Desde que Mao dirigió la Revolución China de 1949 hasta la victoria, muchos revolucionarios se fijan en él como guía. En este artículo, Daniel Morley y Parson Young abordan el famoso ensayo de Mao Sobre la contradicción, dando una visión general de sus ideas clave, cómo se corresponden con la dinámica real de la Revolución China, y si son o no una explicación precisa del método dialéctico marxista.
La Revolución china de 1949 fue uno de los mayores acontecimientos de la historia de la humanidad. Los marxistas defendemos esa revolución, que liberó a China de los grilletes del imperialismo tras una heroica lucha de décadas.
Esta revolución fue fruto de la tremenda determinación y espíritu de sacrificio de las masas chinas. Y a la cabeza de este movimiento estaba Mao Zedong.
Desde la muerte de Mao, la burocracia del Partido Comunista Chino (PCCh) ha restaurado gradualmente el capitalismo en China. Se considera que Mao dirigió una lucha contra los «seguidores del camino capitalista» en el PCCh en sus últimos años. Así, es comprensible que muchos revolucionarios, tanto dentro como fuera de China, han mirado hacia las ideas de Mao, el líder original de la Revolución de 1949, como guía para la acción en la lucha hacia una nueva revolución.
Esta búsqueda de una base teórica sobre la que defender realmente los principios comunistas es un desarrollo progresista que debe ser apoyado por todos los marxistas. El marxismo siempre ha sido, ante todo, una teoría científica que mira a la realidad a la cara, que llama a las cosas por su nombre, porque sin una actitud inquebrantable hacia la verdad, nunca será posible derrocar al capitalismo de una vez por todas.
El ensayo filosófico de Mao de 1937 Sobre la contradicción es el texto más celebrado por los maoístas como prueba de su contribución a la teoría marxista. Pero la realidad es que, a pesar de su papel dirigente en la revolución, Mao no era un teórico. Es necesario, por tanto, hacer un análisis sobrio de los defectos de Sobre la contradicción para educar adecuadamente a los nuevos comunistas en el método filosófico correcto del materialismo dialéctico, y en las lecciones históricas de este período.
¿Qué significa contradicción?
Dado que el texto de Mao gira en torno a la cuestión de la contradicción, es necesario explicar qué significa este término en la filosofía marxista, lo que se conoce como materialismo dialéctico.
En la vida cotidiana, el cambio se entiende generalmente como algo externo y accidental a la cosa que está cambiando. De este modo, se entiende que una crisis en la sociedad tiene lugar simplemente por culpa de dirigentes políticos equivocados, o debido a injerencias extranjeras, y no por las contradicciones internas de esa sociedad.
La filosofía dialéctica reconoce que todas y cada una de las cosas existen en un constante estado de movimiento debido a sus propias contradicciones internas, que les son inherentes. Estas contradicciones se componen de opuestos que se presuponen mutuamente. Hegel, cuyo desarrollo de la dialéctica y la centralidad de la contradicción influyeron enormemente en Marx y Engels, explicó esto muy claramente:
«Las deudas y los activos no son dos especies particulares y autosuficientes de bienes. Lo que es negativo para el deudor es positivo para el acreedor. […] Lo positivo y lo negativo están, pues, intrínsecamente condicionados el uno por el otro, y sólo existen el uno en relación con el otro. El polo norte del imán no puede existir sin el polo sur, y viceversa. […] En la oposición, lo diferente no se enfrenta a un otro, sino a su otro».
Los polos de una contradicción son inseparables entre sí y, de hecho, se determinan mutuamente. En este sentido, los polos opuestos también son antagónicos: al igual que el deudor sólo puede existir con un acreedor, las acciones de un polo son inmediatamente antagónicas a las del otro.
Marx fue muy explícito al afirmar que la contradicción de clase entre obreros y capitalistas es precisamente una contradicción fundamental para la sociedad capitalista:
«El proletariado y la riqueza son antinómicos. Como tales constituyen un todo. Son dos formas del mundo de la propiedad privada. […]
La propiedad privada, en tanto que propiedad privada o riqueza, está obligada a mantenerse ella misma y, por consecuencia, a su contrario, el proletariado..»
En otras palabras, los trabajadores y los capitalistas no pueden existir, como trabajadores y capitalistas, el uno sin el otro. Esto significa que su antagonismo mutuo es permanente e inherente al modo de producción capitalista.
