobreza extrema.

La economía griega funcionaría, de este modo, sobre las bases de un plan económico coherente, con la participación activa y el continuo control democrático de las masas trabajadoras, tanto en cuestiones económicas locales como a nivel nacional. Los bancos privados serían nacionalizados e integrados en un único banco central del Estado – una fuente de financiación de desarrollo económico. Las grandes industrias en todos los sectores serían expropiadas y transformadas en propiedad social. También podrían ser expropiadas las grandes explotaciones agrícolas y ganaderas, conforme a un plan agrícola y ganadero y basado en satisfacer las necesidades de alimentos de la sociedad griega.

El transporte, las infraestructuras, las telecomunicaciones, la energía, el agua y las riquezas minerales se nacionalizarían y centralizarían. El comercio exterior se convertiría en monopolio del Estado y se utilizaría en armonía con las necesidades sociales, mediante el cual, las importaciones y exportaciones se basarían en las necesidades sociales reales de la sociedad y servirían para desarrollar la capacidad productiva de la economía.

Las grandes distribuidoras serían expropiadas y reemplazadas por una red de distribución nacionalizada, controlada democráticamente por las organizaciones de consumidores de los trabajadores. La educación, la sanidad, la Seguridad Social y el Bienestar Social podrían ser nacionalizados y se prohibiría cualquier actividad especulativa en estas áreas. Se incentivaría a las pequeñas empresas y a los trabajadores autónomos para que se unieran en grandes entidades económicas, basadas en un plan para su gradual asimilación en el sector nacionalizado constantemente en desarrollo de la economía.

Una economía planificada y nacionalizada pondría en práctica lo que es ahora socialmente necesario y vital pero no realizado hasta ahora porque carece de rentabilidad para los capitalistas que controlan la economía. Ello incluiría a todos los trabajadores desempleados, se reduciría la semana laboral para todo el mundo, según fuese necesario para generar el número necesario de nuevos puestos de trabajo. Se utilizaría el potencial creativo y productivo de cientos de miles de trabajadores condenados permanentemente a la inactividad por el capitalismo y se daría lugar a un crecimiento sin precedentes de la economía en unos años.

Sólo el establecimiento de una economía planificada y nacionalizada puede eliminar los factores que conducen a las crisis capitalistas, a saber, la anarquía de la producción y la producción basada en la obtención de beneficios privados. Con una planificación centralizada sería posible realizar las inversiones necesarias en la producción social. Por primera vez, no sólo sería posible configurar un plan coordinado para resolver los graves problemas ambientales creados por el lucro anárquico y despiadado del capitalismo, sino también establecer un desarrollo económico que respete el medio ambiente.

Con la planificación centralizada de la economía, se pueden crear las condiciones para una utilización mejor y un desarrollo más rápido de la tecnología, aumentando enormemente la productividad laboral. El aumento de la productividad permitiría reducir aún más las horas de trabajo, lo que dejaría más tiempo a los trabajadores para participar activamente en la planificación y ejecución de la economía, educarse y también tener más tiempo para descansar y disfrutar de los frutos de su trabajo.

Una economía planificada no es un invento marxista utópico. La experiencia histórica del siglo XX ha demostrado su superioridad en comparación con el capitalismo. Fue una economía centralizada y planificada la que sacó del atraso semi-colonial o colonial a la URSS, China, Europa del Este y Cuba, asegurando un fuerte crecimiento económico y un nivel de vida para su pueblo imposible bajo el capitalismo. El caso más característico es el de la antigua Unión Soviética, donde durante el largo período que va desde la Revolución de Octubre hasta mediados de 1960, la producción industrial se multiplicó por 52 mientras que en el mismo período en los Estados Unidos el aumento fue de sólo 6 veces mayor y el de Gran Bretaña sólo de dos (Ted Grant, Rusia: de la revolución a contrarrevolución).

Sin embargo, también debemos tener en cuenta al mismo tiempo el lado negativo de la experiencia histórica de lo que fueron los Estados obreros burocráticamente deformados. La experiencia ha demostrado que una economía planificada no puede funcionar eficazmente sin el oxígeno de la democracia de los trabajadores. Con el fin de construir una economía basada en el tipo y la cantidad de bienes y servicios que la sociedad necesita y puede absorber, la única manera es que la clase trabajadora, que es la que tiene el contacto directo con la producción, y también con el consumo, mantenga el control.

Una economía de tal rapidez en su crecimiento y gran número de unidades productivas, hace las tareas cada vez más complicadas y complejas y, por lo tanto, no puede llevarse a cabo por una pequeña élite de gestores al margen de todo control. El resultado inevitable es la mala gestión, la corrupción y la baja calidad de las mercancías, como ya se vio en el caso de la URSS burocráticamente deformada y otros regímenes estalinistas de este tipo en el siglo XX.

La inigualable y auténtica tradición política revolucionaria de los primeros años de la Revolución de Octubre nos dio una visión muy clara de cómo funciona una economía planificada democráticamente, mucho antes del desarrollo de la burocracia soviética y del estalinismo. La decisión de la Conferencia de los Soviets de fábricas rusas de 1917, retomando la recomendación formulada por la delegación del partido bolchevique, declaró sobre este tema:

“… La vida económica del país – en agricultura, industria, comercio y transporte – debe estar subordinada a un plan que será determinado con el fin de satisfacer las necesidades personales y económicas de las masas, que será ratificado por los representantes elegidos y estará bajo la dirección de estos agentes a través de sus representantes estatales e instituciones locales gubernamentales responsables de aplicar el plan.