Este proceso no puede detenerse; existir es estar en movimiento, y el movimiento de la sociedad capitalista es, en última instancia, el de la lucha de clases. Pero esta lucha de contrarios no es un círculo sin fin, sino que conduce a su propia transformación o «negación». Como escribe Marx:
«Inversamente, el proletariado, en tanto que proletariado, se encuentra forzado a trabajar por su propia supresión y, por consecuencia, por la de la propiedad privada, es decir, de la condición que hace de él el proletariado.»
Nada de esto quiere decir que la única contradicción que afecta a la sociedad capitalista sea la lucha entre obreros y capitalistas; se trata simplemente de que esta contradicción es permanente y fundamental, y determina en última instancia todas las demás contradicciones.
Contradicción principal
¿Cómo aborda Mao la cuestión? En primer lugar, enuncia el principio básico de la dialéctica, según el cual «la contradicción existe universalmente, en todos los procesos».
A continuación explica que cada cosa, o proceso, posee su propia contradicción, o «esencia», que la distingue de las demás cosas. Y cada una de estas contradicciones diferentes debe resolverse por métodos diferentes: «la contradicción entre el proletariado y la burguesía se resuelve por el método de la revolución socialista; la contradicción entre las grandes masas populares y el sistema feudal, por el método de la revolución democrática…», y así sucesivamente.
En cualquier cosa «importante» o «compleja», como una formación social como China, por ejemplo, hay muchos procesos y contradicciones en juego. Aquí llegamos a la parte clave de Sobre la contradicción, donde Mao sostiene que «en el proceso de desarrollo de una cosa compleja hay muchas contradicciones», y de estas una es necesariamente la principal [«主要», que también podría traducirse como “primaria”]».
Como explica Mao:
«Cuando el imperialismo desata una guerra de agresión contra un país [semicolonial] […]la contradicción entre el imperialismo y el país en cuestión pasa a ser la contradicción principal, mientras todas las contradicciones entre las diferentes clases dentro del país […] quedan relegadas temporalmente a una posición secundaria y subordinada.Tal fue el caso en China durante la Guerra del Opio de 1840, la Guerra Chino-Japonesa de 1894, la Guerra del Yijetuan de 1900, y tal es también el caso de la actual guerra chino-japonesa.»
En el momento de escribir estas líneas, Japón estaba invadiendo China, por lo que Mao llegó a la conclusión de que «las diferentes clases de [China], excepto un pequeño número de traidores, pueden unirse temporalmente en una guerra nacional contra el imperialismo.»
Según Mao, cuando la contradicción principal es entre el imperialismo y la nación en su conjunto, la nación puede unirse genuinamente como si no existiera antagonismo alguno entre las clases. La lucha de clases está simplemente en pausa, desconectada o es irrelevante para la situación.
El error fundamental de Mao radica en que la contradicción de clase no es una contradicción «principal» junto a otras contradicciones no relacionadas y menos importantes, ni puede convertirse en una contradicción «secundaria». La contradicción de clase de la sociedad capitalista es fundamental y está siempre presente. Al igual que un imán no puede existir sin sus polos, la sociedad capitalista no puede poner en pausa su contradicción de clase y, sin embargo, seguir siendo una sociedad capitalista.
Esta contradicción de clase impregna y, en gran medida, da lugar a otras contradicciones dentro de la sociedad. Las guerras imperialistas, por ejemplo, no se libran por «motivos nacionales» exclusivamente, separados de algún modo de las contradicciones de clase. De hecho, son en gran medida expresiones de la contradicción de clase fundamental de la sociedad capitalista. Para un marxista es ABC que las guerras imperialistas se libran para defender los intereses de una determinada clase dominante, por ejemplo, para encontrar una salida a las crisis económicas o políticas internas, para encontrar nuevos mercados y fuentes de beneficios con el fin de atenuar o retrasar estas crisis, o para distraer a la clase obrera propia.
Es cierto que la opresión imperialista a menudo tiene el efecto de enmascarar las divisiones de clase en la sociedad, ya que las masas se unen detrás de su propia burguesía como medio para defenderse. Por otra parte, la burguesía utiliza a menudo este sentimiento de unidad nacional como medio para consolidar su posición como clase dominante. La tarea de los comunistas en tal situación no es facilitar este enmascaramiento de las contradicciones de clase por parte de la clase dominante, sino desenmascararlo.
China no fue una excepción. El Kuomintang (KMT), dirigido por Chiang Kai Shek, era un partido burgués fundado precisamente para conseguir la independencia de China sobre una base capitalista. Pero, como demostró la historia, fue incapaz de llevar esto a la práctica, pues cuando se desarrolló la revolución contra el imperialismo en la década de 1920, acabó poniéndose del lado del imperialismo contra su propia clase obrera.
La guerra con Japón
No cabe duda de que la guerra de China contra el imperialismo japonés fue una guerra nacional de liberación. La lucha contra el imperialismo fue la cuestión definitoria de la Revolución China.
En estas condiciones, es absolutamente correcto que un partido comunista avance consignas contra la opresión nacional y organice una guerra de liberación, lo que inevitablemente significará luchar junto a los nacionalistas burgueses contra el enemigo común, al menos temporalmente.
Pero, a partir de estas correctas premisas, Mao utilizó su «teoría» de la contradicción principal para proclamar que, en la lucha contra Japón, el partido debía someterse a la dirección del KMT burgués, en lugar de mantener su independencia de clase.
El PCCh llegó a prometer públicamente que:
«… suprime el actual gobierno soviético [en los territorios controlados por el PCCh] y practica la democracia basada en los derechos del pueblo para unificar el poder político nacional […] suprime la designación del Ejército Rojo, lo reorganiza en el Ejército Nacional Revolucionario [controlado por el KMT], lo pone bajo el control de la Comisión de Asuntos Militares del gobierno nacional y espera órdenes…»
En esencia, Mao defendía que el PCCh se liquidara a sí mismo tanto política como organizativamente, como había hecho en la revolución de 1925-7, en nombre del «Segundo Frente Unido».
La política de Mao de colaboración de clases derivaba de un error teórico fundamental. Debería ser elemental para los comunistas que la opresión nacional se lleva a cabo por razones capitalistas (y no nacionales), y que esta opresión no recae por igual sobre todas las clases del país oprimido. Tampoco desaparecen las contradicciones de clase dentro de la nación oprimida al iniciarse una invasión imperialista.
Como explicó Lenin en el II Congreso de la Internacional Comunista (‘Comintern’) en 1920:
«Entre la burguesía de los países explotadores y la de las colonias se ha producido cierto acercamiento, de modo que muy a menudo —tal vez en la mayoría de los casos— la burguesía de los países oprimidos, aunque apoye los movimientos nacionales, al mismo tiempo lucha de acuerdo con la burguesía imperialista, es decir, junto con ella, contra todos los movimientos revolucionarios y contra todas las clases revolucionarias.»
Esto caracterizaba perfectamente el comportamiento de la clase dirigente china durante los últimos 80 años aproximadamente. Desde que el imperialismo, al principio principalmente el británico, humilló, oprimió y explotó a China, la clase dirigente china favoreció en general la colaboración lucrativa con los imperialistas y no se «unió» al resto del pueblo chino para oponerse a ellos.
Si las ideas de Mao fueran correctas, cabría esperar que el gobierno del Kuomintang de la época hubiera concentrado sus esfuerzos en luchar contra Japón, e incluso hubiera conseguido el apoyo del ejército del Partido Comunista para hacerlo. Sin embargo, el dictador burgués de China, Chiang Kai Shek, tenía una política de «primero la pacificación interna, luego la resistencia externa» , es decir, de traicionar la lucha contra el imperialismo japonés para continuar su brutal guerra civil contra el PCCh.
Todo esto queda demostrado por los acontecimientos que siguieron a 1937 y el «Segundo Frente Unido» entre el PCCh y el Kuomintang. A pesar de haber asegurado verbalmente que colaboraría con el PCCh contra Japón, Chiang nunca tuvo intención de hacerlo.
Después de haberse «aliado» con el PCCh para luchar contra Japón, las tropas de Chiang llevaron a cabo muy pocos combates, y por el contrario abandonaron rutinariamente provincias enteras a los japoneses. A mediados de 1939, Chiang había comprometido a sus mejores tropas (hasta 500.000) para bloquear al PCCh en lugar de luchar contra los japoneses , basándose en la suposición de que EEUU ganaría la guerra contra Japón por ellos.
Esto provocó una serie de grandes pérdidas y rápidas retiradas durante el primer año de invasión a gran escala a partir de 1937. En 1938, Pekín, Shanghai, Wuhan y Nanjing habían caído en manos de los japoneses de la forma más humillante. La capital tuvo que ser trasladada varias veces, y ahora se encontraba en la remota Chongqing, provincia de Sichuan.