“Parte del plan para poner la economía agrícola bajo el control de las organizaciones de los campesinos y trabajadores agrícolas y la parte relacionada con las empresas que utilizan trabajo asalariado – en la industria, el comercio y el transporte – se realizará bajo el control de los trabajadores, cuyos miembros reales están dentro de la empresa, la fábrica y los sindicatos.

“La unificación de los comités de fábrica de varias compañías deberá establecerse por sectores para facilitar el control de cada rama de la industria en su conjunto y para la coordinación del trabajo con el plan económico general y la distribución lógica de pedidos de materiales,
combustible, especialistas y mano de obra, así como para facilitar la acción conjunta con los sindicatos profesionales que se organizan en áreas de producción. Los consejos generales de los sindicatos profesionales y comités de fábrica, que representan al proletariado en el Estado y las instituciones locales en la formulación y ejecución del plan económico y la organización de intercambios entre las ciudades y los pueblos, tienen su más alta dirección en los comités de fábrica y sindicatos profesionales para el control de los trabajadores de cualquier lugar en la cuestión de las normas de disciplina vigentes en el trabajo en el proceso de producción, aprobado por la Asamblea General de los trabajadores…”. [De la colección de ensayos: Temas clave del movimiento laboral, Xekinima , 1983]

Una economía planificada nacionalizada es la base para la construcción de una sociedad socialista desarrollada, que según el marxismo conducirá a una sociedad de sobreabundancia, donde desaparecerán la mayoría de los antagonismos de clase y, con ellos, el Estado abandonará también su etapa histórica. Pero la experiencia histórica ha demostrado que es poco realista creer que se puede construir esta sociedad sin la combinación de las fuerzas productivas de muchos países económicamente desarrollados. Una economía planificada nacionalizada no puede garantizar el alto crecimiento sostenido y la prosperidad si queda confinada dentro de las fronteras de un solo país.

Especialmente en un país capitalista productivo pequeño y débil como Grecia, lo mejor que podría alcanzar una economía nacionalizada planificada, confinada dentro de sus fronteras nacionales, sería garantizar una vida cómoda y digna para las masas trabajadoras, sin la explotación y los niveles de desigualdad del capitalismo. Sin embargo, estos progresos sociales, particularmente en las primeras etapas de establecimiento del nuevo modelo económico, inevitablemente se combinarían con el surgimiento de la escasez, no sólo de bienes tecnológicos, maquinaria y accesorios, sino también de materias primas, combustibles e, incluso, algunos bienes básicos, tales como medicamentos y material médico, incluyendo alimentos específicos. Sería así debido a las grandes distorsiones que heredaría la economía griega del capitalismo y también debido a la guerra furiosa que el capital local y extranjero podría desatar contra el país.

Por lo tanto, una Grecia revolucionaria necesitaría, desde el primer día, la asistencia financiera y técnica de los países más adelantados. Esto significa que los trabajadores griegos deben comprometerse a luchar con una perspectiva internacionalista. La Revolución Socialista tendría que extenderse tan pronto como fuera posible a la arena internacional y conducir a la creación de economías planificadas, nacionalizadas en toda Europa. Esta es la única manera en que los trabajadores de Europa serían capaces de ofrecer una asistencia internacional sincera y múltiple para que Grecia cubra las principales fallas productivas de la economía.

Se trata de un desarrollo histórico perfectamente posible más que la utopía de “exportar” algún tipo de paradigma revolucionario. La lucha por el derrocamiento del capitalismo en una época de profunda crisis histórica no puede limitarse a las fronteras de un país. Puesto que la austeridad draconiana y el ataque a los derechos laborales son la regla hoy en día, la solidaridad internacional con el potencial revolucionario de Grecia avivaría la lucha contra el capitalismo en un país tras otro.

En Europa la clase obrera representa la gran mayoría de la población y cuenta con poderosas organizaciones. La Grecia revolucionaria no quedaría por mucho tiempo aislada. Los Estados Unidos Socialistas de Europa, a través de la lucha revolucionaria de la clase trabajadora europea, puede y debe convertirse en la nueva realidad que reemplace a la actual y bárbara UE capitalista.

G) ¿Qué pasará con la Unión Europea y el euro?

La camarilla burguesa que dirige la UE conforme a los intereses de los grandes bancos y empresas multinacionales europeas no puede permitirse ver un Gobierno de izquierda que cancela los Memorándum. Además, no puede tolerar ni siquiera la sugerencia de un proyecto de establecimiento de una economía nacionalizada, planificada en Grecia. Un programa de esas características entra en conflicto con la estructura de la UE, que está construida de acuerdo a los intereses de las grandes empresas europeas. Está en marcado contraste con el espíritu y letra de los actos fundadores, tratados, normas y acuerdos formales de la UE, que defienden el capitalismo y el “libre mercado”. La expulsión de Grecia del euro y de la UE debe considerarse tan inevitable como parte del intento del capital internacional por castigar al pueblo griego y al Gobierno de izquierda.

Para ganar esta guerra con la coalición reaccionaria del capital europeo, la lucha obrera de Grecia debe tener una perspectiva internacionalista. Debe inscribir en la bandera de su lucha el lema de los Estados Unidos Socialistas de Europa. Desde el primer momento en el Gobierno, la izquierda debe gritar este lema a toda Europa, organizar una activa campaña internacional con todos los medios a su disposición.