Para asegurar su última capital en Chongqing, al Kuomintang no se le ocurrió mejor estrategia que inundar el río Amarillo destruyendo diques. Esto destruyó la infraestructura que los japoneses necesitarían para avanzar hacia Sichuan y otras provincias del interior. La destrucción fue tan grande que hasta 89.000 civiles chinos se ahogaron inmediatamente, y alrededor de 500.000 murieron en total por la hambruna y la peste resultantes.
Estos horribles sucesos encapsulan el «patriotismo» de la clase dominante china: incluso cuando luchaban contra el imperialismo, lo hacían de tal forma que infligían mucho más daño a su propio pueblo que al enemigo.
El PCCh comprendió implícitamente lo que esto significaba. Acertadamente, empezaron a reclutar en la zona inundada en torno al río Amarillo y establecieron allí una base del Ejército Rojo. Es decir, reconocieron implícitamente que la contradicción de clase no quedaba «relegada temporalmente» por la «contradicción principal» de la invasión imperialista, sino que de hecho se intensificaba por la invasión imperialista, ya que la clase dominante se revelaba como traidores nacionales. A pesar del acuerdo formal entre el PCCh y Chiang Kai Shek, no hubo unificación de clases contra el enemigo común de Japón.
La particularidad de la contradicción
Otro argumento de Mao en Sobre la contradicción es que los marxistas no deben ser «dogmáticos» e imponer generalizaciones generales a situaciones políticas cambiantes. Argumenta que «nuestros dogmáticos […] no comprenden que es imperativo estudiar la particularidad de la contradicción y conocer la esencia particular de las cosas individuales. […] Nuestros dogmáticos son perezosos y rehusan dedicar el menor esfuerzo al estudio de las cosas concretas».
El énfasis de Mao en el «estudio minucioso de las cosas concretas» es profundamente irónico, porque se queda exclusivamente en el nivel de las afirmaciones abstractas y el pensamiento mecánico. El argumento filosófico de Mao sobre el estudio de las cosas en su particularidad es simplemente un lugar común: las cosas cambian y se requieren métodos diferentes para situaciones diferentes. A este nivel tan abstracto, nadie puede estar en desacuerdo con él, pero no nos dice nada.
Cada contradicción es diferente, sí, pero para Mao es autocontenida: esta contradicción tiene su propia solución, que es diferente de la solución de esa contradicción. Basta con estudiar una a una las contradicciones para hallar su propia solución, como si en un laboratorio nos presentaran diferentes muestras de sangre para determinar quién tiene qué infección.
Lo que Mao realmente quiere decirnos es que la revolución china es diferente a la rusa, que como país colonial su revolución no era socialista sino nacional, y que por lo tanto tenía su propia solución particular, es decir, pactar con el enemigo mortal Chiang Kai Shek. Los que no estén de acuerdo, y califiquen esta alianza con Chiang de traición a la revolución, deben de ser dogmáticos incapaces de ver la particularidad de la situación.
La forma en que Mao subraya la importancia de la particularidad es, en esencia, un intento de proporcionar una base teórica para una línea política de compromiso con la clase dominante.
El materialismo dialéctico sostiene que el todo es más que la suma de las partes. Las leyes que surgen a nivel general -como las leyes de la lucha de clases o de la economía capitalista- determinan en última instancia los intereses y la conducta de las clases y partidos contendientes.
Marx explicó, ya en 1848, que el capitalismo estaba destinado a convertirse en un sistema económico global. Lenin analizó este sistema global como imperialismo, que se basa en el hecho de que la producción bajo el capitalismo ha superado el mercado nacional. Esto significaba que la economía se había convertido ante todo en una economía mundial, en la que los diferentes países están subordinados y desempeñan papeles definidos.
Como resultado, «contradicciones» separadas, como las que existen «entre las grandes masas populares y el sistema feudal» y «entre las colonias y el imperialismo», quedaron inextricablemente ligadas al sistema mundial del capitalismo. Esa es la razón de la creación de la Comintern y de su exitosa expansión en Asia, sobre todo en China, a principios de la década de 1920. La Revolución china no fue un proceso completamente separado, con sus propias contradicciones, su propio calendario y sus propias soluciones. Formaba parte de un proceso internacional.
La explotación semicolonial de China por varias potencias extranjeras desde la década de 1840, al destruir la economía doméstica china, había creado un ejército de campesinos sin tierra y de indigentes, lo que a su vez dio lugar a la creación de una incipiente clase obrera china. Al mismo tiempo, el imperialismo apuntaló el tambaleante ancien régime, que se había convertido en su cliente. La emergente clase capitalista china dependía del imperialismo occidental y estaba atada al mercado mundial, pero la clase obrera china miraba hacia el movimiento comunista internacional, de ahí el rápido crecimiento del PCCh en la década de 1920.
Esto no quiere decir que la Revolución china no tuviera sus peculiaridades que requirieran un «estudio minucioso». Ningún partido comunista puede esperar dirigir una revolución basándose únicamente en generalidades sobre el capitalismo y la clase obrera. Debe analizar y participar en cada etapa del proceso y avanzar consignas claras que conecten con las condiciones concretas y la conciencia del país. Como dijo Hegel, la verdad es concreta.
Entender la Revolución China «concretamente» significa entenderla en su contexto internacional apropiado, no tratándola como algo meramente «particular» a sí misma. La época de la Revolución china fue, en última instancia, la época de la revolución mundial. Cada país dependía de la economía mundial para su existencia. La lucha revolucionaria en cada país sólo podía entenderse como parte de una lucha mundial contra este sistema. El PCCh nunca habría existido de no ser por la Comintern.
No se trata de un punto teórico abstracto y pedante. Su importancia queda demostrada por los acontecimientos posteriores de la revolución.
La revolución china
Puesto que Sobre la contradicción nos dice que el antagonismo de clase sólo es relegado temporalmente de ser la contradicción principal por la invasión extranjera, presumiblemente debería volver al primer plano cuando la invasión termine. De hecho, Mao nos dice en el mismo documento:
«En otras circunstancias, sin embargo, las contradicciones cambian de posición. Cuando el imperialismo no recurre a la guerra, sino a medios relativamente moderados, medios políticos, económicos y culturales, para llevar adelante su opresión, la clase dominante del país semicolonial en cuestión capitula ante el imperialismo y forma con él una alianza para oprimir conjuntamente a las masas populares. En esas circunstancias, las masas populares suelen recurrir a la guerra civil contra la alianza del imperialismo y la clase feudal, en tanto que el imperialismo emplea a menudo métodos indirectos, y no la acción directa, para ayudar a los reaccionarios de dicho país a oprimir al pueblo, y así las contradicciones internas se vuelven particularmente agudas».
La situación que esboza describe perfectamente la situación de China después de 1945. El imperialismo estadounidense era ahora el explotador de China, pero de una forma mucho más suave que Japón. Y el Kuomintang y Chiang Kai Shek trabajaban mano a mano con EE.UU., recibiendo de ellos una enorme ayuda militar, para reanudar su guerra contra el PCCh. Por lo tanto, Mao seguramente tendría que aceptar, basándose en sus propias conclusiones en Sobre la contradicción, que «las contradicciones internas [es decir, la lucha de clases] se vuelven particularmente agudas».
Sin embargo, Mao mantuvo la tregua con el Kuomintang incluso después de que terminara la guerra contra Japón. Al hacerlo, desarrolló la perspectiva de una «Nueva Democracia».
Esta era la posición de que la revolución china no sería socialista. En su lugar, establecería una «nueva sociedad democrática», lo que esencialmente significaba preservar el capitalismo pero nacionalizando la propiedad del «capital burocrático» y de los «reaccionarios» que habían colaborado con Japón. Debía ser una alianza de todas las clases de China, incluida la clase capitalista, contra una parte específica de la clase capitalista.
No había ninguna razón para creer que sería posible formar una alianza estable con el KMT, ni con ningún sector de los capitalistas chinos. Sin embargo, bajo la bandera de la «Nueva Democracia», Mao propuso acuerdos por arriba por los que los principales dirigentes del KMT podrían permanecer en el poder en una coalición con el PCCh. En esencia, esto revelaba una falta de confianza en la clase obrera y en su movimiento independiente.
Tales acuerdos, sin embargo, fueron siempre rechazados por Chiang Kai Shek. Esto era inevitable: Chiang llegó al poder precisamente para aplastar la revolución y el PCCh en nombre de la burguesía, y había pasado las dos décadas anteriores intentando liquidarlo. Ahora Mao trataba de encontrar una alianza con esas mismas fuerzas. Toda esta perspectiva fue falseada por el fin de la tregua por el Kuomintang en 1947 y la posterior guerra civil, que terminó con la victoria del PCCh en 1949.