Inevitablemente, la adopción de una nueva moneda por el nuevo Gobierno, que podría entrar en circulación una vez derrocado el capitalismo griego después de la expulsión de Grecia de la Eurozona y de la UE, estaría acompañada por una campaña de descrédito en los mercados internacionales y sometería al país a altas presiones inflacionistas. Sin embargo, una economía centralizada y planificada democráticamente – especialmente si se vencen las maniobras contrarrevolucionarias y, al mismo tiempo, el proletariado de Europa y los Balcanes solidarizándose en la práctica con la Grecia revolucionaria, embarcándose en sus propias luchas revolucionarias – es la garantía, como ya se mencionó, para proporcionar un mínimo de condiciones de vida humana y tolerables a todos los trabajadores. Con la adopción de una nueva moneda, sin embargo, sería necesario disipar cualquier ilusión de perseguir un camino de “aislacionismo nacional”. Tendría que ser acompañado de un claro llamamiento a la creación de una nueva integración económica, socialista, verdaderamente incluyente y equitativa, alrededor de un nuevo euro, que representaría el poder de una economía nacionalizada a escala europea.

El camino hacia la prosperidad y la justicia social, el camino socialista, inevitablemente implica sacrificios. Nunca hubo en la historia de la humanidad cualquier cambio progresista, revolucionario, político y social que hubiera tenido lugar sin sacrificios ¿Pero cuál es la otra “elección” frente a los trabajadores? Aceptar pasivamente la creciente barbarie capitalista, el interminable sacrificio de millones de desempleados y pobres, en pos de los beneficios de un puñado de parásitos capitalistas.

Hoy todas las condiciones objetivas existen para una revolución socialista, tanto, que los sacrificios de una posible victoria pueden resultar mínimos. La clase trabajadora es la mayoría social en la mayoría de los países del mundo. Tiene poderosas organizaciones de masas y está mucho más educada que nunca. Las comunicaciones modernas están tan altamente desarrolladas que los movimientos revolucionarios – como se vio, sobre todo, en el reciente estallido de la Revolución Árabe y la propagación del movimiento de los “indignados” – pueden extenderse desde una esquina del planeta a otra, en cuestión de horas. Una revolución victoriosa en un país sería suficiente para romper un eslabón en la “cadena” capitalista internacional, y convertir la chispa revolucionaria en un incendio que se extendería rápidamente en todo el mundo.

Trabajadores y jóvenes de Grecia, de toda raza y nacionalidad, nativos o inmigrantes, ¡Permitidnos unirnos en una lucha revolucionaria conjunta! Comenzando con la victoria de SYRIZA y la elección de un Gobierno de izquierda, en esta tierra donde la civilización humana dio algunos de sus primeros grandes saltos, ¡Concedednos el honor de encender la primera chispa de la revolución en Europa y convertirla en una llama de progreso que eliminará la oscuridad del capitalismo salvaje, la llama inextinguible del socialismo!

¿Es el derrocamiento del capitalismo y el establecimiento de una economía socializada y democráticamente planificada posible en Grecia hoy en día? Los representantes políticos y los profesionales de la Troika, así como la clase dominante griega miran con desprecio, por “impracticable”, cualquier programa que se dirija contra los intereses de los banqueros y otros depredadores capitalistas. Toda exigencia de romper los grilletes de la esclavitud asalariada y del enorme ejército de desempleados, que se ven obligados a comer las sobras de la sociedad, es calificada como “populismo” y “aventurerismo” por estos buenos cristianos.

H) ¿Es el derrocamiento del capitalismo posible hoy?

Bajo la presión de la opinión pública burguesa, los dirigentes reformistas, a lo largo del tiempo, sobre todo cuando se acercan al poder, corren por ahí tratando de mostrarse “razonables” con su programa. Por un lado, tratan de tranquilizar a la burguesía respecto a que sus intereses fundamentales, a saber, su control sobre la economía y el Estado, no se verán afectados y por el otro, les dicen a los trabajadores que un cambio fundamental en la sociedad todavía no es factible.

¿Pero qué es realmente factible, política y socialmente, y qué no los es? Una mirada a los acontecimientos que han tenido lugar a nuestro alrededor en los últimos dos años, es suficiente para tener que revisar radicalmente lo que se considera “viable” y lo que no. ¿Quién hubiera considerado hace unos años la posibilidad de quiebra de un país de la eurozona y su correspondiente llamada de auxilio al FMI? ¿Quién hubiera creído posible que el salario mínimo y los convenios colectivos fuesen derogados por un gobierno elegido democráticamente? ¿Quién hubiera creído que sería posible llevar a cabo 18 huelgas generales en sólo dos años? ¿Quién podría haber imaginado que el PASOK y ND perderían tres millones de votos en un periodo de dos años y medio? ¿Quién podría haber imaginado el actual auge de SYRIZA, cuando hace sólo dos años y medio se hallaba al borde de la marginación política debido a los conflictos existentes dentro de la dirección, carentes de principios políticos claros? ¿Quién hubiera imaginado hace unos años que era posible en un país del Occidente capitalista ver el ascenso al gobierno de un partido perteneciente al movimiento comunista?

Lo que es posible en la sociedad y la política no es un concepto abstracto. Está relacionada con el objetivo, los factores materiales que determinan la vida social y el resultado de la lucha sostenida entre las dos clases fundamentales de la sociedad, la burguesía y el proletariado, y sus aliados.

El establecimiento de una economía socializada y democráticamente planificada, que allanaría el camino para el socialismo en toda Europa es perfectamente posible hoy en día, debido a que las fuerzas productivas en Grecia (mano de obra, conocimientos técnicos, la ciencia, tecnología, etc) están lo suficientemente desarrollados para asegurar una vida digna para todos los trabajadores. Por ejemplo, el PIB de Grecia, de 38,6 mil millones de euros en 1990 se disparó a 244 mil millones de euros en 2008. Pero la actual profunda crisis del capitalismo, que ya lo ha recortado a cerca de 200 mil millones de euros, muestra a gritos que las fuerzas productivas desarrolladas están condenadas al estancamiento por las cadenas asfixiantes de la propiedad burguesa.

Sería imposible derrocar el capitalismo, si la fuerza que tiene un interés en ello, y puede salvar a las fuerzas productivas del declive capitalista, no existiera en la sociedad griega. Pero esta fuerza no sólo es real, sino que es poderosa y objetiva. Se trata de la clase obrera de Grecia, que según los datos oficiales del Servicio Nacional de Estadística constituye la gran mayoría de la sociedad, con 2,6 millones de trabajadores empleados y más de un millón de desempleados que en los últimos dos años se han unido a las luchas de masas comunes. Junto a ellos, hay que añadir como potenciales aliados objetivos, aproximadamente un millón de trabajadores autónomos y 200.000 empleados en pequeñas empresas familiares.

Además, la clase obrera en Grecia tiene ahora un nivel incomparablemente más alto de educación que en el pasado y tiene fuertes organizaciones de masas, que pueden imponer su voluntad colectiva en la sociedad. Condiciones más favorables que esta realidad económica y social, para el comienzo de la transformación socialista en Grecia, no se podrían imaginar.

Pero, ¿es esta cuestión vital políticamente factible? La conciencia política de las masas trabajadoras a través de la experiencia de las luchas de masas contra las medidas de los memorandos se ha radicalizado y se ha movido con una velocidad sin precedentes hacia la izquierda. En la 6 ª elecciones de mayo, los tres partidos que emanan del movimiento comunista griego [KKE, SYRIZA e Izquierda Democrática] reunieron un porcentaje total menor de lo que las encuestas le están dando ahora a SYRIZA solo. En particular, la enorme popularidad de SYRIZA entre la clase obrera, que se revela en los altos índices de apoyos obtenidos en las grandes ciudades, es un excelente indicador de las posibilidades políticas revolucionarias y de las perspectivas para este período.

Hace algunas décadas, tan sólo la mera posibilidad de que un partido procedente del movimiento comunista entrara en el gobierno ya habría provocado un golpe de Estado. Ahora la burguesía reaccionaria se limita a denunciar las intenciones de SYRIZA respecto a la disolución de la policía antidisturbios, sin poder hacer nada al respecto en el corto plazo, posponiendo el momento de su venganza contrarrevolucionaria para un futuro más apropiado. Por último, los políticos burgueses, a causa de la profunda crisis de su sistema, no pueden proporcionarle a su base social y política tradicional, la pequeña burguesía, ni la más mínima promesa de una existencia tolerable con sacrificios mínimos.

Todo esto demuestra que con el rápido desarrollo de la influencia política de SYRIZA y la creciente debilidad de los partidos burgueses y sus líderes, en comparación con su antiguo predominio político, las condiciones políticas necesarias para el derrocamiento del capitalismo y el comienzo de la transformación socialista en Grecia ya están presentes. SYRIZA se ha convertido en un factor subjetivo que puede hacer posible un gran un cambio revolucionario político y social . La única cosa de la que carece su dirección – incluso con el enorme impulso de las masas que ya la están empujando hacia el poder – es un programa revolucionario adecuado. ¡Esto, sin embargo, no es en absoluto un asunto menor sino que es precisamente, ahora mismo, la cuestión más importante!

I) Diez puntos para una economía socializada y planificada y para el poder obrero

El programa de un gobierno de izquierda no es un asunto de mero interés literario. Se trata de una cuestión de vida o muerte para millones de trabajadores pobres y para los desempleados actuales o potenciales – los “clientes” presentes y futuros de los comedores populares. Como tal, debe ser democráticamente discutido y desarrollado con la participación activa de los sectores más avanzados de la clase obrera y la juventud en las filas de SYRIZA y, además, debe ser moldeado y analizado dentro de las más amplias masas de trabajadores, para obtener un apoyo activo a su implementación una vez en el poder.

Desgraciadamente, la dirección de SYRIZA se mueve de forma errática en la vorágine de la tremenda presión de la Troika y de la clase dominante y ha retrotraído esta perspectiva, cambiando el programa del gobierno de izquierda a un proyecto político impuesto desde arriba, preparado por “personal cualificado “ entre las cuatro paredes de la sede del partido. Sin la aportación creativa de miles de activistas de SYRIZA en un debate democrático, sin que se presente en los centros de trabajo y en los barrios, el programa anunciado por la dirección no es suficiente para expresar las necesidades de este período.

La dirección se encuentra obviamente influenciada por las presiones de la “opinión pública” burguesa que está reclamando una mayor “moderación” y menos radicalismo. Es un programa abstracto y pálido en sus puntos principales. En términos políticos, no es el necesario programa revolucionario, sino un programa reformista, que se basa en la peligrosa ilusión de la “reforma gradual” de una economía capitalista enferma y del Estado corrupto y autoritario que la sirve.

La tarea de toda persona de izquierda es la de luchar para que este programa cambie y se revise para cumplir con las tareas verdaderamente revolucionarias de este periodo. Los marxistas de Synaspismos y SYRIZA que publicamos el periódico “Epanastasi” y la revista “Marxistiki Foni” (www.marxismos.com), estamos contribuyendo a esta cuestión vital. Proponemos un programa que consta de diez puntos que son capaces de abrir el camino al derrocamiento del capitalismo en Grecia y al establecimiento de una economía socializada, democráticamente planificada y un nuevo poder democrático de los trabajadores.