Cuando el PCCh tomó el poder, la mayor parte de la clase capitalista huyó de China con Chiang Kai Shek, para establecer una dictadura capitalista respaldada por EEUU en Taiwán. Los capitalistas que permanecieron en China se negaron a colaborar con el PCCh, por muchas veces que éste propusiera una coalición. Tal como lo veían los capitalistas, se trataba de un partido comunista que había estado en guerra con el gobierno durante décadas y que había formado parte de la Comintern, fundada para derrocar al capitalismo. Nunca podrían confiar en un partido así.
El KMT capitalista, por su parte, estaba igualmente vinculado al imperialismo estadounidense, que se oponía implacablemente al comunismo. En menos de un año comenzó la guerra de Corea, en la que China, la URSS y Estados Unidos se enzarzaron en una lucha extremadamente violenta sobre si Corea seguiría siendo capitalista y permanecería dentro de la esfera de influencia estadounidense, o no.
Estos acontecimientos, que tenían una lógica objetiva y global, obligaron al nuevo régimen del PCCh a abandonar el programa de la «Nueva Democracia». Los capitalistas chinos se pusieron del lado de EEUU y de los reaccionarios en la guerra de Corea, con la esperanza de que una victoria suya asestaría también un golpe al nuevo régimen del PCCh dentro de China. Para apoyar a Corea del Norte en la guerra, el PCCh tenía aún menos margen para tolerar el sabotaje económico de los capitalistas dentro de sus fronteras.
El PCCh se escoró a la izquierda nacionalizando la mayor parte de la economía, como respuesta al hecho de que los capitalistas habían abandonado sus negocios o los estaban utilizando contra el nuevo régimen del PCCh. Podemos ver claramente cómo estas «contradicciones nacionales» con los imperialistas interactuaron con las contradicciones de clase fundamentales de la sociedad, y a su vez se resolvieron no puramente sobre una base nacional, sino mediante métodos de lucha de clases.
La expropiación de los capitalistas era, por supuesto, correcta. La cuestión es que los acontecimientos invalidaron por completo el método teórico expuesto en el ensayo de Mao. El curso de la revolución china falsifica la noción de que la clase dominante era capaz o estaba interesada en unirse con otras clases para luchar contra el imperialismo. La idea de Sobre la contradicción de la posibilidad y corrección de la colaboración de clases en los países coloniales formaba parte de una posición estalinista general en todo el mundo.
Si Mao y el PCCh hubieran llevado a cabo una evaluación abierta y exhaustiva del curso de la revolución, podrían haber corregido los importantes errores contenidos en Sobre la contradicción, y dotado a los comunistas de dentro y fuera de China de las herramientas necesarias para impulsar la revolución socialista mundial.
En cambio, el falso método propuesto por Mao en 1937 no sólo se defendió sino que se reforzó, lo que tuvo consecuencias desastrosas allí donde se aplicó esta política, como en Indonesia e Irán.
Leyendo hoy Sobre la contradicción, la pregunta que debemos hacernos no es «¿Derribó Mao al capitalismo?», sino «¿Podemos derrocar al capitalismo sobre esta base?». Y la experiencia de los últimos 70 años ha demostrado que no podemos.
Perspectiva burocrática
Los puntos de Mao sobre contradicciones particulares y soluciones particulares en Sobre la contradicción son una desviación unilateral y mecánica del materialismo dialéctico. Su efecto fue legitimar la miopía oportunista y un programa zigzagueante al subrayar que cada país, o cada etapa en un país dado, tiene sus propias contradicciones que requieren soluciones separadas, y que la lucha de clases puede ser abandonada por los comunistas.
Sobre la contradicción muestra una comprensión subjetiva y arbitraria de la historia. Superficialmente, Mao usa las palabras adecuadas para parecer un materialista dialéctico. Pero en realidad, Mao deja de lado todo esto y se limita a enumerar las diferentes fases históricas de China sin ninguna explicación de su lógica subyacente, su necesidad y sus contradicciones:
« En el período del primer frente único, el Kuomintang aplicaba las Tres Grandes Políticas de Sun Yat-sen: alianza con Rusia, alianza con el Partido Comunista y ayuda a los obreros y campesinos; por eso era revolucionario y vigoroso y constituía una alianza de diversas clases para la revolución democrática. En 1927, sin embargo, el Kuomintang se transformó en su reverso, en un bloque reaccionario de los terratenientes y de la gran burguesía. Después del Incidente de Sían en diciembre de 1936, comenzó a cambiar, orientándose a cesar la guerra civil y a cooperar con el Partido Comunista para luchar juntos contra el imperialismo japonés. Tales son las características del Kuomintang en estas tres etapas. Dichas características obedecen, por supuesto, a diversas causas».