1) Sobre la deuda y los Memorandos

El impacto de la crisis mundial de sobreproducción sobre el capitalismo griego, llevó a la deuda estatal por las nubes. Este aumento de la deuda apareció en todos los países capitalistas, como un síntoma común de la crisis capitalista. La deuda nacional se disparó en todo el mundo, en gran parte debido al esfuerzo concertado de los gobiernos burgueses para rescatar a los bancos con enormes cantidades de fondos estatales. La posición del capitalismo griego como el “eslabón más débil” en la zona euro, significaba que sería el primero en dirigirse hacia la bancarrota.

Los apologistas ideológicos a sueldo del capitalismo griego, culpan de la enorme deuda pública a los “funcionarios” y al llamado “clientelismo político” de un Estado dirigido por el “partidismo político”. Pero esta es una imagen distorsionada y falsa de la realidad. En una sociedad de clases, el Estado no es neutral, sino que se encuentra bajo el gobierno de la clase dominante. Todas las distorsiones del estado griego moderno reflejan la naturaleza histórica y la cultura de la clase dominante griega.

Incluso la ampliación de la función pública durante los últimos cuarenta años, sirvió en última instancia la necesidad de garantizar la estabilidad del capitalismo, dada la reticencia histórica de la burguesía griega para llevar a cabo inversiones serias que podrían crear nuevos empleos productivos.

De hecho, el gasto en salarios para la gran mayoría de los funcionarios públicos, fue la única parte del dinero de los contribuyentes griegos que tenía algún efecto en la sociedad. Lo que creó el monstruo de la deuda se encuentra en otra parte.

Se puede encontrar en el papel parasitario a nivel económico de la clase dominante griega. La burguesía griega pasó a depender, a lo largo del tiempo, del dinero del Estado mucho más que las clases dominantes del resto del mundo capitalista desarrollado. Siempre vieron al Estado como la principal fuente de enriquecimiento rápido y fácil a través de precios excesivos en grandes contratos, subsidios de “inversión” directos del gobierno, exenciones fiscales y en la tolerancia hacia la evasión de impuestos.

Además, una serie de otros gastos parasitarios revelan el carácter de clase vicioso del Estado burgués, añadiendo con el tiempo un gran volumen de deuda pública: los salarios exagerados y “sobornos” a todo un ejército de altos cargos del gobierno, consultores y directores ; los gastos militares y precios excesivos y sobornos para comprar equipo caro, el costo total de mantener un ejército construido para lidiar con el “enemigo interno” y subordinado a los planes imperialistas extravagantes de la OTAN;. un mayor gasto en las fuerzas de seguridad en aras de mantener un mecanismo numeroso y bien equipado para la represión de las luchas de los trabajadores, los costes salariales de los clérigos, las diversas formas de financiación, y también una serie de exenciones fiscales para la Iglesia, todo esto crea una tendencia hacia el endeudamiento público creciente, que en la mayoría de los casos tenía un carácter opaco y depredador en beneficio de los bancos nacionales y extranjeros. Todo esto sirvió para multiplicar la deuda.

Pero vamos a dar algunos ejemplos más concretos de la forma en que operan los capitalistas parasitarios y del carácter burgués corrupto y despilfarrador del Estado griego. Para rescatar a las llamadas industrias “problemáticas” abandonadas en la década de 1980 por los empresarios griegos, descargando sus pérdidas en el Estado, el gasto público total ascendió a 1,3 billones de dracmas en 1990, cuando la deuda total ascendía a 11 billones de dracmas.

Desde principios de los ‘80 hasta la actualidad, la tributación de las grandes empresas cayó gradualmente del 49% al 20%, un período de enorme especulación para los capitalistas griegos. Las obras públicas, enormemente sobre valoradas, para los Juegos Olímpicos de 2004 costaron al gobierno griego 20 mil millones de euros. Durante los veinte años 1990-2010, de acuerdo con el Stockholm International Peace Research Institute, el gobierno griego gastó 21,4 mil millones de dólares en importaciones de armas.

Los sobornos del encarcelado ex ministro de Defensa, Akis Tsochatzopoulos, se estimaron en 300 millones de euros (fuente “Real”, 06.03.2012). La investigación de la comisión parlamentaria especial encontró que las pérdidas del Estado griego por las actividades ilegales de la empresa Siemens en Grecia superaban los dos mil millones y los sobornos proporcionados se estimaron en más de 180 millones.

La acumulación de todo esto, bajo el impacto de la recesión internacional, llevaron al Estado griego al borde de la quiebra y dio lugar a los memorandos draconianos. Sin embargo, describir esta monstruosidad gigantesca de la deuda como “pública” es completamente falso. No fue creada por la clase obrera y los pobres, sino sólo por las grandes empresas y el aparato estatal parasitario y corrupto que fue construido para servirlas.

Al tener Grecia que aceptar en 2010 el famoso “rescate” y los préstamos de la Troika UE-BCE-FMI, no se ha rescatado a la gente sino a los bancos, que en caso de impago de Grecia, simplemente se habrían ido a pique. Con la introducción de los memorandos intentaron descargar el alto costo del pago de la deuda sobre las espaldas de las masas pobres de trabajadores de Grecia, con un salvajismo sin precedentes, y todo esto simplemente para frenar el movimiento de Grecia hacia la quiebra, a fin de evitar un impago caótico que desestabilizaría el capitalismo europeo y mundial.

Los préstamos de la Troika están dirigidos casi exclusivamente a los bancos y muy pocos van a las necesidades del día a día del Estado griego. En base a datos oficiales del Ministerio de Hacienda, el financiamiento total del país por la Troika está programado para llegar a casi 245 mil millones de euros a finales de 2014. El monto desembolsado hasta el 21 de mayo 2012 fue de 147,6 mil millones de euros. De acuerdo con la nota reveladora del economista T. Papadopoulos en la web iskra.gr, de este dinero sólo 13 mil millones están cubriendo las necesidades primarias del Estado, mientras que 75 mil millones cubren intereses y amortización y los restantes 59,5 mil millones se asignan a los tenedores de bonos y a los bancos para su famosa “recapitalización”.

A partir de ahora los préstamos previstos por la Troika estarán dirigidos casi exclusivamente al servicio de la deuda y con un interés adicional. Esto se evidencia por el propio memorando, que prevé un superávit primario en 2013, lo que significa que los ingresos del Estado y fondos de pensiones serán capaces de cubrir todos los gastos, excepto el pago de la deuda al vencimiento, y el interés anual.

El problema de la deuda es enorme. El muy pequeño “corte de pelo” de la deuda llevado a cabo a través del programa de intercambio de bonos se ve rápidamente anulado por la profundización de la recesión. De acuerdo con el informe del FMI de abril 2012, la deuda del Estado griego en 2014 subirá hasta el 171% del PIB. Grecia debe pagar en los próximos cuatro años para el servicio de esta deuda un total de 95 mil millones de euros. En otras palabras, al servicio de la deuda en los próximos cuatro años, los griegos deben entregar ¡los ingresos fiscales de aproximadamente dos años!

Mientras se mantenga este enorme peso sobre las espaldas del pueblo griego, no hay posibilidad de tomar ningunas medidas reales hacia el progreso social. La tarea básica del gobierno de izquierda es la de liberar a la clase obrera y los pobres de esta carga terrible de “obligaciones” parasitarias y depredadoras que los gobiernos burgueses han colocado sobre sus hombros.

El Gobierno de izquierda debe tomar inmediatamente las siguientes medidas:

a) Cancelar la deuda del Estado griego, mientras que:

– Compensa a los pequeños tenedores de bonos de acuerdo a su situación financiera;

– Garantiza una financiación adecuada para los fondos de pensiones griegos que poseen bonos del Estado griego para evitar poner en peligro su sostenibilidad;

– Pague de inmediato todas las deudas del Estado a los trabajadores, los desempleados, jubilados, profesionales y pequeños empresarios y aquellos que estén asociados con el funcionamiento básico de los servicios de Educación, Salud, Bienestar y Seguridad Social.

b) La cancelación inmediata mediante un solo Decreto de los acuerdos de préstamo con la Troika, los memorandos y toda medida impuesta por ellos (subidas de impuestos, recortes de salarios, pensiones y ayudas, privatizaciones, etc.)

Estas medidas aliviarían al país de unos 13 mil millones de euros que han sido presupuestados para este año en pagos de intereses, y también de un enorme gasto parasitario en los próximos años. Esto les proporcionaría un gran alivio a las próximas generaciones de trabajadores.

Sin embargo, como ya se explicó, estas medidas provocarían el cese automático de los préstamos de la Troika, una guerra económica generalizada contra el gobierno de izquierda por parte del capital local y extranjero y la salida del euro. Esta guerra, si no se enfrenta adecuadamente, inevitablemente pondría en peligro la capacidad de pago de los llamados “costes primarios”, es decir, los gastos necesarios para los sueldos, las pensiones y para gestionar las escuelas y hospitales, que representan un total de 47,7 mil millones de euros para el año 2012.

Aquellos analistas reformistas varios, quienes argumentan que estos costes se asegurarían para el gobierno de izquierda, supuestamente a través del ingreso fiscal previsto en el presupuesto estatal, que representan 52,2 mil millones de euros, están muy equivocados. Estas estimaciones tienen en cuenta los ingresos fiscales calculados de acuerdo con los memorandos y no toman en cuenta la caída de ingresos y una recesión aún más profunda que sería causada por la guerra del capital local y extranjero contra el nuevo gobierno. Más de la mitad de los ingresos del Estado (28,6 mil millones de euros en impuestos indirectos) dependen de los niveles altamente volátiles del consumo en condiciones de recesión.

Los ingresos del Estado para cubrir los costes sociales esenciales (salarios, prestaciones, pensiones, escuelas, hospitales), están lejos de estar asegurados. La única manera de garantizarlos es a través de la aplicación simultánea de estas y otras medidas que proponemos en este programa.

2) Impuestos

Los impuestos sobre los beneficios y la riqueza de los capitalistas, los grandes rentistas y los titulares de grandes fortunas, son un medio importante y directo para el gobierno de izquierda de encontrar rápidamente los fondos necesarios para cumplir con los “costes primarios”, pero también para empezar a mejorar a partir de los primeros meses en el cargo el nivel de vida de las masas.

Pero incluso estas medidas en y por sí mismas no son suficientes. La burguesía llevará a cabo un sabotaje económico multifacético (cierres, fuga de capitales y depósitos, etc) para evitar una fiscalidad justa y pesada. La reducción de las terribles desigualdades sociales y la financiación de las necesidades sociales sólo se pueden lograr de una manera segura, estable y duradera, a través de la apropiación de la riqueza concentrada en manos de los ricos a través de la creación de una economía socializada y democráticamente planificada.