La «variedad de causas» es la cuestión clave, pero Mao deja que el lector las descubra. Que un partido de masas pase, en cuestión de uno o dos años, de ser «revolucionario y vigoroso» a ser un «bloque reaccionario de los terratenientes y la gran burguesía» sería un hecho de enorme trascendencia histórica, y no algo hecho por capricho de un solo dirigente. Sin embargo, todo lo que Mao nos dice al respecto es que el Kuomintang cambió. Fue bueno, luego fue malo. Nos aliamos con él, luego fue nuestro enemigo. Esto sucedió por razones que no va a discutir.
La verdad es que Mao no quería atarse a una perspectiva teórica de la Revolución china, quería vender a su militancia una «dialéctica» vaga y escurridiza para tener más o menos vía libre para cambiar de posición, contradecir su posición anterior y aprovechar lo que se presentara en ese momento.
Lo que esto revela es el régimen burocrático que ya existía en el PCCh antes de la toma del poder, y que sólo se acentuó después de que el PCCh se convirtiera en el partido gobernante.
Hay que tener en cuenta que cuando Mao escribió Sobre la contradicción, el PCCh ya no tenía ninguna base en las ciudades. A pesar de haber sido fundado como un partido de la clase obrera urbana, había estado aislado en remotas comunas rurales desde 1928. Eso no formaba parte de ningún plan o teoría, sino que era el resultado de la caótica derrota de la revolución de 1925-7.
El PCCh fue traicionado -como predijo Trotsky- por el mismo líder en el que Stalin había insistido que debían depositar sus esperanzas para dirigir la revolución: Chiang Kai Shek. De 1926 a 1927, Chiang llevó a cabo una brutal contrarrevolución contra el PCCh y la clase obrera, masacrando a decenas de miles de obreros y comunistas.
Tan desastrosa fue la derrota, y tan equivocada fue la reacción del partido ante ella (gracias a las órdenes de Stalin), que los miembros del PCCh que no habían sido asesinados por la contrarrevolución se vieron obligados a huir a zonas remotas del campo.
En estas condiciones, el régimen del partido se adaptó a sus condiciones, convirtiéndose esencialmente en un ejército guerrillero campesino en contraposición a un partido bolchevique democrático-centralista. Los métodos burocráticos y verticalistas se hicieron así inevitables, porque la tarea de supervivencia militar cuando se estaba rodeado de tropas superiores del gobierno requería un liderazgo militar implacable y sin tiempo para la discusión. El ensayo de Mao refleja precisamente estos métodos.
Una dirección burocrática tiene necesariamente una visión miope y mecánica. Precisamente porque es burocrática, no ve a las masas como una fuerza independiente capaz de cambiar la sociedad por sí misma, y tiende a pensar que dando órdenes desde arriba consigue resultados independientemente de los intereses y la dinámica de las clases en cuestión. Piensa que puede llegar al poder simplemente mediante acuerdos con dirigentes de otros partidos, y olvida que esto puede alienar y desmoralizar a la clase obrera.
De hecho, no quiere una verdadera participación democrática de masas, no quiere miembros con un alto nivel de comprensión política que puedan pensar por sí mismos. No se fortalece mediante el debate y la comprensión de las bases, así que en lugar de operar mediante la argumentación política, la persuasión y la inspiración, opera emitiendo órdenes. Se mantiene en su sitio maniobrando, enfrentando a diferentes facciones entre sí.
De ahí la visión subjetiva de Mao. Se inclinaba a verse a sí mismo como un administrador omnisciente, para quien las contradicciones pueden controlarse a través de las decisiones que toma el factor subjetivo (es decir, el partido). El partido determina cuáles son las contradicciones principales y cuáles las secundarias, y el partido decide (no analiza) qué solución corresponde a qué contradicción, independientemente de los procesos materiales en juego.