Grecia tiene los ingresos fiscales más bajos de todos los países desarrollados de la UE y sólo se puede comparar con los países más subdesarrollados de Europa del Este. La inmunidad fiscal para las grandes empresas y los ricos son la causa de esta situación. Al mismo tiempo, este es uno de los factores más decisivos que han llevado al endeudamiento del estado griego. Esto se puede demostrar echando un rápido vistazo a las estadísticas oficiales de Eurostat y del Ministerio de Hacienda.

La tasa de impuesto a los beneficios de las empresas cayó de un 49% en 1989 a un insignificante 20% en 2010. Ahora Nueva Democracia descaradamente propone una nueva reducción de esta tasa al 15%. Por ejemplo, entre 2000 y 2007 hubo una caída en los ingresos por impuestos a las empresas del 4,1% al 2,6% del PIB en un momento en que los beneficios corporativos habían despegado en Grecia, convirtiéndose en los más altos de Europa.

La evasión de impuestos de los ricos es más que provocativa. Según datos oficiales del Ministerio de Hacienda, las declaraciones de impuestos para las personas con ingresos superiores a 95.000 euros apenas alcanzaron 35.000 o el 0,6% de todas las declaraciones de impuestos, mientras que aquellas con ingresos superiores a 300.000 euros sólo eran 1.395 en total.

De acuerdo con la “Red Mundial de Justicia Fiscal”, las empresas “off-shore” griegas son más de 10.000 y poseen cerca de 500 mil millones de euros. La poderosa industria naviera griega, en marzo 2012 tenía una flota de 3.760 buques, es decir, el 15% del tonelaje mundial, pero por razones de evasión fiscal, sólo 862 de ellos llevaban la bandera griega (Kathimerini, 15/04/2012). Y durante todo este período se han presentado 58 reducciones de impuestos diferentes para los armadores griegos.

Por otro lado, Grecia tiene uno de los más altos niveles de imposición indirecta – que pesa principalmente sobre los trabajadores y los pobres. Los impuestos indirectos representan más del 60% de los ingresos fiscales generales, mientras que el promedio de la zona euro es sólo del 36,2%. En contraste, los ingresos por impuestos directos en Grecia como porcentaje del PIB son aproximadamente la mitad de la cifra correspondiente en la UE.

Mientras miles de trabajadores, en nombre de la crisis, pagan un impuesto extra tras otro, los capitalistas griegos y las personas con altos ingresos reaccionan de manera muy “patriótica”. Han evadido grandes cantidades hacia el extranjero y han comenzado a invertir en propiedades en ciudades como Londres. Según informes de la revista alemana Der Spiegel, la cantidad de depósitos de los griegos en Suiza ha alcanzado el nivel astronómico de 600 mil millones de euros. Esto es más de tres veces el monto de los depósitos privados en bancos griegos, y casi tres veces el PIB del país. Por último, según las autoridades británicas, el número de griegos que buscan viviendas en la capital británica se ha triplicado en los últimos dos años. Las propiedades adquiridas por los griegos en Londres valen más de mil millones de euros.

La cuestión de toda esta enorme riqueza debe ser abordada por el gobierno de izquierda, ya que es la riqueza que proviene de la explotación brutal y de los robos flagrantes contra los trabajadores de Grecia. El gobierno de izquierda debe tomar todas las medidas necesarias para devolver la mayor cantidad posible de esta riqueza a Grecia y a su población.

Las medidas fiscales más urgentes que deben ser tomadas por el gobierno de izquierda son los siguientes:

a) Con el fin de reclamar lo que se ha robado al pueblo griego a través de la inmunidad y evasión fiscales de las grandes empresas y grandes propietarios, un necesario método de impuestos con carácter retroactivo debe ser puesto en marcha. De acuerdo con el artículo 78 de la Constitución, la imposición retroactiva está prohibida. Sin embargo, también hay que citar otros artículos fundamentales de la Constitución, como el artículo 4, que establece que “los ciudadanos griegos han de contribuir a los gastos públicos en función de su riqueza”.

Así, en concreto y con el fin de encontrar una cantidad igual al déficit primario que resulta de la supresión de la carga tributaria de acuerdo con el Memorando (aumento de impuestos, reducción de ingresos libres de impuestos, etc) debería imponerse lo siguiente:

  • Un solo impuesto extraordinario con carácter retroactivo sobre el volumen total de los beneficios de las 200 principales empresas activas en el país, a partir de la fecha de entrada en la eurozona hasta el comienzo de la recesión (2001-2008)
  • Un impuesto extraordinario con carácter retroactivo a los que en el mismo periodo adquirieron una gran propiedad.

b) Restaurar la tasa de impuestos a las grandes empresas al 45% y eliminar cualquier tipo de desgravación fiscal para las grandes empresas.

c) Establecimiento de un impuesto progresivo del 40% al 75% sobre los ingresos anuales de 40.000 euros o más.

d) Establecimiento de una tasa escalonada de impuesto a los propietarios de viviendas con un valor de € 400.000 o superior, así como a las propiedades de empresas “offshore”, en un nivel que se decidirá anualmente en función de las necesidades del programa estatal de construcción de viviendas.

e) Abolición de los impuestos indirectos (IVA, impuestos especiales, etc) sobre los alimentos básicos, factura de electricidad, agua y telecomunicaciones, y combustibles de calefacción.

f) Elevar el umbral libre de impuestos a 40.000 euros para cada pareja, más 5.000 euros adicionales para cada niño.

g) Una vez que se conozca el nivel de evasión fiscal:

-Las grandes empresas deberían ser expropiadas sin indemnización.