Años más tarde, Mao popularizaría la frase «El Partido lo dirige todo», frase que sigue siendo muy enfatizada por Xi Jinping en la actualidad.
Las implicaciones prácticas de este planteamiento pueden verse en 1957, cuando Mao publicó otro artículo, «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo», en el que prescribía un conjunto de resoluciones ya preparadas para diversos conflictos que se producían en la sociedad china tras la toma del poder por el PCCh. Basándose en esto, se encargó a la burocracia del partido que «determinara» la naturaleza de cada conflicto que se les presentara y prescribiera una solución de acuerdo con las directrices de Mao.
Este enfoque extremadamente formalista, prescriptivo y verticalista no pretendía resolver realmente los problemas de las masas, ni mucho menos comprender sus causas materiales, sino simplemente ponerlas bajo el férreo control del partido eliminando cualquier amenaza al dominio de la burocracia.
La necesidad del materialismo dialéctico
El libro de cocina esquemático de Sobre la contradicción para «resolver» las contradicciones hace un flaco favor a la tarea de educar a los comunistas de todo el mundo. La aparente simplicidad de las formulaciones de Mao puede parecer más fácil de entender, pero no ofrecen una guía útil para comprender la dinámica real y subyacente de la lucha de clases, la guerra y la revolución. De hecho, son positivamente perjudiciales.
Una y otra vez, se ha recurrido a las ideas contenidas en Sobre la contradicción para justificar ideas fundamentalmente estalinistas, no marxistas, de colaboración de clases. Por mucho que Sobre la contradicción despotrique contra el «dogmatismo», todo su contenido defiende el dogma estalinista de buscar una burguesía nacional «progresista» y «patriótica» a la que someter a los comunistas, obreros y campesinos. Se trata, en efecto, de un dogma, es decir, una posición que se defiende como verdadera independientemente de las pruebas de la propia historia de China.
Mao no previó el curso real de la revolución china, pero los estalinistas nunca han previsto nada. De eso trata precisamente Sobre la contradicción: no es una explicación de la lógica real de la revolución china, sino una tapadera para las necesidades cambiantes de la burocracia del PCCh.
El verdadero objetivo del materialismo dialéctico consiste en proporcionarnos una auténtica comprensión de los procesos que están teniendo lugar, de modo que la lucha de clases no nos tome por sorpresa, ni nos dejemos intimidar por tendencias temporales. Nos enseña a partir de las contradicciones fundamentales de la sociedad capitalista, para que podamos ver cómo las condiciones actuales se convertirán en sus opuestas: los auges se convertirán en caídas, y las alianzas políticas y los estados de ánimo darán paso a escisiones y crisis.
En el poder, Mao realizó constantemente dramáticos zigzags. Pasó de intentar crear una autarquía y asegurar la completa independencia de China, a abandonarla rápidamente después de que provocara hambrunas y muertes masivas. Pasó de despotricar contra el imperialismo estadounidense durante años a reunirse con Nixon en 1972 para contrarrestar a la URSS. Todos estas dramáticas piruetas se hicieron para asegurar el dominio del PCCh en el futuro inmediato, ciego ante la verdad fundamental de que no se puede construir el socialismo en un solo país y sin democracia obrera.
En otras palabras, el desprecio de Mao por los procesos dialécticos objetivos, su incapacidad para apreciar las contradicciones reales de la sociedad, condujeron a una falta de previsión y a consecuencias totalmente imprevisibles de sus acciones. Una razón importante por la cual China hoy esuna economía capitalista.
Irónicamente, el vago discurso de Sobre la contradicción de rechazar el «dogma», estudiar las cosas concretamente y aceptar que las contradicciones cambian, sigue siendo una tapadera útil para esta traición de la economía planificada por parte de la burocracia china. Cada vez que traicionan sus posiciones anteriores, por ejemplo avanzando hacia el capitalismo, pueden decir: «como dijo Mao, las contradicciones y sus soluciones cambian. No debemos ser dogmáticos». Por eso, a día de hoy, el PCCh sigue saludando este texto como un logro importante.
Por lo tanto, los comunistas tienen el deber de estudiar cuidadosamente la teoría marxista, sobre todo el materialismo dialéctico, y aprender a distinguirla de las caricaturas revisionistas del estalinismo y el maoísmo. En una época en la que una revolución socialista mundial exitosa es más urgente que nunca, no podemos permitirnos las derrotas que las ideas estalinistas nos garantizan.