– A las personas con altos ingresos y a los dueños de grandes propiedades se les debe confiscar sus activos.

– Para otras categorías de contribuyentes, las sanciones, que irían desde fuertes multas a la confiscación de sus activos, deberían establecerse dependiendo de su situación financiera.

h) No es realista creer que la evasión fiscal generalizada, el fraude y otras maniobras del capital pueden ser tratados exclusivamente mediante de la “voluntad política” del Gobierno de izquierda. Además, ningún avance práctico se logrará tratando de persuadir a los funcionarios de Hacienda corruptos para que “trabajen correctamente”.

El gobierno de izquierda debe introducir el control obrero de inmediato. En todas las grandes empresas debe llevarse a cabo una auditoría completa de la gestión, a cargo de comités electos de los trabajadores, con la ayuda de especialistas pertenecientes al movimiento obrero. Estos comités deberán tener acceso a un único sistema central informatizado para el registro y comparación de los elementos de control, que requiere la creación inmediata de una base de datos sobre la “riqueza”.

3) El control obrero

La evasión de impuestos, los fraudes a la seguridad social y otros escándalos de las grandes empresas, que están siendo permitidos en perfecta armonía con los tecnócratas burgueses, expertos el engaño. Los políticos burgueses de alto rango y los altos funcionarios del aparato estatal deben ser inmediatamente puestos en evidencia por el gobierno de izquierda.

Los actuales mecanismos de “auditoría” del estado burgués están operando de una manera burocrática, opaca y descontrolada con el fin de proteger los “secretos” de las grandes empresas industriales y comerciales. Las cuentas financieras de los capitalistas se mantienen legalmente en secreto. A los dueños de los medios sociales de producción se les deja tranquilos para esconderles a los consumidores las maquinaciones de la explotación, el robo y el fraude.

El gobierno de izquierda debe darles directamente a los trabajadores el derecho de llegar a este “santuario” de las empresas para las que trabajan con el fin de revelar los “secretos” de estas empresas, grupos, industrias y en última instancia, la economía nacional en su conjunto. El medio por el cual se puede llevar a esta tarea vital es el control obrero. El gobierno debería tomar las siguientes medidas sobre esta cuestión crucial:

a) Eliminación de los “secretos comerciales” y del “secreto bancario” mediante el cual los capitalistas ocultan sus fraudes y su codicia, no respecto a sus competidores, sino respecto a la propia sociedad.

b) El control obrero debe introducirse en todas las grandes empresas. Se deben elegir comités de control de los trabajadores con derecho de revocación, y éstos deben estar respaldados por especialistas pertenecientes al movimiento obrero y por científicos, pero en calidad de asesores, no como “tecnócratas”.

c) El control obrero debe extenderse a todos los niveles decisivos en el funcionamiento de la empresa, tales como la adquisición de materiales y materias primas, el manejo del dinero (préstamos, inversiones, ganancias), transformación de los productos (diseño y producción), para evitar los cobros excesivos o la fijación de precios demasiado bajos.

d) El control obrero puede dar resultados significativos en eliminar la lacra de los niveles capitalistas de precios. Mientras que el nivel de vida de la clase obrera está cayendo fuertemente, los precios se mantienen sin cambios, como resultado del estricto control de los sectores clave de la economía en manos de los monopolios y oligopolios. Las instituciones corruptas, burocráticas, que no rinden cuentas, del Estado burgués no pueden establecer un control efectivo sobre los precios. Es de vital necesidad para los trabajadores el tener acceso a la base de la fijación de precios, es decir, a los grandes monopolios industriales, para poder poner a descubierto la especulación capitalista. Por lo tanto, el control obrero debe ser el método básico de control de precios.

Un control sustancial de los precios sobre los cárteles sólo puede ser garantizado mediante comités de trabajadores electos en las fábricas, junto con comités especiales de control de precios formados por todos aquellos que sufren los efectos de la fijación capitalista de precios en tanto que consumidores, es decir, los obreros, campesinos, artesanos y pequeños comerciantes. De esta manera, los trabajadores estarían en condiciones de demostrar a las otras capas pobres de la población que la verdadera razón de los altos precios se encuentra en las ganancias excesivas de los capitalistas y el derroche de la anarquía capitalista (como la publicidad, etc.).

e) Para ser eficaz, el control obrero deberá extenderse desde la empresa individual a toda la industria hasta el nivel nacional. Los comités de las distintas empresas deben elegir delegados a un comité de grupo por medio de una conferencia para, finalmente, formar un comité de control obrero a nivel nacional. El comité nacional deberá informar a la gente de sus conclusiones, exponiendo los ingresos y gastos de la sociedad, y la proporción del ingreso nacional que se apropian los capitalistas como individuos y como clase. Dicho comité deberá destapar el fraude de los bancos y grandes grupos capitalistas y presentar sus averiguaciones en público, lo cual habrá de ser vinculante para el gobierno de izquierda.

La aplicación de un control obrero genuino y democrático, inevitablemente pondría de manifiesto el papel parasitario de los capitalistas, y ayudaría por lo tanto a las grandes masas a comprender la necesidad de otro modelo económico, basado en una planificación y un control consciente de la economía. Además, un auténtico control obrero es el medio más valioso para formar a los trabajadores acerca de cómo gestionar una economía socializada y planificada democráticamente.